Pueblo Garzón, Maldonado.
Debut con criterio y pulso curatorial
En plena temporada estival, cuando Pueblo Garzón reafirma su condición de enclave artístico y sofisticado, abrió sus puertas una nueva galería dirigida por Adriana Napoleone.
El hecho de que se trata de su debut galerístico no es un dato menor.
La galería está instalada en una casa típica del pueblo donde ya había funcionado otra. El antecedente obliga; el resultado, en este caso, convence.
Napoleone —artista y arquitecta proveniente de Tigre— entiende el espacio. Y se nota. Las salas, reducidas pero generosas, respiran.
La obra no compite con el entorno;
sino que dialoga con él.
Los ventanales rectangulares, abiertos al verde circundante, enmarcan la naturaleza como si fuese una pieza más de la muestra.
Allí no hay improvisación.
El montaje revela formación, criterio y una mirada arquitectónica aplicada al campo expositivo.
La galería se organiza en tres sectores. Uno de ellos funciona como trastienda, donde conviven obras de distintos artistas —Judith Britez entre otros incluida la propia Napoleone— en un diálogo armónico, sin estridencias ni acumulaciones innecesarias.
Aquí aparece una primera virtud: la medida justa. Nada abruma. Nada sobra. En tiempos donde muchas colectivas parecen depósitos con buena iluminación, este debut apuesta por la síntesis.
Geometría y silencio: un cruce bien resuelto
La muestra colectiva actual titulada “Estructuras del silencio” reúne a Antonia Guzmán y Adolfo Llorente.
Ella desde la abstracción geométrica; él desde la fotografía. Podría haber sido un contraste forzado pero no lo es.
Napoleone construye vínculos poéticos entre ambos lenguajes donde conviven ritmos, tensiones cromáticas y silencios formales. La relación no es temática sino sensorial. Y ahí radica su acierto.
Antonia Guzmán: geometría con vibración vital
Deudora del arte concreto latinoamericano y de la abstracción geométrica, Guzmán ha construido un lenguaje propio donde el color es protagonista absoluto. Sus acuarelas sobre papeles hechos a mano despliegan espacios imaginarios de sensibilidad cromática; en las telas, las tramas racionales alcanzan un equilibrio enigmático, casi meditativo.
Formada en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, con una trayectoria internacional consolidada —exhibiciones en museos y galerías de América y Europa, premios en Francia y Estados Unidos—, Guzmán trabaja desde hace décadas en Tigre, en diálogo con el paisaje de humedales que impregna su imaginario.
Su declaración es clara: vibrar con la vida. Y esa vibración se traduce en campos cromáticos que, lejos de la frialdad geométrica, respiran humanidad.
Adolfo Llorente: estructuras del silencio
Llorente, por su parte, aporta una fotografía de pulso introspectivo. Abogado de formación inicial, abandonó el derecho para dedicarse a la imagen; egresado de la Escuela Argentina de Fotografía y docente desde 2019, su recorrido incluye muestras como Horizonte Interior y participaciones en el Festival de la Luz.
En este cruce con Guzmán, su lente se vuelve estructura y pausa. Si en ella domina la vibración cromática, en él aparece el silencio. Las fotografías no ilustran, sostienen. Funcionan como contrapunto conceptual y rítmico.
Un debut que entiende el arte contemporáneo
Hay una frase que suele repetirse: el arte contemporáneo se percibe más con el espíritu que con la mente. Aquí esa premisa encuentra coherencia espacial. La galería conduce al visitante con claridad, sin imponer lecturas. El recorrido es cálido, eficaz, honesto.
El debut de Galería Pueblo Garzón no promete fuegos artificiales; promete criterio. Y eso, en el contexto actual, vale oro. Sumado a la calidez de Napoleone —que recibe, explica y acompaña sin invadir—, el espacio no sólo invita a mirar: invita a comprar.
En un pueblo donde el arte ya no es excepción sino marca identitaria, esta nueva galería se suma con inteligencia. Buen comienzo. Ahora, a sostener el nivel.
