Kavad

Este Kavad lo compré en Rajasthan, cuna de estos altares narrativos portátiles.

Apenas lo vi supe que tenía que venirse conmigo. Hay objetos que no se buscan: aparecen, se imponen y uno simplemente los adopta.

Los Kavad pertenecen a una tradición que se desarrolla desde hace siglos, pero este ejemplar corresponde a una pieza popular de mediados del siglo XX, cuando los talleres rajastaníes producían altares tanto para devoción doméstica como para viajeros y coleccionistas.

Su estructura se abre como un pequeño teatro.

Cada panel despliega escenas pintadas a mano con esa estética inconfundible: rojos intensos, figuras frontales, bigotes heroicos, dioses, ascetas y devotos que parecen flotar en una narrativa infinita.

Lo sumé al equipaje sin pensarlo demasiado. Hay piezas que cargan historia, pero también cargan destino. Esta me eligió primero.


Publicado

en

por