Candelabros barrocos

Dos luces barrocas en Montevideo

Candelabros murales tallados en madera y dorados a la hoja

Los adquirí en un remate en Montevideo.

Se trata de un par de apliques murales tallados en madera, dorados a la hoja, con estructura simétrica y presencia frontal dominante. No son objetos decorativos neutros: tienen carácter, peso histórico y una teatralidad que remite directamente al barroco hispanoamericano.

Cada pieza se organiza sobre un eje vertical claramente definido.
La composición no deja espacios vacíos. Todo vibra, todo gira, todo respira ornamentación.

La técnica responde al procedimiento tradicional de imaginería colonial:
*Talla manual en madera (probablemente cedro o madera blanda regional).
*Enyesado o estucado preparatorio.
*Aplicación de bol rojo.
*Dorado a la hoja de oro.
*Restos visibles de policromía original, hoy suavizada por el tiempo.

El desgaste del dorado no es un defecto pues es biografía. El oro ha cedido en aristas y volúmenes salientes, revelando capas subyacentes. No hay uniformidad artificial.

No sé precisamente su origen aunque creo haber oído que veían de Perú.

Por el lenguaje formal y la técnica, estas piezas dialogan con la tradición barroca novohispana o andina (siglos XVII–XVIII), aunque es posible que correspondan a una producción posterior que continúa ese modelo —siglo XIX o principios del XX— algo habitual en América Latina.

Lo relevante no es sólo la fecha exacta, sino la fidelidad al vocabulario barroco donde habita el dramatismo, la simetría, horror vacui y la espiritualidad materializada en oro.

Son candelabros murales devocionales. Piezas pensadas para iluminar altares domésticos o espacios religiosos menores. La luz de la vela no sólo cumplía una función práctica: activaba el dorado, hacía vibrar el oro y transformaba la talla en una superficie viva.

El barroco no se entiende sin luz. Y estos apliques están diseñados para eso.

Que sean dos es fundamental. El barroco ama el equilibrio. Colocados enfrentados, generan un diálogo arquitectónico inmediato. Separados, pierden potencia.

En un remate uno compite. Pero cuando aparece un par completo, la decisión es más simple: se actúa.

Hay objetos que decoran.
Y hay objetos que sostienen una memoria cultural.

Estos no vinieron a adornar una pared. Vinieron a imponer presencia.


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