Cuando el dolor divide hasta los afectos
Patria es una serie española de 2020 que nos deja sin aliento y con el corazón acongojado.
A lo largo de ocho episodios, Aitor Gabilondo lleva a la pantalla la novela homónima de Fernando Aramburu y reconstruye la historia de dos familias vascas que alguna vez estuvieron profundamente unidas y que terminan enfrentadas por la violencia de ETA.
La serie abarca cerca de treinta años del conflicto vasco, pero su verdadero centro no está en explicar una organización terrorista ni en reconstruir una disputa política. Está en observar sus consecuencias sobre la gente común.
De un lado, Bittori, la viuda de un hombre asesinado por ETA, que regresa a su pueblo después del anuncio del cese definitivo de la violencia en 2011. Del otro, Miren, su antigua amiga y madre de un militante de ETA encarcelado. Entre ambas se abre una herida que atraviesa familias, amistades y generaciones.
Y allí reside buena parte de la fuerza de Patria.
Porque más allá de hablar de independencia, nacionalismo, terrorismo y violencia, la serie habla del amor y del odio, de la amistad quebrada, del resentimiento, de la culpa y, finalmente, de la enorme dificultad de perdonar.
No hay violencia política que permanezca encerrada en una consigna. Tarde o temprano entra en las casas, se sienta a la mesa y modifica la vida de quienes incluso creen mantenerse al margen.
La ambientación, la reconstrucción de época y una banda sonora utilizada con enorme sensibilidad acompañan actuaciones extraordinarias.
Todo el elenco está a gran altura, pero Elena Irureta, como Bittori, y Ane Gabarain, como Miren, realizan dos interpretaciones fuera de serie. Sus silencios, miradas, durezas y fragilidades dicen muchas veces más que las palabras.
Patria también nos enfrenta a una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando una causa termina siendo más importante que las personas?
Durante años unos se refugian en sus convicciones, otros en el resentimiento, algunos en la fe y muchos simplemente intentan sobrevivir al dolor. Pero detrás de las posiciones enfrentadas continúan existiendo madres, hijos, esposas, amigos y vecinos.
Quizás por eso el verdadero territorio de Patria no sea el País Vasco, sino la condición humana aplicada a varias circunstancias que han atravesado sociedades enteras en todo el mundo.
Una serie excepcional, dolorosa y profundamente conmovedora, que demuestra que ninguna bandera alcanza para reparar una vida destruida y que, cuando todavía queda algún sentimiento detrás de las heridas, el amor puede abrir una puerta allí donde el odio parecía haberla cerrado para siempre.
Mi puntuación no puede ser otra que la máxima. Patria es, para mí, una serie impecable: conmueve, incomoda y permanece en nosotros mucho después de haber terminado el último capítulo.
Mi recomendación es absoluta: una serie imperdible.
Plataforma: HBO




