Instancias Viajeras: Encuentro real

Londres, Inglaterra.

Hace unos años, llevé a mis dos hijos mayores pre adolescentes a un viaje de iniciación cultural por Europa. Mi objetivo era enseñarles los elementos referenciales básicos que a mi criterio deberían de conocer y saber hasta tanto comenzaran a viajar solos o con sus amigos como lo han hecho con posterioridad.

En otra Instancia Viajera he comentado nuestra experiencia cuando visitamos Tate Modern y en esta oportunidad haré foco en otra experiencia menos turística pero que forma parte de nuestras experiencias de vida. A medida que nos vamos poniendo mayores, mas nos gusta echar mano a ciertos recuerdos con el ánimo de aprehenderlos y hacerlos nuevamente nuestros para que no se nos diluyan en la inmensidad cerebral.

Ese viaje representaba para mi un gran desafío. Ser su guía pretendiendo evitar caer en la chabacanería de las visitas turísticas. Mi idea era mostrarles “otra cosa” diferente a lo que las agencias de viaje suelen hacer.

Fue tanto así que esquivamos la aglomeración turística y optamos por no subir a la Tour Eiffel evitando las grandes filas de espera que iban en contra de nuestra calidad de viaje. Llegamos a ir inclusive por la noche para evitar el público, pero mismo así no tuvimos suerte. Luego de cenar en un hermoso restaurante en Le Marais, celebrando el cumpleaños de Felipe, nos tomamos un taxi hasta la Torre.

Casi al llegar, y desde no muy lejos, vimos que aun había una larga fila para visitarla, ordenándole al chofer que continuara y nos hiciera un paseo. Esa visita frustrada se convirtió en una de las instancias mas lindas y disfrutables del paseo por la ciudad, recorriendo la orilla del Sena, el Arco de Triunfo y Champs-Élysées en una cálida noche con muy poco tránsito viendo los principales monumentos iluminados donde el puente Alexander III majestuosamente nos saludaba a nuestro paso.

Pero esta instancia que traigo a colación no fue precisamente en Paris sino en Londres, donde nuestro desafío era el mismo: sorprender la ciudad casi como un ciudadano mas sin pecar de turistas.

A los chicos les hacía mucha ilusión visitar ciertos íconos culturales e históricos que habían conocido en el colegio y obviamente no dejaría de llevarlos, pero asistir al cambio de guardia del Buckingham Palace me rechinaba bastante.

– Vengan en otro viaje, -les dije, optando por llevarles a una exposición en el mismo palacio de la colección privada de obras de arte de quien fuera uno de los principales mecenas y promotores del arte como fue el caso del príncipe Alberto consorte de la reina Victoria.

La visita fue una exquisitez. Había muy poca gente y recorrer su colección que incluía objetos personales con los cuales había convivido en su diario vivir, nos generó un acercamiento mayor a la familia real que ver el cambio de guardia donde se agolpan miles de personas.

A la salida de la exposición, en un cálido día de primavera, nos quedamos caminando junto al palacio, observando los detalles del mismo a través de nuestras curiosas y lejanas miradas que íbamos posando en ventanales, puertas y molduras, reparando en las rejas que lo rodean y protegen.

Éramos los únicos que estábamos allí. Yo estaba a un costado un poco alejado de mis hijos, gozando del sol que me daba en la cara, mientras ellos tomaban fotos.

En cierto momento, cuando yo me encontraba recostado a las rejas de cara al sol y con los ojos cerrados, siento que avanza un coche muy cerca de mi. Estaba ingresando al palacio y en el momento en que reparo en su conductor me encuentro con una cara muy simpática que me brinda una cálida sonrisa.

Bastó una fracción de segundos para reconocerla y le devolví el saludo también a través de una sonrisa y un leve cabeceo. Se trataba de la princesa Ana, la única hija mujer de la reina Elizabeth II que venía al volante de su coche, con su típico pelo recogido en un moño, sobretodo y guantes de cuero.

Del otro lado del coche estaban los chicos quienes se acercaron curiosos y tuvieron la oportunidad de verla pero yo siempre atesoraré esa sonrisa en esa fracción de minuto que me acercó no a la cholulés royalty, sino a lo que para mi representa el momento mas íntimo que tuve con la familia real con mayor historia continua en el mundo.


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