Colectivo Sur_Sur

José Ignacio, Maldonado.

Esta semana abrió la primera muestra de Colectivo Sur_Sur en el living de Las Musas, en José Ignacio. Y hay que decirlo sin anestesia: las obras son sólidas, sensibles, bien pensadas. El problema no son ellas. Es la sala.

El espacio —hermoso, sofisticado, impecablemente decorado— tiene tanto carácter que compite. No acompaña, interviene.
En lugar de permitir que las piezas respiren y dialoguen entre sí, las empuja a una convivencia forzada donde cada una parece hablar en voz baja… y sola.

Y este no es un detalle menor. Si algo define a Sur_Sur es el trabajo colectivo. La escucha. El proceso compartido. La construcción de una mirada común en la distancia.

El colectivo Sur_Sur está integrado por: Rita Fischer, Adela Casacuberta, Patricia Bentancur, Paula do Prado y Tamara Burlando

Se conforma a comienzos de 2021, en plena pandemia, como plataforma de intercambio entre artistas latinoamericanas situadas en distintos puntos del hemisferio sur —principalmente Uruguay y Australia—. La distancia como condición productiva. El aislamiento como detonante de pensamiento compartido.

Su statement es claro y hace foco en priorizar el proceso por sobre el resultado. Entender la práctica artística como campo de resonancia y reciprocidad. Tensar lo individual en contacto con lo colectivo.

Todo eso está. Se percibe. Se siente en la calidad de las obras.

La pieza que se impone

Entre todas, “Blood/Sangre” (2019) de Paula do Prado logra el verdadero protagonismo. Hay en esa obra una contundencia que atraviesa la escena. No necesita escenografía. No necesita respaldo decorativo. Se sostiene sola y, paradójicamente, es la que mejor evidencia cuánto ganaría el conjunto en una sala menos protagónica.

La exposición reúne trabajos individuales como primer gesto de estar juntas. Pero el espacio no termina de permitir esa intimidad que, seguramente, motivó el nacimiento del colectivo en 2021.

El living funciona como galería —incluso con precios publicados— y cumple con su rol comercial. Nada que objetar en ese sentido. Pero una cosa es exhibir y otra es generar un dispositivo de diálogo real entre obras.

Aquí cada pieza parece vinculada al entorno más que a sus compañeras.

Y en un colectivo, eso es perder parte del sentido.

Las artistas son muy buenas. El proyecto es serio. El pensamiento detrás es consistente.

Ahora bien: si el Sur quiere hablar en plural, necesita menos decoración y más silencio alrededor.

A veces, para que las obras dialoguen, lo mejor que puede hacer la sala es callarse.


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