La mujer de la fila

Natalia Oreiro, impecable en un melodrama que golpea donde duele

Hoy vi La mujer de la fila, 2025, dirigida por Benjamín Ávila, y acabé con esa mezcla incómoda —y necesaria— de bronca, empatía y admiración.

La película está inspirada en un caso real reciente, donde una familia queda atrapada en la maquinaria injusta del sistema a partir del encarcelamiento de un adolescente.
Nada de artificios: esto pasa, pasó y sigue pasando.

Natalia Oreiro sostiene el protagónico con una entrega que ya es sello propio. Se sumerge en Andrea, una mujer de clase media que de un día para el otro se encuentra en una pesadilla kafkiana: su hijo Gustavo es detenido sin pruebas sólidas, y ella debe aprender a moverse en el universo hostil del penal, ese territorio donde la dignidad se desgasta a fuerza de filas, esperas y humillaciones.

Un detalle que suma capas de verdad es que varias de las actrices que aparecen en la película son mujeres que conocieron la cárcel en carne propia. No interpretan: encarnan. Y eso, en pantalla, se siente.

Otra actuación fuera de serie es la llevada a cabo por Amparo Noguera quien interpreta el papel de una de las mujeres que a pesar de estar en libertad parte de ella está bajo rejas debiendo velar por su hijo quien cumple una condena.

También Marcela “Tigresa” Acuña brilla en un rol que la muestra contundente, sólida, con una energía que sostiene escenas clave.

La película funciona como melodrama, sí, pero del bueno, ese que abraza lo íntimo para mostrar lo estructural.

Ávila narra la épica silenciosa de las personas comunes enfrentadas a circunstancias extraordinarias. No hay golpes bajos; hay humanidad. Y en ese campo emocional, la película pega con fuerza y gana.

El camino de Andrea —su descenso al infierno burocrático, su aprendizaje forzado de las reglas del penal, y ese giro final que la obliga a medir hasta dónde llega el amor por un hijo— está construido con honestidad y con una sensibilidad capaz de desarmar a cualquiera que haya pasado por una injusticia o haya acompañado a alguien en un momento límite.

Hoy Natalia Oreiro está nominada a los Martín Fierro. Después de ver esta película, tengo pocas dudas: el premio ya tiene nombre y apellido.


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