Instancias Viajeras: Tres hermanos por la Ruta 40

Amaneció muy frío en el valle de Cachi.

La cabaña que nos acogió estaba rodeada de montañas y el termómetro marcaba bajo cero.

El coche amaneció cubierto de escarcha y los palillos de la ropa quedaron entumecidos en las cuerdas.

Tras quitar el hielo de los cristales del coche, bajamos lentamente al pueblo a desayunar.

Es domingo, día de misa.

La pequeña iglesia no alcanza para todos y la gente se agolpa en la puerta, mientras perros y gatos buscan calor en los primeros rayos de sol.

No faltan los coches remolones que les cuesta arrancar luego de una noche gélida y necesitan de un empujoncito.

Después de misa, la feria comienza a despertar donde aprovechamos para hacer compras de productos típicos.

Los puestos de artesanías nos ofrecen aromas de pimentón ahumado, frascos de arrope de chañar para aliviar nuestras gargantas castigadas por el frío y la altura.

Recorrimos callecitas y rincones antes de seguir viaje por la dura y ríspida Ruta 40.

Allí, el paso lento nos regaló tiempo para largas charlas: recordar a nuestros ancestros y proyectar nuestras vidas.

Somos tres hermanos que nos dimos un tiempo para estar solo nosotros tres.

Un viaje compartido, un homenaje íntimo en medio de la inmensidad salteña.


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