Tres bordados del norte de Vietnam

Lenguaje, territorio y decisión

Las tres piezas que conforman este conjunto las adquirí en Hanoi, pero su origen está lejos del ruido urbano. Provienen de las regiones montañosas del norte de Vietnam, donde distintas comunidades étnicas —Hmong, Dao y Tày/Nùng— han desarrollado, durante siglos, un sistema de bordado que funciona como archivo visual, código espiritual y marca de identidad.

No se trata de artesanía decorativa. Cada una de estas piezas es un fragmento de pensamiento.

Vayamos una a una:

I. El cuadrado de espirales cruzadas

Origen: Hmong
Técnica: bordado manual sobre algodón teñido, punto relleno y cadeneta
Paleta: ocre, amarillo solar, fondo terroso

La espiral es uno de los signos centrales del universo simbólico hmong. Representa el ciclo vital, el movimiento perpetuo, la continuidad entre generaciones y mundos. No es ornamento, es cosmología algo que a mí personalmente me atrapa.

La estructura en cruz no remite a lo religioso occidental. Marca los cuatro puntos cardinales, el equilibrio entre fuerzas opuestas y complementarias. Es un diagrama del orden del mundo: todo gira, pero todo tiene eje.

Esta pieza funciona como mapa del universo. Una afirmación visual de que la vida no es lineal, sino retorno.

II. El rectángulo laberíntico

Origen: Dao (Yao)
Técnica: bordado geométrico continuo
Paleta: rosa apagado, negro, verdes y amarillos contenidos

El motivo laberíntico es característico de la cultura Dao. Su función original es doble: narrar el camino de la vida y confundir a los espíritus malignos, que se pierden en el recorrido interminable del diseño, algo muy presente en la cultura milenaria china.

Aquí no hay centro ni destino visible. Hay tránsito. El patrón avanza, se repliega, insiste. Bordar este motivo implicaba conocimiento, paciencia y dominio del ritmo: quien lo ejecuta demuestra estar preparado para atravesar la complejidad del mundo.

Es la pieza más humana del conjunto. Habla del error, de la insistencia, del tiempo como experiencia.

III. La composición en forma de “T”

Origen: Tày o Nùng
Técnica: bordado estructural con motivos florales
Paleta: negros, grises, blancos y acentos metálicos

Más sobria, más arquitectónica, esta pieza remite directamente a la casa tradicional sobre pilotes típica de estas comunidades. La forma en “T” no es abstracta: es estructura habitada.

Los motivos florales de cuatro pétalos simbolizan prosperidad, continuidad familiar y estabilidad. Aquí el bordado deja de ser tránsito o cosmología para volverse territorio.

Es una imagen de asentamiento, de pertenencia. El lugar donde la historia se conserva y se transmite.

El gesto de reunirlas

No fue una elección casual ni estética. Las vi y sentí la necesidad de crear un vínculo entre las tres.

Al reunir estas tres piezas entendí que juntas construían un relato completo:

  1. El mundo y su orden
  2. El camino y su complejidad
  3. El hogar y la permanencia

Cosmos, recorrido y refugio

Más que una colección, el conjunto funciona como una biografía simbólica. Un relato que no necesita palabras, pero que exige atención. No las elegí por su exotismo, sino por su capacidad de pensar visualmente.
El arte geométrico tiene la función y capacidad de trasladarnos a otras dimensiones.

Reunirlas fue una decisión consciente: permitir que dialoguen, que se expliquen entre sí y que, juntas, recuerden algo esencial —que antes de ser objetos, fueron lenguaje.


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