Venecia, Italia.
La opacidad como resistencia
Hay exposiciones que trascienden el interés artístico para convertirse en verdaderas declaraciones políticas.
“Third Person”, la gran muestra de Lorna Simpson en la Punta della Dogana, pertenece a esa categoría.
También aquí merece destacarse el compromiso de Hauser & Wirth, una galería que continúa utilizando algunos de los escenarios más prestigiosos del circuito internacional para impulsar artistas cuya producción interpela cuestiones sociales, históricas y políticas, aun cuando sus propuestas disten de responder a los parámetros más convencionales del mercado.
Nacida en Brooklyn en 1960, Lorna Simpson revolucionó el arte contemporáneo al examinar críticamente las relaciones entre raza, género, memoria, identidad y representación.
Durante las décadas de 1980 y 1990 se consolidó como una de las voces fundamentales del arte conceptual estadounidense y fue la primera mujer afroamericana proveniente de los Estados Unidos en la Bienal de Venecia en 1990 en el pabellón general, mientras que la representación nacional de dicho país estuvo a cargo de Jenny Holzer.
Desde entonces, su práctica se ha expandido desde la fotografía acompañada por textos hasta el collage, la pintura monumental, el video y la escultura.
La exposición en esta ocasión, curada por Emma Lavigne, directora general y conservadora general de la Colección Pinault, en estrecha colaboración con el artista, reúne cerca de cincuenta obras realizadas durante más de dos décadas.
El antiguo edificio aduanero diseñado para controlar el ingreso de mercancías a Venecia funciona aquí como un potente contrapunto simbólico puesto que se trata de un espacio históricamente asociado al control y la clasificación que hoy alberga una obra dedicada precisamente a cuestionar toda forma de clasificación identitaria, como ya lo habíamos destacado en la nota dedicada a Paulo Nazareth.
La arquitectura de ladrillo, la monumentalidad de las salas y la luz natural que atraviesa Punta della Dogana dialogan constantemente con las piezas, convirtiendo al edificio en un protagonista más de la exposición.
Uno de los núcleos más impactantes corresponde a la serie Ice, donde inmensos paisajes glaciares realizados con tinta y acrílico sobre paneles de fibra de vidrio abandonan cualquier lectura meramente paisajística. El hielo aparece como metáfora del borramiento histórico, del aislamiento y de una memoria congelada. La aparente serenidad cromática de los azules profundos esconde superficies rugosas y opacas que rechazan cualquier contemplación complaciente.
En Special Characters, Simpson recupera fotografías provenientes de archivos de las históricas revistas afroamericanas Ebony y Jet. Sin embargo, lejos de convertirlas en documentos históricos, las sitúa en escenarios cósmicos donde negros absolutos, grises iridiscentes y destellos dorados transforman a aquellas mujeres en presencias monumentales. Lo que alguna vez fueron imágenes destinadas al consumo editorial adquiere ahora una dimensión casi mítica, restituyendo una dignidad históricamente negada.
Las esculturas verticales de vidrio continúan esa reflexión. Mediante la superposición de planchas transparentes con fragmentos de revistas y textos, Simpson construye tótems frágiles donde la identidad nunca aparece como una verdad estable sino como una sucesión de capas culturales, históricas y políticas siempre susceptibles de transformarse.
Uno de los momentos más inesperados de la muestra es la instalación sonora compuesta por cuencos de obsidiana. El público es invitado a activarlos golpeándolos suavemente con un mazo. El sonido grave y envolvente que invade el espacio rompe deliberadamente con la tradicional actitud contemplativa del museo y convierte al visitante en participante activo de una memoria colectiva que vibra, literalmente, dentro del edificio.
Mención especial merece la monumental escultura Woman on Snowball (2018), presentada por cortesía de Hauser & Wirth. La obra constituye uno de los puntos culminantes de Third Person, sintetizando muchas de las preocupaciones que atraviesan la producción reciente de Lorna Simpson. Su poderosa presencia confirma la capacidad de la artista para trasladar su investigación sobre la identidad, la memoria y la representación más allá de la fotografía y el collage, consolidando un lenguaje escultórico de notable fuerza poética y conceptual.
En toda la exposición reaparecen constantes que atraviesan cuatro décadas de producción artística: el cuerpo fragmentado, el cabello como territorio político, la tensión permanente entre imagen y palabra y la utilización del anonimato como mecanismo de resistencia.
Obras históricas como Guarded Conditions, Stereo Styles o Wigs II ya habían demostrado que ocultar el rostro podía convertirse en una estrategia para impedir que el espectador ejerciera una mirada colonial o voyeurista sobre la mujer negra.
En sus producciones más recientes, la fotografía deja progresivamente espacio a la pintura y al collage monumental. Meteoritos, hielo, fuego, minerales y paisajes abstractos envuelven figuras procedentes de archivos fotográficos afroamericanos, transformando la memoria en un territorio inestable donde pasado y presente se funden continuamente.
Quizá uno de los mayores aportes intelectuales de Simpson consista en defender aquello que el filósofo afro descendiente Édouard Glissant (Martinica, 1928-2011) denominó el “derecho a la opacidad” o sea la posibilidad de que una persona no tenga la obligación de ser completamente explicada, clasificada o transparentada para los demás.
El filósofo defendía la postura de que no necesitamos comprender totalmente a los demás para aceptarlos y respetarlos.
Frente a una historia construida desde la vigilancia y la catalogación de los cuerpos racializados, Simpson reivindica el misterio como forma de libertad.
Más que ofrecer respuestas, “Third Person” instala preguntas incómodas acerca de quién produce las imágenes, quién escribe la historia y quién tiene el poder de definir la identidad de los otros.
En tiempos donde la circulación masiva de imágenes parece haber vuelto todo inmediatamente visible, Lorna Simpson recuerda que existen memorias imposibles de simplificar y experiencias que solo pueden ser comprendidas aceptando su complejidad. Esa negativa a ofrecer respuestas fáciles convierte su obra en una de las propuestas más lúcidas y necesarias del arte contemporáneo internacional.
Esta exposición también dialoga con varias de las propuestas presentes en la actual Bienal de Venecia donde hay artistas que ya no trabajan únicamente desde la estética, sino desde la memoria, el archivo y la revisión crítica de las narrativas históricas. En ese contexto, la muestra de Simpson se convierte en una de las visitas imprescindibles de Venecia.
Luego de haber participado en dos ediciones de la Bienal de Venecia (en 2015 fue seleccionada en la 56.ª Bienal de Venecia bajo la curaduría de Okwui Enwezor, donde debutó internacionalmente con su aclamada serie de pinturas de paneles múltiples), Lorna Simpson encuentra hoy un escenario acorde a la dimensión histórica de su trayectoria. Presentar “Third Person” en la Punta della Dogana, uno de los espacios expositivos más prestigiosos de la ciudad y sede de la colección Pinault, supone un reconocimiento institucional que trasciende la mera consagración artística. Su presencia allí confirma el lugar central que ocupa dentro del arte contemporáneo internacional.
La muestra, además, puede leerse en un fecundo diálogo con la propuesta del artista brasileño Paulo Nazareth (análisis crítico que fue publicado con anterioridad) con quien comparte una profunda reflexión sobre el legado del colonialismo, la diáspora africana, la memoria de los cuerpos racializados y las huellas persistentes de la violencia histórica.
Aunque ambos recurren a lenguajes formales muy diferentes, sus obras convergen en una misma voluntad de revisar críticamente los relatos oficiales y devolver visibilidad a historias que durante siglos permanecieron silenciadas.
Retrato de Lorna Simpson: Pinault Collection
