José Ignacio, Maldonado.
ULTRAMAR
Ayer, al caer el sol, Gabriela Ezcurra (Buenos Aires), reunió a un grupo de amigos para presentar Ultramar. Y lo que propone no es una exposición decorativa, es una inmersión.
Gabriela buceó —literal y simbólicamente— para entrar en contacto con ese universo submarino donde la vida adopta formas que parecen inventadas. Plantas, corales, criaturas abisales donde todo pasa por su mirada y se transforma en cerámica vibrante y acuarelas que respiran agua.
Hace años que la artista trabaja la cerámica con una marca clara: color sin miedo.
Superficies brillantes, relieves minuciosos, gamas intensas que convierten cada pieza en un organismo casi táctil. El color no acompaña las piezas sino que las domina.
Quienes siguen su trayectoria recuerdan su etapa de grandes lienzos selváticos. Guepardos, loros y vegetación exuberante en escenas donde el exceso era lenguaje. El trópico como fiesta visual. Ahora el escenario cambia y pasa del follaje al fondo marino. Pero la intensidad permanece.
Radicada en Río de Janeiro, con presencia constante en ArtRio y veranos sucesivos en José Ignacio, Gabriela consolida un universo propio reconocible a primera vista.
Ultramar dialoga con la reciente expedición Schmidt Ocean junto a CONICET en el Cañón de Mar del Plata, donde se identificaron más de cuarenta posibles nuevas especies de aguas profundas. Ella toma ese registro científico y lo convierte en otra cosa que no es ni más ni menos que sensibilidad, textura e imaginación. Donde la ciencia clasifica, Gabriela interpreta.
Bajo la superficie hay un mundo que todavía no comprendemos del todo.
Y esta muestra no intenta explicarlo.
Invita a sentirlo.
La muestra se podrá ver hasta el 01 de marzo y la orangerie de la bodega que está gestionado por Mostrador Santa Teresita invita a un brunch, almuerzo, merienda o cena en un escenario bucólico.
