“Salvar o fogo” de Itamar Vieira Junior

Un descubrimiento literario en Minas Gerais

Me gusta leer literatura de artistas y escritores contemporáneos de cada país o región que visito. En esta oportunidad, durante un viaje por Minas Gerais, me propuse encontrar alguna novela de algún autor brasileño actual.

Antes de partir desde Montevideo no había logrado conseguir ningún título, por lo que la búsqueda quedó pendiente hasta llegar a Brasil.

Fue en una librería de São João del Rei donde, con la ayuda de un librero, llegué a “Salvar o fogo”, de Itamar Vieira Junior (Salvador de Bahía, 1969), uno de los escritores brasileños más destacados de la actualidad, reconocido con importantes premios nacionales e internacionales.

Dos aspectos también fueron determinantes a la hora de su elección: el hecho de que el escritor era doctor en estudios étnicos y africanos y que el libro contaba con una nota de Ailton Krenak.

“Salvar o fogo” es la segunda novela de Vieira Junior, publicada en 2023 por Editora Todavia. Integra la denominada Trilogía de la Tierra, iniciada con Torto Arado y concluida con Coração sem Medo.
La obra obtuvo el prestigioso Premio Jabuti en 2024, consolidando la trayectoria del autor.

La historia transcurre en Tapera do Paraguaçu, un pequeño poblado rural a orillas del río Paraguaçu, en el interior de Bahía.
Allí conviven agricultores, alfareros y pescadores indígenas tupinambás, sometidos desde hace siglos al dominio de la Iglesia Católica, propietaria del monasterio construido en el siglo XVII y de las tierras que los habitantes trabajan a cambio de un tributo que perpetúa una relación de dependencia.

La novela reconstruye los dolores, los silencios y los traumas de la familia de Alzira y Mundinho mediante múltiples voces narrativas. Entre ellas sobresale una de sus hijas llamada Luzia, mujer marcada por una joroba y estigmatizada por el pueblo como bruja, alrededor de quien la tradición asegura que el fuego aparece donde ella pasa. Trabaja como lavandera en el monasterio y mantiene una intensa relación con la espiritualidad ancestral.

Junto a ella aparece Moisés, su “hermano menor”, quien encuentra en Luzia el afecto que le falta tras la muerte de su madre. Enviado al monasterio para estudiar, descubre allí no solo la lectura y la escritura como posibilidad de ascenso, sino también la violencia y los mecanismos de opresión institucional donde el abuso a menores es un tema recurrente.

Tapera do Paraguaçu no es únicamente el espacio donde transcurre la acción, es memoria, identidad, pertenencia y también objeto de disputa entre quienes la trabajan y quienes ejercen el poder sobre ella.

Vieira Junior expone con notable sensibilidad las heridas abiertas por la colonización y la esclavitud. La Iglesia aparece en una permanente ambigüedad siendo refugio espiritual para algunos y, al mismo tiempo, instrumento de sometimiento y aniquilación cultural para otros.

En ese contexto, el fuego adquiere múltiples significados pues destruye, purifica, conserva la memoria ancestral y simboliza la resistencia de quienes han sido históricamente despojados.

El desarrollo de esta historia, profundamente agobiante por momentos, permite comprender el peso de una colonización implacable y la tragedia de los pueblos indigenas y africanos esclavizados que fueron llevados a Brasil. Más allá del drama familiar, la novela se convierte en una reflexión sobre las estructuras de poder que continúan proyectando sus consecuencias hasta el presente.

Por la amplitud de su construcción narrativa y por la manera en que varias generaciones de una familia condensan la historia de un pueblo, la novela inevitablemente recuerda a “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez.
En algunos pasajes, donde la realidad se mezcla con lo mítico y lo espectral, también resuenan ecos de “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo, a quien de hecho el escritor homenajea en un epígrafe, aunque Viera Junior desarrolla una voz propia, profundamente arraigada en la historia y la cultura del nordeste brasileño.

Terminé la lectura con la satisfacción de haber encontrado mucho más que un buen libro. Descubrí a uno de los grandes narradores brasileños contemporáneos, cuya obra dialoga con la historia, la memoria y las profundas desigualdades de América Latina.

Arte y literatura de la mano

En “Salvar o fogo” también resuena la historia contemporánea del pueblo Tupinambá. Parte de la construcción simbólica de la novela encuentra inspiración en la trayectoria de la artista, investigadora y lideresa indígena Glicéria Tupinambá, cuya labor ha sido decisiva en la recuperación de la memoria material y espiritual de su pueblo, particularmente a través del estudio y la reconstrucción del manto tupinambá, uno de los grandes símbolos de la resistencia indígena brasileña.

La propia vida de Glicéria da cuenta de la violencia histórica que atraviesa a los pueblos originarios de Brasil. Fue encarcelada en 2010 y forma parte de una comunidad que durante siglos vivió la paradoja de ser extranjera en su propio Hãhãw, el territorio ancestral Tupinambá.
Sus líderes fueron criminalizados, perseguidos, desaparecidos y despojados de gran parte de su patrimonio cultural.
Paradójicamente, el Estado brasileño llegó a considerar extinguido al pueblo Tupinambá hasta 2001, cuando finalmente reconoció que nunca había desaparecido y que continuaba luchando por la recuperación de sus tierras y de su identidad cultural.

En la 60ª Bienal de Venecia en 2024, Glicéria Tupinambá presentó un manto inspirado en una pieza original confeccionada por su pueblo en el siglo XVIII, una de las escasas supervivientes de esta tradición ceremonial.
Ese manto histórico, preservado durante siglos fuera de Brasil, forma parte de la colección del Museo Quai Branly–Jacques Chirac de París.

La recreación realizada por la artista no constituye una simple réplica, sino un acto de recuperación de la memoria, de reafirmación cultural y de restitución simbólica de un patrimonio que la colonización había arrancado de su territorio y de su comunidad.

Ese proceso de reparación histórica también encontró una poderosa expresión en la exposición Ka’a Pûera: somos pájaros que caminan, presentada en la Bienal de Venecia curada por Adriano Pedrosa, donde la memoria, el territorio y la resistencia de las comunidades indígenas brasileñas dialogaron con uno de los ejes centrales de la muestra internacional.

Comprender este contexto permite apreciar con mayor profundidad la dimensión política y poética de la novela de Itamar Vieira Junior, en la que el territorio, los cuerpos, los objetos y la memoria se convierten en formas de resistencia frente a siglos de colonización y violencia.

Sin duda, fue una de las mejores elecciones literarias que me regaló este viaje por Minas Gerais.


Publicado

en

por