Foto: Elisa Valerio, Leandro Gómez, Natalia de León, Verónika Beyhaut y Daniel Benoit (Cortesía de Magdi Molnar)
Montevideo, Uruguay.
Una muestra poética e inmersiva que explora el cuerpo, la identidad y el retorno a los esencial.
En una sala alternativa y muy apropiada para la ocasión, se está llevando a cabo desde el pasado 25 de julio, la primera exposición en Uruguay de Verónika Beyahut.
Una sala con historia para un exposición sin fronteras
Para ello la artista ha ocupado una sala de tenor cinematográfico dentro de las inmediaciones del Palacio Salvo lo que indudablemente aporta también una carga histórica la que se complementa con el aire y suspenso acorde a la muestra.
La artista nacida en Montevideo en 1974 ha vivido desde sus 10 años en el exterior y desde hace tres que se regresó a su país donde reside entre Laguna Garzón y Montevideo.
Esta muestra titulada “No Borders”, la cual ha sido expuesta con anterioridad en dos ocasiones en galerías de arte en el exterior, comenzó a gestarse en las playas de la Isla de Elba en el mar Tirreno ubicada entre Italia y la isla de Córcega, la que fuera reconocida a partir del exilio que llevó a cabo el emperador Napoleón I.
Un regreso a Uruguay y al origen
Allí en un recorrido por sus costas Verónika estableció un vínculo entre su cuerpo y las rocas ancestrales de la isla. A partir de ese momento, la artista viene transitando un proceso de indagación personal que trasciende lo físico para merodear en diferentes dimensiones del propio cuerpo en tanto también espíritu y alma.
Para dar cabida a su muestra Beyhaut se ha valido de diversos soportes artísticos como fotografía, video, instalación incluyendo sonido ambiental.
Lenguaje inmersivo: luz, sombras y sonido
A la muestra se accede luego de ascender una escalera de época la cual es la antesala para nuestro vínculo con la propuesta. El piso con cerámicas antiguas también propicia un ambiente muy cinematográfico que acompaña el espíritu de la muestra.
La oscuridad y el sonido tanto ambiental como el emergente de los videos regulan el pausado paso de quien se aproxima.
Desde que el asistente se enfrenta a la obra sus pulsaciones se acompasan al lugar.
La muestra que hace alusión a la destrucción de fronteras que en varias opciones nos imponemos y nos imponen, es una búsqueda personal que la artista viene llevando a cabo invitando al espectador a introducirse en la propia.
Allí la artista transita entre el tiempo circular de la vida y la identidad propia que también es la nuestra.
En forma paulatina nos vamos acercando para reconocer los objetos, las formas así como el vaivén pautado por el tiempo de la instalación.
Hay objetos que implican un acercamiento mas intimista donde se debe de afilar la mirada y también hay otros que deben de ser auscultados a partir del uso de una lupa.
Sombras que nos igualan
Un aspecto fundamental para su obra de carácter inmersivo está compuesto tanto por las luces así como por las sombras proyectadas plasmadas en algunas fotografías así como las generadas por los objetos y también por los espectadores.
Las sombras son sinónimos de existencia y dentro de un planeta tan fragmentado las mismas no discriminan ni género ni color de piel lo que proyecta una lectura universal.
Una orilla simbólica compuesta por hallazgos y memoria
Al final del recorrido se llega a una orilla colmada de varios objetos entre fósiles y elementos que el mar regurgita, los que dan cuenta de un estado anímico, de un encuentro el que está pautado por el sonido acústico de la playa y el arrullar de las olas indicadoras de que hemos llegado a destino.
Cruzar las fronteras del yo
Sin lugar a dudas se trata de una muestra de carácter intimista y poética donde Verónika se ha valido de elementos físicos que conducen a un encuentro espiritual y que le permiten plasmar su retórica literal y poética.
Esta muestra se engloba dentro de la categoría de aspectos artísticos que abordan temas inherentes al migrante, a los distintos territorios tanto físicos, personales como dimensionales que habitamos, así como la necesidad, como es el caso de Beyhaut, de regresar al útero materno para reconocerse asimismo.
Verónika Beyhaut es politóloga, activista ambiental a la que vez se desempeña como actriz, aspectos claramente reconocibles en el espíritu de su muestra.
Una curaduría en espejo
El hecho de que esta muestra esté siendo currada por Natalia de León es un gran acierto pues también ella en su faceta artística busca allanarse asimismo a través del soporte fotográfico en el cual en varias ocasiones las fotografías se encuentran veladas como la memoria misma.
“No Borders” se podrá visitar hasta el Lunes 4 de agosto.
Horario de visita: lunes a viernes de 9 a 18 hs y los sábados de 9 a 14 hs
Palacio Salvo, Av 18 de Julio 841.
Foto de Natalia de León + Verónika Beyhaut : cortesia de Mario Cattivelli
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