Una historia escrita desde la mirada colonial
Los orígenes históricos tanto de Argentina como de Uruguay fueron redactados bajo una mirada colonialista lo que generó enormes mentiras fundamentalmente a la hora de dar protagonismo a los colonizadores.
Esto ocasionó que muchas secuencias históricas hayan sido modificadas habiéndose barrido mucho para debajo de la alfombra.
Varios sucesos sabemos que no han sido como nos lo han enseñado generación tras otra. Solo basta pensar en los libros de Traversoni por solo nombrar uno.
La historia de Uruguay ha estado oculta bajo un gran make up donde se han tergiversado algunos sucesos ya sean el Desembarco de los treinta y tres orientales o mismo la figura de nuestro prócer José Gervasio Artigas.
En el caso de Argentina no ha sido tan diferentes. Nuestras historias surgieron de la mano. En determinado momento éramos un solo territorio que poco a poco se fue desmembrando a raíz de intereses personales de los lideres de turno.
Ese tenor colonialista con el cual fueron constituidas nuestras naciones implicó el desalojo de América del Sur de varios pueblos indígenas que habitaban desde hace miles de años contando con idiomas, sistemas sociales, costumbres y religiones, todo lo que fue aniquilado a partir de la invasión europea.
Los primeros registros de vida humana de las zonas de lo que es hoy Córdoba y San Luis corresponden a la cultura Ayampitín quienes habitaban esas regiones 8.000 años antes de nuestra era.
El libro de Andrés Bonatti: memoria y desgarro
Este libro escrito por Andrés Bonatti (Buenos Aires, 1970) y publicado en 2025, pretende concientizarnos de como fueron aniquilados los diferentes pueblos indígenas que habitaban en Argentina quienes habitaban en las llanuras, serranías, bosques y también la puna.
Una historia similar a la uruguaya aunque nuestros indígenas eran menos desarrollados y contaban con menor poder a la hora de defenderse y de sobrevivir.
Se trata de un libro de 145 páginas con relatos muy desgarradores a la vez que iluminadores.
En el mismo Bonatti da cuenta de distintos sucesos producto de los ataques que diferentes pueblos de aborígenes recibieron por parte de los españoles haciendo referencia a nombres de caciques que a pesar de la tergiversación histórica han sobrevivido y al día de hoy continuan siendo rescatados del olvido.
Antes de la invasión española no habían países en nuestra región, sino que se trataba de zonas pobladas con diferentes alcances en virtud de las tribus que las habitaban. Ello implica que analizar las situaciones conlleva a incluir tanto relatos acaecidos en lo que es hoy Paraguay, Brasil, Uruguay, Chile y Argentina.
El libro está dividido en once capítulos donde el historiador aborda sus relatos a partir de los distintos pueblos que contaron con lideres caciques que se opusieron al avance de la invasión.
Los españoles no descubrieron América sino que la invadieron, término que deben de ser usado en su justa medida.
Cuando llegaron habían pueblos milenarios con sus propias lenguas, dioses, costumbres y territorios de los que fueron desterrados como animales.
Invasiones despiadados que se valían de la evangelización católica para avanzar y para cubrir semejantes atrocidades bajo un manto piadoso.
El evangelio y la espada avanzaban juntos.
Estos relatos históricos basados en documentación y diversos libros que Bonatti detalla en su bibliografía, resultan muy ilustrativos a la hora de comprender los orígenes de nuestros países.
Resulta muy interesante tomar conocimiento de tantos relatos algunos también basados en leyendas verbales que han ido sobreviviendo en forma verbal.
Guaraníes, dioses y cosmovisión ancestral
Bonatti relata los orígenes del pueblo tupí – guaraní originado en la separación de dos hermanos Tupí y Guaraní provenientes de la cuenca medio de río Amazonas hace aproximadamente dos mil quinientos años.
Tupí emigró hacia el norte mientras que Guaraní hacia el sur dando origen a la nación guaraní que al día de hoy cada vez se hace mas fuerte respaldada por una nación como es Paraguay.
A partir de la llegada de los invasores europeos los pueblos se fueron replegando y trasladándose a otras regiones con el fin de protegerse. No todos lo lograron y cada pueblo vencido conllevaba grandes matanzas y la esclavitud posterior tanto de hombres, que eran utilizados como “carne de cañón” a la hora de batallar. Por su lado las mujeres y niños eran utilizados como mano de obra residencial.
El término indígena fue impuesto por los invasores.
Guaraní es también una denominación española provenientes de la expresión guerrera guará-my (combatidlos) que estos escuchaban cuando los enfrentaban mientras se defienda con flechas, piedras, lanza y garrotes frente a las bayonetas de los invasores.
Los guaraníes se denominaban a si mismos avá, lo que se traduce como gente o ser humano.
El detalle de los diferentes dioses todos provenientes de la naturaleza, pueblos, así como sus nombres, muchos de los cuales se han perdido o sustituidos por nombres españoles, da cuenta de la gran riqueza con la cual contaban nuestra tierras.
Los guaraníes adoraban a un dios principal llamado Ñanderuvusú, un ser espiritual sin forma que no castigaba ni premiaba y que representaba la fuente de todo lo existente.
Vivían en perfecta armonía con la naturaleza madre de todo sus necesidades tanto alimenticias como medicinales.
También veranaban a semidioses que velaban por los cultivos, los ríos, la selva y la naturaleza.
Como vínculo entre los semidioses y los hombres se valían de los chamanes también llamados payés.
Luego de los bautizos impuestos por los cristianos estos payés se encargaron en la algunos casos de desbautizar a los nativos en ceremonias en que se les quitaban los nombres impuestos y se les reintegraban los originales.
Esto en la medida de lo posible, pues claro está que el desmembramiento causado por los invasores fue atroz, despiadado y exitoso de acuerdo a sus objetivos.
La mayoría de las ciudades entre las cuales podemos nombrar a Acahay, Guarirá, Yeruquisaba, Teninbú, Tebicuarym e Yviturusú, construidas antes de la invasión acaecida en siglo XVI, fueron rebautizadas así como también los ríos entre los cuales se encuentran Suquía, Xanaes, Tlamochita, Chocancharava y Popopis los cuales fueron renombrados por los españoles como Primero, Segundo, Tercero, Cuarto y Quinto.
Todo el libro es un crisol de historias relevantes que deben de ser abordadas no con ánimo vengativo pero sí con convicción y orgullo.
Toda la zona que de lo que es hoy Argentina estaba poblada por los quilmes, atacamas, omaguacas, tolombones, amaychas, aguinahaos, calianes, yocaviles, upigaschas, anchapas, tucumengastas, entre otras comunidades todas muy organizadas y pacificas.
Los quilmes, por ejemplo, hablaban el idioma cacán y eran politeístas.
Fueron aniquilados en 1665 no dejando en esa fecha “parcialidad que no hubiese sido sometidas y desterrada” como fue informado al rey de España, (Quilmes colonial escrito por Guillermina Sors).
Los relatos de los destierros así como de las expropiaciones de las tierras nos resultan atroces máxime aun cuando se trataban de pueblos enteros con afán pacífico y que eran engañados.
Andresito, el líer guaraní del artiguismo
Capítulo especial para los uruguayos es el dedicado a Andresito, el primer gobernador indígena.
Perteneciente al pueblo guaraní, nació entre 1778 y 1790 en el actual Rio Grande do Sul, en los poblados que eran parte de las reducciones guaraníes administrados por los padres jesuitas quienes habían sido expulsados en 1767.
Andresito vino a estudiar a Montevideo donde José G. Artigas lo adoptó como un hijo y lo apadrinó momento en el cual pasó a llamarse Andrés Guacurarí y Artigas.
Andresito hablaba guaraní, portugués y español.
En 1814 luego de que Artigas fundara la Liga de los Pueblos Libres, lo nombró comandante general de Misiones dándole amplias atribuciones políticas y militares, un hecho sin precedente en la región.
En febrero de 1815, ya casado con Melchora Caburú, fiel compañera de sus campañas, fue nombrado gobernador .
Siguiendo instrucciones de Artigas llevó varias campañas militares contra los portugueses, los paraguayos y contra Buenos Aries.
En 1819 fue tomado prisionero resultado de la batalla en Itacurubí contra los portugueses.
A partir de allí se le perdió el rastro y se ignora donde y cuando falleció y tampoco donde fueron sepultados sus restos.
Jorge Francisco Nachón y Oscar Daniel Cantero escribieron un libro publicado en 2013 sobre este líder que ha pasado al olvido, llamado “Andresito. El líder guaraní misionero del artiguismo”.
Bonatti centra atención en casos específicos de algunos líderes indígenas relatando la lucha encarnizada que debieron de llevar adelante para salvaguardar a sus pueblos, todos con tristes finales y siempre engañados por los gobernantes de turnos.
Mujeres cacicas y guardianas de la memoria
También hay capítulos dedicados a las mujeres cacicas lideres políticas y religiosas que debieron de arremangarse y tomar decisiones para salvaguardar a sus pueblos como fue el caso de la cacica María perteneciente a los tehuelches quienes hablaban en aonikenk.
María era hija del cacique Vicente y había nacido entre 1780 y 1790 y su muerte por causa naturales se estima fue en 1848.
También Bonatti homenajea a las mujeres consideradas guardianas del pasado llamadas Machis, líderes espirituales portadoras de conocimientos ancestrales destinado un capítulo para María Hortensia.
Era llamada también la india Roca, sobrenombre a partir de que luego de haber sido raptada en 1867 a sus seis años fue acogida en la estancia del vicepresidente de la nación, Marcos López, tío del entonces coronel Julio Argentino Roca.
Siendo adolescente María, hija del cacique mapuche Calfucurá, fue trasladada a otra estancia propiedad de Roca como parte del servicio doméstico
Masacares y exhibiciones indignas
A partir del siglo XVII contamos con mucho mas información y desde allí Bonatti relata con respaldo histórico las trágicas matanzas de varios pueblos indígenas así como eran manipulados siempre para quitarles sus tierras.
Una de las tragedias mas drásticas y oscuras de la historia argentina fue la persecución que sufrieron los indígenas de Tierra de Fuego donde fueron abatidos para establecer centros de mataderos de los lobos marinos.
Allí habitaban los selk’nam quienes tenían siete mil años de antigüedad en Tierra de Fuego.
Convivían pacíficamente con los yaganes, hausn y los kawésqar.
Leer como fueron abatidos estruja nuestros corazones.
Hay un capítulo dedicado al cacique Inakyal quien terminó siendo expuesto junto con su familia en el Museo de la Plata para ser sometidos a exámenes y mediciones antropológicas considerados “salvajes e inferiores’.
Otro grupo de tehuelches fueron llevados a Saint Louis, Estados Unidos para ser exhibidos junto con otros indígenas de mas de setenta y cinco comunidades de otras partes del mundo, junto a otras personas con mal formaciones o enanismo, gigantes, contorsionistas, funámbulos y fakires en la primera Exposición Universal celebrada en 1904.
Fueron a cambio de dinero y la promesa de que les devolverían sus tierras algo que nunca se cumplió.
La delegación argentina encabezada por Eduardo Schiaffino, director del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, exhibió a este grupo compuesto por seis adultos y un niño cual zoológico humano, con la convicción de que el evento sería una ocasión para “civilizar a esos salvajes”.
El grupo estaba conformado por Casimiro, Kolojo, Sinchel, Awaik, Guechico, Lorenza y Gija de ocho años hija de Lorenzo y Guechico.
Regresaron en febrero de 1905. Guechico falleció en el viaje y los otros volvieron a ser llevados al Museo de Ciencias Naturales para exámenes médicos y antropológicos.
Awaik se radicó en Buenos Aires mientras que Casimiro, Kolojo y Sinchel regresaron a la Patagonia y nunca mas se supo de ellos.
Un llamado a la memoria y la dignidad
Mas que un repaso histórico, este libro nos enfrena con relatos desgarradores y necesarios para entender nuestros orígenes como pueblos latinoamericanos.
Se trata de un revisión de la historia para dignificar y rescatar lo indígena de la invisibilidad a la que fueron condenados.
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