Tārā Blanca – La serenidad que sabe defenderse
Esta figura que traje de Katmandú no es solo un objeto: es Tārā Blanca (Sitatārā), una de las manifestaciones más queridas del budismo vajrayāna.
La diosa de la longevidad, la sanación y la protección suave pero implacable.
En Nepal, especialmente en los talleres Newar de Patan y Bhaktapur, su imagen se trabaja siguiendo cánones que equilibran belleza, calma y poder. Y sí, se nota.
Tārā Blanca es la Bodhisattva que actúa cuando la compasión necesita precisión.
No grita, no impone: despeja el camino, diluye el miedo, abre espacio donde parecía no haberlo.
Su mito nace de una lágrima de Avalokiteśvara que cayó a la tierra y se transformó en un lago y de ese loto emergente nació ella.
Se trata de una deidad que escucha el mundo sin perder la calma.
Todo en esta escultura confirma su identidad:
*Los lotos (utpala): uno más cerrado, otro en plena floración. El tránsito entre lo que puede ser y lo que ya es.
*Postura vajrasana: estabilidad plena; no hay tensión, pero tampoco pasividad.
*Varada mudra (mano derecha hacia abajo): gesto de otorgar protección y remover obstáculos.
*Vitarka mudra (mano izquierda): enseñanza, claridad, pensamiento afinado.
*Corona de cinco puntas con turquesas y coral: referencia a los Cinco Dhyani Buddhas.
*Rostro alargado, ojos semicerrados: pureza del estilo Newar, serenidad activa.
*Joyería fina y telas ondulantes: energía en reposo; la divinidad no necesita moverse para imponerse.
*Base de doble loto y makaras: plataforma de iluminación y guardianes expulsando negatividad.
*Proporciones juveniles y levemente inclinadas: cercanía, no distancia.
En fin, es una pieza hecha para ocupar un altar, físico o mental.
La encontré en Katmandú, pero da la impresión de que fue ella la que me encontró a mí.
Llegué al local seducido por un mantra budista que se oía desde lejos: “Om mani padme hum» que significa literalmente «la joya en el loto» y se traduce como «Alabanza a la joya en el loto» algo así como que la riqueza radica en tu corazón.
Su rostro inclinado —entre ternura y advertencia— te dice: “respirá, pero mantené el pulso firme”.
Los dos lotos hablan en tiempos distintos: el que ya floreció y el que está a punto de hacerlo.
Una pequeña lección de paciencia y urgencia.
La traje porque me recordó algo simple: la serenidad también es una
virtud que necesito.
También salí de allí con el CD de Tibetan Encantantions.
A veces, la fuerza no es rugido; es sentarse, mirar fijo y dejar que el mundo aterrice solo.


