SACO: una bienal nacida del desierto y hecha para la intemperie

Montevideo, Uruguay.

Hoy, en el Espacio de Arte Contemporáneo (EAC), Dagmara Wyskiel, Doctora en Artes Visuales de la Universidad de Bellas Artes de Cracovia, Polonia, presidenta y cofundadora del Colectivo SE VENDE Plataforma Móvil de Arte Contemporáneo (2004) y directora y fundadora de la Bienal SACO, ofreció una disertación que fue, más que una presentación, un manifiesto: el arte contemporáneo puede gestarse en el lugar más árido del planeta y sobrevivir sin pertenecerle a nadie.

SACO nació como una Semana de Arte Contemporáneo y terminó convirtiéndose —tras más de quince años de trabajo— en una bienal que ocupa tres meses y un territorio conceptual único: el desierto de Atacama, la zona más seca del mundo, capital minera, reserva planetaria de litio y uno de los polos astronómicos más importantes del planeta.
Es decir: un territorio perfecto para pensar el Antropoceno con crudeza y sin anestesia.

Dagmara Wyskiel: una fundadora que piensa desde la intemperie

Polaca de origen, chilena por adopción y artista visual de formación, Wyskiel apostó por crear una plataforma que no imita los modelos tradicionales de bienales, sino que los desarma.

Su foco no está en el objeto ni en la circulación mercantil del arte, sino en el artista presente, encarnado, trabajando in situ, enfrentado al territorio, al viento, al sol y al silencio.

SACO parte de una idea tan simple como radical:
el artista importa más que la obra. Lo que vale es la experiencia, no el objeto.

Un laboratorio en el desierto

Desde 2020 SACO se institucionalizó como bienal, pero su ADN permanece intacto: las obras deben gestarse en el lugar, como consecuencia del vínculo directo entre el artista y el entorno.

SACO funciona como un germinador, donde las residencias son la base. Algunas piezas creadas en esas residencias terminan participando en la bienal siguiente.
Esta manifestación no traslada obras ni paga aduanas así como tampoco nada regresa a la procedencia del artista.

El arte es temporal e irrepetible

Después de los tres meses de exhibición, los materiales se reutilizan o las obras se donan a escuelas, instituciones o espacios públicos de la región.

En tiempos donde muchas obras de grandes bienales internacionales que trabajan a favor de la ecología y re utilización de los materiales —incluida Venecia— terminan convertidas en basura monumental, SACO se planta con una ética feroz: no contribuir al basural global disfrazado de arte.

Un desierto que no es paisaje: es concepto

Atacama no es solo escenario: es un arma conceptual.
Su aridez extrema, su condición minera, sus cielos privilegiados para la astronomía y sus zonas límite —como Quillagua, considerado el punto más seco y más árido del planeta— generan un espacio crítico donde se cruzan geología, ciencia, política, ecología y memoria.

Aquí el territorio no acompaña la obra: la determina. El viento pule, la sal corroe, el sol decide qué sobrevive. Ningún artista sale indemne.

SACO y el público: una relación que evita la cátedra

Wyskiel no cree en escuelas de formación rígidas. SACO no dicta teoría, no canoniza, no encierra.

Trabaja bajo el concepto de una “escuela neoliberal” entendida en su acepción más cruda: la del individuo que aprende desde la iniciativa, la práctica y el error, sin instituciones que lo amparen.

La bienal no termina cuando se desmontan las obras: continúa mediante plataformas digitales como Paseo Interestelar, una experiencia en 3D que permite recorrer espacios y piezas desde donde uno esté.

El proyecto más ambicioso hoy es la formación en micro-curadurías, una respuesta a la falta de propuestas formativas en Latinoamérica, sobre todo en lugares sin archivos ni museos donde practicar.
La propuesta se extiende de abril a octubre, con modalidad virtual y dos presencias semanales.

Participación uruguaya

Uruguay ha tenido una presencia en SACO con artistas como: Fernando Foglino, Fernando Sicco, Valentina Cardellino, Jacqueline Lacasa, Alejandro Turrel y Ana Agorio.

Los participaciones de esta bienal atípica dialogan con la lógica de obra-proceso que la bienal exige: trabajo territorial, arte efímero y reflexión crítica sobre materialidad y contexto.

Una pena que tratándose de una propuesta tan innovadora y oportuna el EAC no haya llevado a cabo una difusión acorde donde ni siquiera esta charla fue anunciada en sus redes mucho menos ha enviado invitaciones a la comunidad.

Esto conllevó a la presencia de muy poquitos artistas donde no vi más de cinco amén de los estudiantes de la facultad de arte de Udelar ya que esta presentación estuvo enmarcada en un proyecto pedagógico que Wyskiel realizó este año con el equipo docente y estudiantes del Nivel 2 del seminario 3 de las estéticas a cargo de la Profesora de la Facultad de Artes Adjunta María José Apezteguía.

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