Fachadas de Puebla

Puebla, México.

Un aspecto de Puebla que no deja de seducirme, una y otra vez, es la extraordinaria variedad de portales y fachadas de sus edificios de época, así como la belleza de sus calles, donde cada recorrido parece ofrecer un nuevo descubrimiento.

Incluso me sucede que olvido haber fotografiado algún edificio y vuelvo a retratarlo, cautivado como aquella primera vez en que reparé en su belleza.

Hay algo en esta ciudad que invita a mirar nuevamente lo que ya hemos visto, como si sus detalles nunca terminaran de revelarse.

Muchos de estos edificios históricos han devenido en locales comerciales y otros tantos, lamentablemente, en estacionamientos para coches. Transformaciones que nos hablan de las necesidades de la ciudad contemporánea, pero también de las contradicciones que supone habitar un patrimonio arquitectónico de semejante riqueza.

Me gustaría imaginar el Centro Histórico de Puebla sin un solo coche, recuperando por un momento el ritmo de aquella ciudad concebida en el siglo XVI, cuando los tiempos transcurrían más lentamente y las calles estaban destinadas, ante todo, al encuentro y al tránsito de las personas.

Poder caminar sin prisa, detenerme cuando quisiera y dirigir la mirada en todas las direcciones, especialmente hacia las plantas altas de los edificios, tantas veces relegadas por nuestra costumbre de mirar únicamente lo que sucede a la altura de nuestros ojos.

Porque buena parte de la belleza de Puebla está precisamente allí, por encima de nuestras cabezas, en balcones, cornisas, ventanas, molduras y detalles arquitectónicos que sobreviven al paso de los siglos.

Quizás una de las mejores maneras de preservar una ciudad sea también aprender a mirarla. Y Puebla merece ser contemplada sin la prisa que tantas veces nos impone la vida contemporánea.


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