Bufón indonesio

Esta figura la encontré hace unos cuantos años en Indonesia y desde entonces no dejo de celebrarla.

Tiene ese encanto inmediato de los objetos que no piden permiso: una sonrisa que desarma, un cuerpo que parece listo para arrancar una danza y una gestualidad que contagia buen humor aunque uno venga cruzado.

Tallada y policromada a mano, responde a la tradición popular asiática de los niños festivos, esos personajes que aparecen en celebraciones, rituales callejeros y pequeñas escenas teatrales transmitidas por generaciones.

El craquelado de la pintura le suma historia; el abanico tejido y la maraca completan el gesto ritual.

No hace falta saber su biografía exacta para entender su energía: es un espíritu alegre, un pequeño maestro del entusiasmo cotidiano.

Me la traje porque apenas la vi supe que había que llevársela.

Algunos coleccionan silencios solemnes; yo prefiero estas presencias que irradian vida.

Esta pieza es eso: una dosis portátil de alegría ancestral. Sin vueltas.


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