Concierto casual

Porto Alegre, Brasil.

Caminando por el centro histórico de Porto Alegre, escuché que detrás de mí venían dos personas cantando muy suavemente, con una armonía que inmediatamente llamó mi atención.

Los dejé pasar para poder verlos y seguir disfrutando de aquella complicidad musical que parecía surgir con absoluta naturalidad.

Cuando terminaron de cantar, no pude resistirme y les pedí que cantaran otra para mí.

Tímidamente se miraron, como buscando cada uno la aprobación del otro. Y entonces comenzaron.

Allí, en plena calle, me brindaron uno de los conciertos más lindos a los que he asistido.

Cuando terminaron, siguieron caminando plácidamente mientras retomaban su canto y subían las escaleras de la Igreja Nossa Senhora das Dores. La escena tenía algo de irreal: sus voces, la escalinata, el templo al fondo y ellos alejándose sin ninguna prisa.

Volvimos a cruzarnos dentro de la iglesia. Fue entonces cuando les pregunté cuáles eran sus cuentas de Instagram para poder etiquetarlos.

—No tenemos. Tampoco tenemos teléfonos —me respondieron.

Me sorprendió.

Nos despedimos y seguí caminando por Porto Alegre mientras aquella respuesta me daba vueltas en la cabeza.

Dos personas que cantaban maravillosamente, que no tenían Instagram, que tampoco tenían teléfono y que, después de regalarme un concierto inesperado, continuaron su camino cantando y entraron a una iglesia.

Entonces pensé que quizá me había cruzado con dos ángeles que, por un rato, habían bajado a la Tierra.

Y, entre todas las explicaciones posibles, prefiero quedarme con esa.


Publicado

en

por