Desayuno en MNAV

Montevideo, Uruguay.

El MNAV acelera su transformación con una impronta más abierta, más conectado y más vivo

En la mañana del martes 28 de abril, el Museo Nacional de Artes Visuales reunió a periodistas y comunicadores para presentar su programa 2026. La instancia no fue un mero anuncio sino que fue una declaración de intenciones.

La directora Roxana Fabius encabezó la conferencia, acompañada por la directora nacional de Cultura, María Eugenia Vidal, y por Martín Craciun, director del Instituto Nacional de Artes Visuales de la Dirección Nacional de Cultura del MEC

Tres voces alineadas en un mismo eje consistente en actualizar el rol del museo sin traicionar su peso histórico.

Fundado en 1911 y con más de 7.000 obras, el MNAV no necesita presentación. Lo que sí necesita —y parece haber entendido— es movimiento.

Siete líneas, una idea central: activar el museo

El plan se organiza en siete ejes que se articulan con menos solemnidad y más circulación.

*Nueva programación: diálogo entre colección y contemporaneidad. El museo deja de ser archivo y pasa a ser conversación.

*Programas públicos: más protagonismo de artistas, menos intermediación burocrática.

*Educación y mediación: formación con respaldo académico. Profesionalizar un área históricamente subestimada.

*Infraestructura y accesibilidad: reformas concretas (baños incluidos). No se trata de glamour sino de urgencia.

*Redes y posicionamiento: el MNAV quiere jugar en red, no en solitario.

*Sostenibilidad: reactivar la Asociación de Amigos y mejorar la tienda. Cultura también es gestión.

*Equipos: poner en valor a quienes sostienen el museo puertas adentro. Sin esto, todo lo demás es relato.

La premisa es clara: el museo no es el edificio, es el encuentro.

Programación, entre lo histórico y lo vivo

El calendario combina revisiones, apuestas contemporáneas y nombres fuertes.

Entre lo que viene:

*Exposición de Cecilia Brugnini, explorando su tránsito del textil figurativo a la abstracción expandida.

*Muestra de Daniel Gallo, donde la precisión roza lo ascético.

*La emblemática obra de Mariano Fortuny, con su teatralidad romántica intacta.

*Instalación de Harun Farocki, que promete densidad crítica sobre imagen y poder.

*Retrospectiva de Linda Kohen, aún en investigación curatorial.

En paralelo, el museo insiste —y hace bien— en activar el espacio con performances, ciclos de lectura, talleres y programas para infancias. El arte como experiencia, no como vitrina.

El museo sale (literalmente) al encuentro

Una de las líneas más interesantes es que el MNAV empieza a desplazarse. Actividades en barrio, trabajo con públicos diversos, articulación con el entorno del Parque Rodó. El museo deja de esperar visitantes y empieza a buscarlos práctica mundialmente utilizada.

Lo que no se ve (y sostiene todo)

Al cierre del encuentro, los invitados accedimos a una visita a los depósitos. Ahí, lejos del relato, aparece el músculo real del museo.

Más de 7.000 obras conservadas en condiciones estrictas: 18–19°C, 49–50% de humedad. Todo catalogado. Todo controlado.

Conservación preventiva, curativa y restauración: el trabajo silencioso que evita que el patrimonio se convierta en ruina.

No es espectacular. Es imprescindible.

En síntesis

El MNAV no está cambiando de piel, está intentando moverse.

Ahora queda lo más difícil —y donde muchos proyectos culturales tropiezan— que consiste en sostener en el tiempo lo que hoy suena convincente.

Porque en cultura, anunciar es fácil. Ejecutar, no tanto.
A por ello!


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