Ecuador: leer para entender el abismo
Viajé a Ecuador con cautela. No por paranoia turística sino por sentido común: un país que ha alcanzado niveles extremos de violencia no se recorre con liviandad.
Mis días entre Cuenca y zonas seguras de Quito —como La Carolina— transcurrieron sin sobresaltos. Más allá de las advertencias habituales (cuidado, zonas protegidas, horarios), no viví escenas alarmantes. Lo inquietante no estaba en la calle, sino en los relatos.
Escuché testimonios de personas directamente afectadas por la violencia, lejos del tono exagerado de los noticieros.
Para comprender mejor el país, busqué literatura ecuatoriana contemporánea. En Montevideo encontré apenas tres libros de cuentos escritos por mujeres. Ninguno amable. Temáticas duras, violentas, descarnadas, pero narradas desde un realismo mágico que, por momentos, suaviza lo insoportable.
Ya en Quito, una librería terminó de completar el mapa. Allí descubrí otros autores. Y finalmente encontré lo que buscaba.
Acabo de terminar “Férreos ejércitos construirán el abismo” (2025), ópera prima del escritor y abogado Felipe Rodríguez Moreno (Quito, 1987). Una novela basada en hechos reales que, por momentos, literalmente se nos cae de las manos. No por mala escritura: por brutalidad.
Si hubiera que resumir este libro en una sola palabra sería esa: brutal.
Desde las primeras páginas, el abismo anunciado en el título atrapa al lector entre la vileza, el horror y los instintos más oscuros de la condición humana.
Rodríguez Moreno escribe con una prosa descarnada, precisa, inteligente. Se mimetiza en las voces de sus personajes con una solvencia inquietante. Nada suena impostado. Todo duele.
La novela, atravesada por múltiples capas temporales, despliega giros vertiginosos, trampas narrativas y una avalancha de dilemas éticos de los que ningún lector sale ileso. El guiño intertextual al modelo Bukele y su guerra sin cuartel contra las pandillas no es casual: es una advertencia.
La historia nos sitúa en Barcelona, donde un abogado ecuatoriano huye de su país para intentar sanar —mediante terapia— las heridas que dejó la violencia. Desde allí, elabora un plan que deja al lector en estado de estupor. El estilo narrativo es particular, incómodo, eficaz.
Las temáticas no ahorran nada: robos a mano armada, secuestros, narcotráfico, corrupción estatal, pedofilia, trata de personas, abuso sexual, pornografía infantil, proxenetismo, homicidios. No hay concesiones ni anestesia.
Ecuador aparece como un territorio tomado por las maras y por una degradación humana sistemática.
Para entender mejor esta voz, me interesé por conocer al autor.
Felipe Rodríguez Moreno es abogado penalista, docente universitario y uno de los columnistas más leídos del país.
Un camaleón que reconoce sus contradicciones y no las disimula. Defiende la honestidad como un valor radical —herencia directa de su padre, fundador de la Comisión Nacional Anticorrupción— aun sabiendo que ese camino cuesta caro. Muy caro.
Creció entre libros, política y ateísmo militante. Se educó en la biblioteca de su abuelo, fue expulsado de colegios privados, eligió un liceo fiscal para salir de su burbuja de privilegios y nunca ocultó su conflicto con la autoridad.
Liberal racional, anticorrupción, incómodo para todos los bandos y asqueado del poder.
Exactamente el tipo de persona que incomoda también desde la literatura.
Rodríguez Moreno escribe como litiga: sin maquillaje, sin miedo y sin buscar aplausos fáciles. Cree —con razón— que la literatura vuelve mejor abogado y que un abogado sin imaginación es apenas un burócrata con título.
“Férreos ejércitos construirán el abismo” no es una novela para recomendar a la ligera. Es un libro necesario. Incómodo. Violento. Honesto.
Como el país que intenta retratar.
Como la realidad que muchos prefieren no mirar.
A partir de allí pude acercarme un poco más a ese país tan conflictivo y muy incomprensible para tantos.

Fotografía: Juan Reyes
