Montevideo, Uruguay.
Sin ánimo de dar una opinión política, sin tomar postura al respecto, mediante estas imágenes intento graficar esta otra realidad que nos pertenece, pues aunque queramos hacer como sus caballos que solo miran para adelante producto de sus tapa ojos, no podemos dejar de percibirlos diariamente, mas allá de que estemos acostumbrados a su presencia.
Día a día, cada vez mas en Montevideo avanza el informalismo en todos los ordenes no solo comerciales sino civiles pues sus expresiones nos van involucrando en una red que a modo de tela de araña, nos atrapa a todos.
Sin lugar a dudas esta faceta de la población no es exclusividad nuestra, pero a diferencia de otras ciudades, en la nuestra, la convivencia con los carros tirados por caballos, por mas leyes que hayan pretendido instaurar, van a nuestro lado como un coche mas, con el riesgo de colacionar con las consecuencias inherentes en desigualdad de condiciones y donde todo juega en contra del ciudadano legal quien a la hora de obtener su libreta de conducir, en ningún teórico ni practico figuran los “carritos”.
Somos rehenes no solo de estos medios, amen del mal trato que reciben los caballos, sino que tanto cuidacoches, como limpia vidrios, si es que tenes suerte de que no se te instale en la puerta de tu casa o comercio un vendedor que no solo te puede resultar perjudicial con los olores si se trata de comida, como de resultar una competencia informal.
El miércoles pasado, se movilizaron en un desfile por nuestra avenida principal, donde participaron pancheros, feriantes, cuidacoches, clasificadores de basura, “tortafriteros” (denominación que deberíamos de solicitar incorporar a la Real Academia), quienes cuentan con un sindicato denominado Asociación de Tortafriteros del Uruguay, (ATU), (será que tanta torta frita se consume en nuestro país?) a raíz de las medidas “antipobres” impuestas por nuestra comuna municipal.
La idea era participar con todas sus familias donde sus hijos de uniforme escolar sensibilizaran a las autoridades pertinentes.
Y no me deja de venir a la mente la canción de Jaime Ross: “parece mentira las cosas que veo, por las calles de Montevideo…” aunque a esta altura de los acontecimientos ya estamos acostumbrados.
Me gustaría ver la cara de los extranjeros que vienen de paseo frente a una manifestación de este tenor.
Ojala que frente a esta movilización que se presentará frente a la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra, logremos un consenso general que contemple a ambas partes y podamos acercarnos a ser una ciudad de primer mundo, donde solo se puedan ver caballos en los ámbitos hípicos.































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