Inhotim

Brumadinho, Brasil.

Crónica crítica de una visita

Esta semana llegué a Inhotim, con una mezcla de entusiasmo y expectativa.

El Instituto Inhotim es uno de los museos de arte contemporáneo al aire libre más grandes del mundo, situado en Brumadinho, a unos 60 km de Belo Horizonte (Minas Gerais, Brasil). Ofrece una combinación única de galerías de arte, instalaciones paisajísticas y un extenso jardín botánico con 4000 especies, todo en 140 hectáreas de visita.

A veces los proyectos que se convierten en mito terminan siendo víctimas de su propia reputación. Aquí ocurre lo contrario pues la realidad supera la imaginación.

La primera constatación es casi logística puesto que para recorrer Inhotim con cierta justicia hay que dedicarle al menos tres días.

No se trata de un museo convencional sino de un territorio cultural. Aunque existen medios de transporte interno, la escala del lugar —y la distancia entre una obra y otra— obliga a caminar mucho y a disponer de cierto estado físico en mi caso agrabado por un esguince.
El recorrido se parece más a una expedición que a una visita museística.

Los pabellones emergen en medio de una vegetación exuberante.
Inhotim es también uno de los jardines botánicos más notables del mundo, con miles de especies vegetales. Entre árboles monumentales, palmeras, flores tropicales de colores casi irreales y lagos que reflejan el cielo de Minas Gerais, el visitante se mueve por un paisaje que oscila entre el parque científico, el jardín romántico y la selva domesticada. A ratos aparecen aves, pequeños animales y sonidos de la naturaleza que refuerzan una sensación difícil de describir sin caer en lugares comunes podemos afirmar que representa un cierto acercamiento al paraíso.

Con solo una mañana disponible decidí concentrarme en algunos artistas que me interesaban particularmente:
Tunga, Cildo Meireles, Olafur Eliasson, Waltercio Caldas, Lygia Pape, Jorge Macchi, Hélio Oiticica, Yayoi Kusama, Adriana Varejão (nota aparte) y Doris Salcedo.
También observé las obras de Paulo Nazareth, Grada Kilombo: O Barco, Rirkrit Tiravanija, Giuseppe Penone entre otros que me iban interceptando.

La selección es, inevitablemente, arbitraria pero Inhotim obliga a elegir, —máxime luego de varios días de viaje previos—y esa elección ya es parte de la experiencia.

Un aspecto particularmente interesante es la distancia entre los espacios expositivos. Lejos de ser un problema, termina funcionando como un recurso curatorial involuntario. Entre un pabellón y otro el visitante camina, respira, observa el paisaje y —sobre todo— descomprime mentalmente la experiencia estética anterior. Cuando se llega a la siguiente obra, la percepción vuelve a estar limpia. Es un lujo raro en el mundo del arte contemporáneo, donde la saturación visual suele ser la norma.

Además de los pabellones museísticos, varias piezas aparecen directamente en el paisaje en senderos, entre plantas, junto a lagos o en campos abiertos. En esos casos la naturaleza no es un simple telón de fondo sino una escenografía activa que amplifica el sentido de las obras. Algunas piezas parecen casi germinar del terreno, como si siempre hubieran estado allí.

Desde una mirada crítica, Inhotim plantea una pregunta interesante: ¿es un museo, un parque o una utopía cultural?
Probablemente sea un poco de las tres cosas. Lo cierto es que logra algo que muy pocas instituciones consiguen que no es nada menos que transformar la visita en una experiencia física, sensorial y mental al mismo tiempo.

En tiempos en que muchos museos se vuelven cada vez más espectaculares pero también más homogéneos, Inhotim propone otra lógica la del arte que se descubre caminando.

Y esa, quizás, sea su mayor virtud.

Origen e historia de Inhotim

El proyecto fue concebido en la década de 1980 por el empresario siderúrgico y coleccionista brasileño Bernardo Paz (Minas Gerais, 1949).

Paz adquirió una extensa propiedad rural en Brumadinho, en el estado de Minas Gerais, inicialmente como finca privada. Con el tiempo comenzó a invitar artistas, arquitectos y paisajistas a intervenir el lugar. Aquella propiedad se transformó gradualmente en un proyecto cultural singular.
El complejo se transformó progresivamente en una institución cultural abierta al público y fue inaugurado oficialmente en 2006.

Desde entonces Inhotim se ha convertido en uno de los centros de arte contemporáneo más importantes de América Latina.

Datos y características principales

Uno de los rasgos distintivos del lugar es el diseño de sus jardines, proyectados por el célebre paisajista brasileño Roberto Burle Marx, figura fundamental del paisajismo moderno en América Latina.

El parque se extiende aproximadamente por 300.000 m² de jardines, lo que lo convierte en el mayor espacio de arte al aire libre de América Latina.

El diseño paisajístico no funciona como mero decorado. Su papel es estructural con un recorrido entre obras, lagos y senderos forma parte de la experiencia estética.

Algunas cifras ayudan a entender la escala del proyecto:
*Más de 140 hectáreas visitables dentro de una propiedad mucho mayor.
*Decenas de pabellones expositivos, muchos dedicados a un único artista.
*Una de las mayores colecciones de palmeras del mundo dentro de su jardín botánico.
*Centenares de obras de arte contemporáneo distribuidas entre galerías y paisaje.
*Arquitectura diseñada específicamente para cada obra o conjunto de obras.

En términos museográficos, Inhotim propone una fórmula poco habitual
donde el arte no se acumula en un edificio sino que se dispersa en el territorio.

La colección

Inhotim alberga la Colección Inhotim, considerada una de las más importantes de arte contemporáneo en Brasil.

La colección reúne más de 500 obras de alrededor de 100 artistas, entre ellos:
Cildo Meireles, Chris Burden, Hélio Oiticica, Matthew Barney, Adriana Varejão, Ernesto Neto, Paul McCarthy, Doris Salcedo y Miguel Rio Branco entre otros.

La institución combina pabellones monográficos dedicados a artistas específicos con esculturas e instalaciones situadas directamente en el paisaje.

Un cambio en la dirección

En noviembre de 2017, el fundador Bernardo Paz anunció su alejamiento por tiempo indefinido de la presidencia del Consejo del Instituto.

Ese mismo mes, el Consejo de Administración designó al economista Ricardo Gazel como nuevo presidente del organismo.

En 2018 Paz fue sentenciado a más de nueve años de cárcel por lavado de dinero y absuelto de los cargos en 2020.

Una utopía museológica

Desde una perspectiva crítica, Inhotim plantea una pregunta interesante:
¿es un museo, un jardín botánico o un parque escultórico?

La respuesta probablemente sea que es las tres cosas al mismo tiempo.

En una época donde muchos museos compiten por la espectacularidad arquitectónica, Inhotim propone otra lógica que no es otra que la del arte que se descubre caminando.

Y ese desplazamiento —entre obra, paisaje y silencio— termina siendo, quizás, su mayor logro aspecto que se debe priorizar a la hora de abordar el arte contemporáneo.


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