Paulette Soubervielle

Montevideo, Uruguay.

En la noche de ayer, Z Art Lab, bajo la dirección de Darío Invernizzi, conquistó un nuevo espacio para hacer circular sus propuestas de arte.

Esta vez, el espléndido showroom de BMW Uruguay en su sala Magna Haus se convirtió en anfitrión de “Tramas Cromáticas”, una selección de cinco obras de gran formato de la artista uruguaya Paulette Souberbielle, desplegadas entre automóviles de alta gama.

El cruce, por cierto, no pasó inadvertido. Pintura y diseño industrial compartieron un escenario poco habitual, generando un diálogo que también permitió acercar la obra a un público diferente del que frecuenta galerías, museos y otros ámbitos tradicionales del arte.

Nacida en Montevideo en 1973, Souberbielle inició su acercamiento a la pintura en el taller de Coco Doldán, donde encontró un espacio de libertad que terminó convirtiéndose en motor de su práctica. Posteriormente realizó una residencia bajo la orientación de Invernizzi, profundizando un camino que hoy desemboca en esta presentación.

“Tramas Cromáticas” reúne cinco grandes lienzos en los que la artista trabaja desde la abstracción, privilegiando el color, el gesto y la propia experiencia corporal frente a la tela.

Nada nuevo. Nada particularmente transgresor. Y tampoco necesita serlo.

La abstracción gestual tiene una historia extensa y Souberbielle se introduce en un territorio largamente recorrido. Lo interesante, en esta instancia, no está en buscar una ruptura que todavía no existe, sino en observar la audacia y las ganas con las que intenta descubrir un lenguaje propio.

Sus lienzos son seductores. Hay energía, espontaneidad y una evidente confianza en el color. El cuerpo interviene decididamente donde frente a superficies que superan su propia escala, la artista desplaza el gesto, barre, superpone, ocupa y reorganiza el plano.

Pero hay algo todavía más importante para señalar en este comienzo: sinceridad.

Una obra puede carecer de novedad y, sin embargo, resultar honesta. Y esa honestidad se percibe aquí a simple vista. Souberbielle no parece impostar un discurso ni pretender ubicarse donde todavía no ha llegado. Pinta desde el lugar que hoy ocupa, experimentando con aquello que la seduce y tratando de comprender qué puede encontrar detrás de cada nueva intervención.

Su formación y experiencia en el ámbito del coaching introduce, además, una particular relación con los procesos de exploración y transformación. Sin necesidad de convertir esa procedencia en argumento artístico, es posible advertir una actitud de búsqueda que atraviesa su manera de enfrentarse al lienzo.

La gracia de su gestualidad, la intensidad cromática y una impronta personal que comienza a hacerse visible constituyen buenos puntos de partida para una carrera que recién empieza a exponerse públicamente con mayor decisión.

Tuvo un buen desembarco.

De aquí en adelante, el desafío será otro con continuidad, trabajo y compromiso para con la obra. Porque después del entusiasmo inicial llega el territorio más difícil para cualquier artista consistente en insistir, profundizar, descartar fórmulas cómodas y permitir que el lenguaje propio aparezca.

Hay, finalmente, otro aspecto de la noche que merece destacarse.

La gestión de Darío Invernizzi y Z Art Lab consiguió abrir un nuevo escenario para la difusión del arte uruguayo. Llevar una exposición a un showroom automotriz puede parecer, a primera vista, apenas un cambio de escenografía. No lo es necesariamente.

Sacar el arte de sus ámbitos habituales implica ponerlo frente a personas que quizá no entrarían espontáneamente a una galería. Ese desplazamiento amplía la conversación y genera nuevas posibilidades de encuentro entre artistas, obras y públicos.

En tiempos en que muchas veces el circuito artístico termina hablándose a sí mismo, abrir otras puertas tiene valor.

Es de desear que la experiencia tenga continuidad.

Paulette Souberbielle ya tuvo su desembarco. Ahora comienza lo verdaderamente interesante y ver hasta dónde está dispuesta a llevar su pintura.


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