Sebastián Gordin

Manantiales, Maldonado.

Sebastián Gordin en Xippas: cuando la miniatura contiene el desastre

En una sala exterior de Xippas, y nuevamente bajo la curaduría de Manuel Neves, se presenta “Notas al Oído”, primera exposición individual en Uruguay del artista argentino Sebastián Gordin (1969).

La muestra funciona como una antología concentrada: obras realizadas entre 2023 y 2025, tres esculturas y una serie de marqueterías planas que evocan —sin nostalgia, sin cita literal— tapas de discos de vinilo. Todo parece discreto. Nada lo es.

Constructor antes que narrador

Figura clave de la escena argentina surgida a fines de los ochenta y consolidada en la generación de los noventa, Gordin inició su recorrido en el cómic underground. Desde entonces, su obra pasó por la pintura, la instalación, el objeto inclasificable, la escultura, la performance y el video.

Vista en perspectiva, parece una colección alucinada: piezas rescatadas de un gabinete de curiosidades del siglo XX o de un museo imposible.

Gordin se define como constructor. Y conviene creerle.
Primero levanta una historia —o una anécdota— y luego la deja inconclusa. El detalle entra en escena como herramienta narrativa: pistas, indicios, restos.
El espectador completa el guion. Como en una escena del crimen: nada se explica, todo se sugiere.

Escala mínima, efectos máximos

La reducción de escala no es capricho: es método. Con economía de medios, Gordin convoca dimensiones desmesuradas del horror, el humor o el melodrama.
Esto se vuelve evidente en sus revistas pulp en marquetería: solo vemos la portada. No se pueden abrir. El relato queda suspendido, listo para estallar en la cabeza del espectador.

Cuando abandona lo fantástico explícito, el artista se mete con la historia del arte misma.

Sus museos en miniatura —como el Museum of Zombie Art (MOZA) o el Centro Cultural de la Mesa— son juegos de cajas chinas donde Gordin es artista y viajero del tiempo a la vez. Tapices medievales, abstracciones contemporáneas, todo cabe. Todo es falso. Todo funciona.

Un desvío que no lo es

En trabajos recientes, el artista explora la abstracción a partir de chapas de madera. Parecen ajenos a su imaginario habitual, pero no lo son: podrían pertenecer perfectamente a esos museos imaginarios que él mismo inventó.
Obras firmadas por un alter ego, destinadas a una colección inexistente pero perfectamente plausible.

Cierre sin rodeos:
“Notas al Oído” confirma que Gordin no cuenta historias: las arma y se retira.

Deja el mecanismo andando. Y en ese gesto —irónico, preciso, quirúrgico— demuestra que, a veces, el formato más pequeño es el que mejor aloja las ficciones más grandes.


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