El museo que todavía no existe

Quito, Ecuador.

Depósitos del patrimonio: el museo que todavía no existe

Entrar en los depósitos del Estado ecuatoriano es una experiencia difícil de traducir. 

Hay un silencio espeso, casi mineral. 

Frente a mí, piezas que fueron moldeadas miles de años atrás: figuras que sobrevivieron al tiempo, vasijas que aún conservan la huella de los dedos que las crearon, restos óseos que pertenecieron a vidas remotas. 

En otra sala, libros de más de quinientos años reposan bajo una luz controlada; la tinta, apenas viva, parece resistirse a desvanecerse del todo. La sensación es la de estar frente a un espejo del pasado que todavía respira.

En Aranjuez, sede de reserva del Ministerio de Cultura y Patrimonio en la esquina de Reina Victoria y Jorge Washington, vi lo que el público aún no puede: estanterías infinitas con obras clasificadas por comunidad, material y exigencias de conservación. 

Quince tradiciones prehispánicas aguardan vitrinas y relato. Algunas piezas pasaron por el Museo Nacional; la mayoría jamás vio la luz en sala museística alguna.

Hay salas con clima específico: una “cámara sarcófago” para orgánicos (conchas, huesos, fibras, restos fósiles) y otra para metalistería —adornos corporales y objetos rituales en bronce, cobre, plata y oro—, testigos del dominio técnico de pueblos como La Tolita y Manteña. 

Junto a ellas, talleres de restauración donde me recibió Rodrigo Garzón y una biblioteca de consulta pública con Leonel

Sánchez como custodio de ese gran tesoro, completan el circuito silencioso donde se estabiliza, limpia y documenta.

El Estado ha reunido este acervo durante décadas mediante compras, donaciones y recuperaciones judiciales, incluida la repatriación desde Italia de miles de pequeñas piezas que salieron ilegalmente. 

Ahora anuncia un llamado a concurso para arquitectos: un museo a la altura de la colección. La conservación está en marcha; falta la casa.

Agradezco a mi amigo Carlos Wilson que me puso en contacto con Nicolás Subía quien se ocupó de la gestión  y el recibimiento de Carlos Montalvo, director del Museo Nacional de Ecuador junto al equipo del mismo. 

Paula Baquero me guió por las salas explicando los criterios de conservación de forma detallada denotando su compromiso y dedicación a su gestión.

En Aranjuez, el futuro del museo ya late: sólo falta abrir la puerta.


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