Manuel Espínola Gómez

Montevideo, Uruguay.

Manuel Espínola Gómez (Solís de Mataojo, 1921-2003), fue un artista singular. Su formación artística autodidacta así cómo la limitación de haber cursado solo primaria, no significaron un impedimento que limitara su que hacer artístico así como tampoco lo frenara a la hora de opinar, cosa que llevaba a cabo con vehemencia.

También su gran tamaño físico le aportaba respeto allí donde fuera.

Era imposible no verlo en las exposiciones. Su altura y su boina se veían desde lejos. Tampoco era un hombre muy sociable que se dijera aunque sí de un gran corazón.

Una de sus ultimas exposiciones la realizó en 2000, la sala principal del SUBTE con obra inédita que había mantenido en su taller fuera del alcance de la vista de los espectadores.

Se trató de una gran personalidad dentro de las artes plásticas merecedor de este reconocimiento que Oscar Larroca (Montevideo, 1962), curador de la muestra, le rinde en la sala más importante del país, como bien se merece.

La muestra de gran dimensión, ocupa las salas 3, 4 y 5 del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV), lo que es lo mismo que decir toda la planta alta.

La puesta en escena es magistral. Larroca venció el inconveniente de las salas corredores, unificándolas a través de un color amarillo oro con el que cubrió las paredes, dando la sensación de que las mismas se hubieran ampliado. Parece que las paredes se hubiesen corrido de lugar generando más espacio expositivo.

La iluminación de la obras también tuvo mucho que ver, todo lo que ayuda a que el gran vacío del entre piso que siempre ha jugado en contra, pase un tanto desapercibido.

Una pena ese hueco que poco aporta al museo quitándole espaciosidad a la que se podría convertir en una gran sala. Actualmente no logra siquiera una interesante visión aérea hacia el primer piso, pero eso es tema de otro análisis.

Este merecido homenaje también se puede entender cómo un agradecimiento de Larroca hacia Espínola Gómez, quien estuvo de su lado cuando la Intendencia de Montevideo ordenó el cese de su exposición en 1986 por “herir la moral debida” a raíz del perfil erótico de sus dibujos. En ese entonces, Espínola Gómez trabajaba como asesor artístico del Poder Ejecutivo y presentó su renuncia hasta tanto no se reabriera la muestra.

Manolo o El Peludo como lo llamaban popularmente, siempre tuvo una impronta muy particular a la hora de opinar. Supo estar en contra de las opiniones generalizadas hacia la obra de Pablo Picasso y Paul Cezanne.

Asiduo permanente en las salas de teatro, conciertos, cines, exposiciones así como también en las canchas de fútbol lo que le generaba un amplio abanico a la hora de relacionarse socialmente.

Su personalidad de talante inquieta, siempre lo mantuvo activo trabajando para su gremio.

Era polifacético.

Fue asesor plástico de la Presidencia de la República para lo cual proyectó y decoró la residencia presidencial situada en Avda. Suarez así como también dentro del Palacio Estevez y la Residencia Presidencial de la Estancia Anchorena en Colonia.

Fue escenógrafo y diseñó vestuarios teatrales.

Se ocupaba del particular enmarcado de sus obras así como de los sistemas para colgarlos a la hora de ser exhibidos.

Representó al país en varias exposiciones en el exterior entre las cuales figura la Bienal de San Pablo donde participó en tres ocasiones, la Bienal de Venecia donde expuso en 1966, así como en otras ocasiones de prestigio, siempre dejando al Uruguay bien representado.

Fue un gran defensor y amante de la obra de Carlos Federico Saez (Mercedes, 1878-1901) y en 1949 funda el Grupo Saez junto con los artistas Washington Barcala, Luis A. Solari y Juan Ventayol, aunque de corta continuidad.

También fue fundador de la Unión de Artistas Plásticos Contemporáneos y la Confederación de Organizaciones Culturales en 1963.

Recibió varios premios y reconocimientos por su labor artística. Uno de los últimos recibidos fue el Premio Figari a raíz de su trayectoria artística que le fue concedida en 2000.

Su admiración a la obra de Carlos F. Saez le llevó a dar cabida a un empastado con óleo en sus obras, convirtiendo las pinturas casi que en esculturas, que se prestan para ser observadas desde los diferentes lados.

Materia pictórica que por cierto la trabajaba con una carga de sensualidad y erotismo.

Otra faceta suya creadora, es la concerniente al diseño de distintos logotipos que realizara a partir de su compromiso gremial y político. Fue el autor del logotipo para el PIT-CNT de 1967 así como de otros varios para el partido de izquierdas Frente Amplio.

Recorrer las salas del MNAV con sus diferentes etapas marcadas y tan bien exhibidas, da cuenta de una gran personalidad versátil, a la vez que curiosa e inquieta. Da la sensación de que estamos visitando una muestra colectiva donde participan varios artistas, al mismo tiempo que impresionan tanto por su impronta como por el gran legado que le dejan a su país.

La muestra está conformada por obras en su mayoría pertenecientes al MNAV pero también hay obras de coleccionistas privados que las han cedido en préstamo.

Fue muy amigo de sus amigos, convirtiéndose en un personaje entrañable a la vez que huraño.

Espínola Gómez representó la condensación de la idiosincracia uruguaya donde por supuesto no faltó la retórica contestataria así como la desconfianza, sumado al gran amor propio de sentirnos a la par artísticamente que Picasso, hablando en términos de artistas plásticos.

No le gustaba comercializar sus obras y eso le llevó a terminar su vida en forma precaria pasando ciertas necesidades. Al final de sus años no era común verlo con la misma asiduidad que otrora.

Rendirle homenaje es lo menos que podemos hacer. Una excelente oportunidad para recordar y hacer un “refresh” en nuestra memoria colectiva de quien fuera una de las grandes personalidades del ámbito artístico nacional.

Una lástima que sus obras no estén en forma permanente exhibidas pues serían de una gran aporte tanto para artistas jóvenes como para otros no tanto, pero desmemoriados.

Manuel Espínola Gómez forma parte de nuestro ADN tanto en su discurso artístico como en su desafiante impronta que le llevaron a nunca bajar los brazos y a creer firmemente en su obra, en sus propuestas donde no faltaron óleos, temperas, grafitos, crayolas y biromes.

El recorrido de las salas es complaciente y adictivo pues no permiten que el espectador baje la expectativa. El prolijo enmarcado de las obras en forma magistral y artísticas, permitieron a Larroca crear una obra adicional, complementaria.

Para saber más sobre su vida y en virtud de que las bibliografías de nuestros artistas son escasas, es recomendable ver la película “Una caligrafía existencial”, de 55 minutos dirigida por Espínola Gómez mismo junto a Juan José Mugni y Ximena Oyanedel.

El mirador cavante

Manuel Espínola Gòmez (1921-2003)

MNAV


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