Montevideo, Uruguay.
Antes que una retrospectiva, “Dani Umpi. Obra reunida” es una inmersión en un universo creativo donde las fronteras entre disciplinas dejan de existir.
La exposición, inaugurada el pasado jueves en la sala principal del Centro de Exposiciones SUBTE, reúne tres décadas de producción de uno de los artistas uruguayos más singulares e influyentes de su generación.
La apertura contó con la presencia del propio Dani Umpi, del curador argentino Rodrigo Barcos (La Plata, 1991) —quien acompaña al artista por tercera vez en un proyecto expositivo— y de la directora del SUBTE, Micaela Azambuya, quienes dieron la bienvenida a un público que colmó la sala.
Lo primero que conviene aclarar es que no estamos frente a una retrospectiva convencional. La propia magnitud de la producción de Umpi vuelve imposible condensarla en un único espacio.
Lo que Rodrigo Barcos propone es una “obra reunida”, una constelación de piezas que dialogan entre sí sin someterse a una cronología. El recorrido privilegia las afinidades, las contaminaciones y las persistencias antes que una lectura lineal de la carrera del artista.
Desde el ingreso, la muestra envuelve al visitante.
El espacio del SUBTE desaparece para convertirse en un gran organismo barroco. Las paredes son ocupadas de piso a techo por collages, mantos, archivos, textiles, vestuarios, fotografías y objetos que convierten la arquitectura en un verdadero laberinto visual.
En este sentido, merece un reconocimiento especial el trabajo del equipo de montaje, que logró adaptar la sala a las exigencias de una obra expansiva y desbordante, permitiendo que el edificio se ponga completamente al servicio del proyecto curatorial.
La producción visual de Dani Umpi encuentra afinidades con el arte pop por su apropiación de la cultura popular, el melodrama y la iconografía mediática. Sin embargo, donde alcanza una identidad más personal es en el diálogo que establece con el neoconcretismo brasileño, corriente que incorpora desde una sensibilidad profundamente rioplatense.
Sus materiales —papeles descartados, envoltorios, residuos gráficos y objetos cotidianos— adquieren una nueva vida mediante procedimientos de acumulación y ensamblaje que transforman el desecho en exuberancia visual.
Entre las obras más potentes sobresalen sus célebres mantos, realizados mediante miles de fragmentos de papel unidos manualmente hasta convertirse en enormes superficies textiles. Estas piezas trascienden el objeto artístico pues son esculturas blandas, pinturas expandida y, al mismo tiempo, dispositivos performáticos que el propio artista activa sobre su cuerpo en distintas acciones. Allí la obra deja de ser contemplada para convertirse en experiencia viva.
Pero limitar a Dani Umpi al campo de las artes visuales sería desconocer el verdadero alcance de su producción.
Su trabajo constituye un sistema donde literatura, música, performance, collage, moda y cultura popular funcionan como partes inseparables de un mismo lenguaje. Esa condición multidisciplinaria es precisamente la que Rodrigo Barcos consigue hacer visible, evitando fragmentar una obra que siempre se ha resistido a cualquier clasificación.
Nacido en Tacuarembó en 1974, Daniel Umpiérrez ha construido una trayectoria excepcional como escritor, músico, performer y artista visual. Novelas como Miss Tacuarembó, llevada al cine por Martín Sastre, discos fundamentales dentro del electro-pop rioplatense y una intensa actividad performática lo han convertido en una figura central de la cultura queer latinoamericana. Su representación por la galería Xippas, con sedes en importantes circuitos internacionales, confirma el reconocimiento que ha alcanzado fuera del país.
Paradójicamente, ese prestigio internacional muchas veces supera el que recibe en Uruguay. Por eso esta exposición adquiere un valor que trasciende lo artístico ya que constituye un acto de reconocimiento hacia un creador que ha expandido los límites del arte contemporáneo nacional y cuya influencia puede rastrearse en numerosas generaciones posteriores.
Umpi abrió caminos para pensar un arte donde el exceso, el humor, el kitsch, la ironía, el deseo y la cultura popular pueden convivir sin jerarquías con referencias esotéricas, filosóficas o conceptuales.
Uno de los mayores aciertos de “Dani Umpi. Obra reunida” reside en su condición de exposición envolvente. El visitante no recorre simplemente una sucesión de obras, sino que ingresa en un universo donde el sentido de la orientación se diluye entre collages, mantos, archivos, objetos y colores que ocupan cada centímetro del espacio. La acumulación, lejos de generar saturación, construye una experiencia inmersiva que invita a perderse para descubrir nuevas relaciones entre las piezas. El recorrido se convierte así en una deriva constante, donde cada giro revela un detalle diferente y el espectador pasa a formar parte del propio dispositivo expositivo.
Sin embargo, la intensidad de esta producción contrasta con la personalidad de su creador. Dani Umpi no solo es uno de los artistas uruguayos más relevantes de las últimas décadas; también es una persona de una calidez poco frecuente. Durante la inauguración quedó en evidencia su cercanía con el público, su disposición a conversar, escuchar y compartir reflexiones sobre su trabajo sin asumir ninguna distancia respecto de quienes se acercaban a saludarlo. Esa actitud generosa y atenta, tanto con amigos como con espectadores, constituye otra dimensión de una obra que siempre ha entendido el arte como un espacio de encuentro, afecto e intercambio.
“Dani Umpi. Obra reunida” no clausura una trayectoria; por el contrario, la mantiene abierta. Es una muestra que confirma que el archivo también puede ser presente, que el exceso puede convertirse en método y que la contaminación entre lenguajes sigue siendo una de las formas más fértiles del arte contemporáneo. Para quienes conocen su obra, representa una oportunidad de revisitar tres décadas de producción desde una nueva perspectiva. Para quienes aún no se han acercado a ella, constituye el mejor punto de partida para descubrir a uno de los artistas uruguayos más libres, inclasificables e internacionalmente reconocidos de nuestro tiempo.
