Montevideo, Uruguay.
Un canto visual a la naturaleza que se perdió en el ruido.
Entre el 20 de marzo pasado y el 26 de julio se llevó a cabo una muestra de Sebastián Sáez en el Museo Zorrilla.
La propuesta fue presentada en 2024 frente a quien fuera en ese momento la directora de dicho museo, Fátima Rodríguez, razón por la cual la muestra contó con un prólogo suyo.
La exposición titulada “Medianoche en el bañado” es el resultado de la conmemoración de la ultima década en que el artista le ha venido dedicando atención al paisaje.
Con anterioridad Sebastián Sáez (Montevideo, 1974) creaba obras figurativas plasmando retratos sobre lienzos y también sobre papeles de embalaje, aspecto que aportaba una fugacidad complementaria en sintonía con el tenor de sus personajes retratados de forma informal y dentro de un estilo pop, haciendo uso de pintura acrílica.
Con posterioridad a esa serie y utilizando óleo, Sáez comienza a plasmar fondos animados en su retratos recreando ambientes alegóricos en los cuales evocaba estilos de pintores fauvistas o pertenecientes al realismo mágico, siempre dentro de un marco naif.
Algunos de estos retratos eran por cierto provocadores, haciendo uso de desnudos o recurriendo a poses eróticas los que en algunos casos confrontaba con imágenes sacras o retratos de indígenas.
Estos retratos se ocupaban de no perder el eje central de la obra que recaía sobre el personaje, el que a diferencia de los plasmados sobre los papeles de embalaje, siempre fueron pintados de cuerpo entero.
También varios de esos marcos escenográficos muy ricos en información eran usados por el artista a modo de fondo decorativo dotándolos en algunos casos con componentes exóticos complementando el aire sensual del retratado.
Seguramente que allí, en esa búsqueda, Sáez comenzó a dejarse seducir por la naturaleza, estilo que luego lo hará suyo.
Del retrato informal al compromiso con la naturaleza
Interesado en ahondar los escenarios que Dante Alighieri recorre en la Divina Comedia, en 2013 Sáez lleva a cabo un viaje que realiza expresamente para ver in situ la selva tanto de Perú como de Colombia.
Pero el catalizador que le lleva a comprometerse con la naturaleza ocurre en 2016 cuando el artista viaja a Brasil para consustanciarse con los desastres acaecidos a raíz de un accidente en un dique en Bento Rodrigues producto del mal accionar de una minera la cual provocó una enorme contaminación a partir de los deshechos tóxicos generados a raíz de la extracción de hierro.
Esa imagen tan devastadora le llevó a comprometerse con la naturaleza en defensa de la misma.
Desde ese momento se solidarizó adoptando una postura de protección hacia la naturaleza y desde entonces ha encontrado un aliado que le ha permitido plasmar durante estos últimos diez años de su carrera.
Vibración, sonido y poesía visual
En estas pinturas muy vibracionistas y con colores estridentes, en el buen sentido de la palabra pues generan sonidos, y también resplandecientes, Sáez ha dado visibilidad a situaciones acuciantes de la naturaleza que plasma de una forma muy poética con destellos surrealistas.
De lejos pueden ser entendidas como pinturas abstractas hasta tanto nos vamos acercando momento en el cual comenzamos a descubrir detalles que el artista toma de los ámbitos naturales colmados de plantas, agua y animales.
El paisaje como protagonista: un giro comprometido
Estas obras tienen un componente auditivo pues de las mismas pareciera emerger sonidos provenientes de esos escenarios naturales donde el artista es sorprendido a la vez que se deja sobrecoger por las diferentes manifestaciones tanto de la flora como de la fauna.
Sus pinturas nocturnas contienen luminosidad propia de ciertos animales y también de plantas que se valen de la fluorescencia, todo lo que influye en una sonoridad en el espectador quien acompaña su recorrido visual escuchando dentro de su mente sonidos naturales que recordamos de nuestros vínculos con la naturaleza.
Sin lugar a dudas esta nueva serie lo ha posicionado a Sáez dentro de la tendencia mundial donde se alinean ciertos artistas que a partir de sus obras denuncian los desastres de la naturaleza producto de la malversación de la misma en manos de seres humanos ocupados exclusivamente en fines comerciales.
Una propuesta prometedora, malograda por su ejecución
Para esta muestra el artista de la mano de su curadora Verónica Cordeiro (São Paulo, 1974), ha seleccionado diez obras para la sala central que el Museo Zorrilla destina para sus muestras temporales.
Mas allá de las espectaculares obras, en esta ocasión se ha priorizado la cantidad malogrando el resultado de la muestra.
La sala fue recargada de manera muy abrumadora perdiendo el efecto que se podría haber logrado en sintonía con el tenor de las obras tan musicales y poéticas.
Hay pinturas que rozan mas la esencia abstracta, que podrían haberse obviado, las que se distancian de otras donde Sáez crea ambientes vivos de la naturaleza, foco neurálgico de la muestra.
Errores recurrentes: forzar las obras a la sala
Una vez mas se ha aplicado el método de adaptar las obras a la sala cuando debería de ser al revés: adaptar la sala a las obras, sin tener la necesidad de colgar en todas las paredes.
Una muestra que podría haber propiciado un estado subliminal elevando al espectador para trasladarlo a los ambientes que a Sáez lo inspiran y pretende llevarnos, se termina convirtiendo en una muestra de carácter pedagógico donde el foco de la provocación es sustituido por la información. “Todo esto es lo que el artista sabe hacer”, parecería ser la consigna de la muestra.
Da la sensación que se ha pretendido exponer todo lo que el artista ha estado haciendo en estos 10 últimos años cuando hubiera sido mas eficaz transmitir simplemente la naturaleza intrínseca de su poética.
Tal vez tan solo la presencia de tres o cuatro obras juntas creando un ámbito envolvente acompañados de una sonoridad acústica hubieran resultado mas eficaces.
El soporte de la pintura nunca sucumbirá pero hay que adaptarlo a las nuevas formas que el arte contemporáneo impone buscando una estrecha relación con el espectador el cual también cumple con un rol creativo a la hora de vincularse con la propuesta.
La libertad creativa en cuestión
Por otro lado, mas allá de que el Museo Zorrilla siempre condicione a que exista un vínculo entre Juan Zorrilla y su familia y su obra con la muestra, la presencia de la pintura de Juan Zorrilla “Paisaje de Salta”, de 1911, así como la edición del libro “Tabaré” de 1888 de Juan Zorrilla, irrumpen en forma discordante con el discurso narrativo de las obras de Sáez y hasta distorsionan el propósito de la misma.
Se podría haber colocado fuera d ella sala o simplemente haber sido citado en el texto y eso hubiera sido suficiente, mas allá de que tampoco es correcto que cada exhibición que es llevada a cabo allí se le exija tener un vínculo con los Zorrilla.
Ese aspecto condiciona la creatividad de los artistas y debería de quitarse de forma definitiva de las bases de cualquier muestra llevada a cabo allí.
La decisión atenta contra la libertad creativa y deberían de definir claramente el concepto que pretenden al ofrecer la sala para albergar obras de artistas mucho mas aun cuando se trata de artistas contemporáneos.
Cabe destacar que la muestra ha sido acompañada por un excelente e ilustrativo catálogo.
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