Esta Virgen adquirida en Tiradentes en uno de mis viajes por allí, pertenece a la tradición del arte popular contemporáneo de Minas Gerais, una línea que surge de la mezcla entre la imaginería colonial barroca y la sensibilidad artesanal del interior.
La misma no busca reproducir fielmente modelos históricos sino que el artesano, Sérgio Carvalho Oliveira, los reinterpreta desde la libertad creativa, manteniendo los símbolos esenciales, pero con una estética afectiva, narrativa y profundamente local.
La figura responde a la iconografía de Nossa Senhora da Conceição, reconocible por tres elementos claves:
*la elevación de la figura, ajena al peso de la tierra;
*el globo azul como símbolo del mundo bajo sus pies;
*el resplandor metálico, heredero directo del barroco luso-brasileño.
El artesano, sin embargo, expande esta tradición. Sustituye la habitual postura solemne por una gestualidad íntima, casi doméstica: la Virgen sostiene un ramillete, gesto impropio del canon, pero muy propio del arte devocional mineiro, donde la espiritualidad se mezcla con la vida cotidiana.
Este detalle introduce una lectura más humana y cercana de la figura.
Tampoco el rostro de la Virgen es el habitual sino que en este caso la mujer que encarna a nuestra madre tiene rasgos indígenas .
La policromía —vibrante, floral, deliberadamente ingenua— remite al universo de talleres de Tiradentes, Prados y Bichinho.
No hay timidez cromática: los colores no decoran, afirman identidad.
El vestido florido, los patrones asimétricos y la escala naïf del rostro se inscriben en la genealogía que va de los imaginarios coloniales hasta los artesanos contemporáneos como los herederos de Seo Chico o los talleres de Manoel Neri, donde la simplicidad formal convive con un profundo arraigo simbólico.
Mención aparte para la aureola
toda realizada en metal al igual que el ramo de flores que lleva sobre su cabeza.
El oratorio, por su parte, funciona como un escenario y está compuesto por papel policromado, volumen semicilíndrico, decorado con hojalata, una estructura que cita los oratórios domésticos del siglo XVIII–XIX, reinterpretados hoy como contenedores de memoria y afecto.
Por su lado el rojo intenso del arco y el azul saturado del fondo crean una suerte de teatralidad íntima, donde la figura se destaca como aparición luminosa.
Lo extraordinario de esta pieza no está en la exactitud del canon —que deliberadamente se elude— sino en la coherencia emocional que transmite.
Se trata de una Virgen que no se mira desde la pompa sacra, sino desde la ternura popular.
Una Conceição sin rigidez, que se permite ser cercana, sonriente, florida, profundamente mineira, rasgos que me sedujeron ni bien la vi no dudando un minuto que tenía que acompañarme por el resto de mi vida.
Y ahí está, siempre atenta a mí así como yo estoy atento a Ella.
Hoy en su día se merece traerla a mis recuerdos y compartirlos con mis lectores.
Cada vez que la observo no dejo de sorprenderme por su particular belleza a la vez que me felicito de haberla adquirido.




