Latido Amazónico

Montevideo, Uruguay.

Cuando el arte no representa, sino que respira

El miércoles pasado, en su persistente empeño por acercar culturas vivas —no vitrinas—, Artesia en su local sobre la recoleta callecita Rostand, dirigido por Gina Vargas, presentó una muestra que escapó a la lógica expositiva tradicional tratándose de una experiencia atravesada por la presencia real del pueblo Huni Kuin.

Llegaron desde la Amazonía brasileña —Aldea Boa Vista, Acre— no como invitados decorativos, sino como portadores de un saber que no se traduce sino que se ejerce.

Un matrimonio y un hermano, uno de ellos chamán, heredero de una línea espiritual que no necesita validación institucional.

Allí recibieron al público con cantos de tono ritual. No fue una performance, cómo podríamos interpretar, fue un gesto de hospitalidad, algo muy en desuso en nuestras sociedades capitalistas.

El inicio: un río que toma cuerpo

La muestra abre con una pieza clave de Lucía Wainberg Sasson: Río Jordán.

Una evocación del río en forma de mujer que fluye entre la tierra y el cielo donde su unen el hombre y la mujer a través de la fecundación que fluye por el río.

La obra nace de la experiencia directa de la artista al recorrer el río Jordán. Pero no se queda en el paisaje sino que lo convierte en símbolo.

Para el pueblo Huni Kuin, el agua no es recurso, es estructura del mundo. Como la Madre Tierra y el Padre Sol, el río sostiene la vida y ordena el tiempo.

Aquí deja de ser geografía y se vuelve energía, memoria y origen.

La línea como lenguaje (y no como ornamento)

Los kenes —esas tramas geométricas que recorren telas, cuerpos y objetos— no decoran, por el contrario narran. Son mapas simbólicos donde el mundo visible y el invisible no están separados.

En esas líneas aparece el yacaré, pero también otros sistemas de conocimiento inscritos en patrones que funcionan como lenguaje.

Entre las piezas destaca Yube Bushka Kene, de Kayani Huni Kuin.

Un telar tradicional de algodón donde emerge la figura de la boa constrictora. El diseño geométrico condensa su cabeza, origen de uno de los kenes.

Para los Huni Kuin, la boa no es amenaza sino que es maestra. A ella se le atribuye el conocimiento de la medicina Huni Pae (ayahuasca) y el arte de los diseños sagrados.

Junto al jaguar, es uno de los espíritus centrales del bosque. Sabiduría, medicina y memoria.

Rostros, manos, continuidad

Ataviados por una llamativa plumería que complementan con accesorios chaquiras (mostacillas de vidrio) trabajadas con una técnica tradicional de tejido manual muy extendida en estos pueblos, el grupo familiar dio la bienvenida a los invitados con cánticos tradicionales.

La muestra también incluye registros fotográficos como Abuela Nãke elaborando Yume Kene, de Fredy Yube.

Nãke no es un personaje, es una guardiana. Conoce las plantas, sus usos, sus curas. Y en el telar, el Yume Kene —diseño sagrado— toma forma entre sus manos.

Vive en Boa Vista, donde no hay electricidad ni agua de pozo. No es carencia, es otro ritmo.

Madre de siete hijos, abuela de muchos más, sostiene una continuidad que no pasa por archivos ni museos. Pasa por el hacer.

El barro también piensa

Entre las piezas aparece Mai Kētxa, cerámica tradicional Huni Kuin.

Antes del plástico y el metal, el barro organizaba la vida para cocinar, almacenar y curar. Las vasijas no eran objetos, eran herramientas vivas.

Se moldeaban con paciencia y se cocían en fuegos sagrados. Las ceramistas lo dicen sin metáfora que el barro escucha.

Si la mente está en calma, la pieza resiste. Si no, se quiebra.

Hoy muchas de estas prácticas ceden ante lo industrial. Pero el barro, que convive con la cestería, insiste en que lo que perdura no se apura.

Lucía Wainberg Sasson: no ilustrar, sino escuchar

La presencia de Wainberg no invade, acompaña. Su vínculo con la comunidad, iniciado en 2017, donde llevó a cabo un registro que también forma parte de la propuesta, evita el gesto fácil de apropiación.

La artista con suma sutileza y respeto no traduce, se aproxima.

En un contexto donde lo amazónico suele ser estetizado hasta volverse inofensivo, su trabajo mantiene algo esencial que no es otra cosa que la incomodidad de no comprender del todo.

Donde otros imponen, acá se invita

Mientras la Bienal de Montevideo intentó instalar lo amazónico como consigna, Artesia hace algo más simple —y más difícil— trae a quienes lo encarnan.

Sin subrayados. Sin espectáculo.

Esto no es una muestra sobre pueblos originarios.

Es una advertencia elegante donde hay saberes que no necesitan ser legitimados por el arte contemporáneo pero que el arte contemporáneo necesita desesperadamente para no quedarse hablando solo.

Y acá, por una vez, el diálogo ocurre.


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