Mariana, Minas Gerais, Brasil.
Hélio Petrus — El último eco del barroco minero
Cada vez que vuelvo a Minas Gerais, desde hace más de veinte años, hay una parada obligada: el Atelier de Hélio Petrus.
En esta visita pude conocer la ampliación de su taller en Mariana. La casa donde antes vivía se ha transformado en un museo. Sala tras sala aparecen vírgenes, santos, querubines y retablos que parecen haber escapado del siglo XVIII.
Petrus ya no talla con sus propias manos —los años pesan— pero continúa presente en cada obra. Ha formado a un asistente al que guía con precisión casi litúrgica. La madera de cedro se talla primero y luego se envía a policromar, siguiendo la tradición del arte sacro colonial.
Después de recorrer todas las salas me llevó a su taller –donde exhibe sus primeras tallas– y a otra habitación donde exhibe pinturas de distintos artistas que también comercializa.
No es casual que muchos lo consideren el mayor representante contemporáneo del neobarroco brasileño.
Su obra bebe directamente del legado de Aleijadinho, el gran maestro del barroco minero del siglo XVIII.
Nacido en 1943 en el distrito de Felipe dos Santos, Petrus se mudó a Mariana siendo niño y allí ha permanecido toda su vida. Su biografía es tan singular como su obra: fue seminarista, – algo que se percibe en la devoción de sus obras– profesor, poeta, músico, filósofo e incluso alcalde de la ciudad.
Pero ante todo Petrus es escultor.
Sus figuras tienen algo que el barroco siempre buscó que no es nada menos que emocionar antes que explicar. Rostros serenos, cabellos en movimiento, alas delicadas, gestos suaves que parecen flotar sobre la madera.
El barroco, al fin y al cabo, fue siempre un arte pensado para conmover los sentidos.
Sus esculturas hoy circulan por colecciones de todo el mundo, iglesias
mineiras, alcanzando cotizaciones importantes.
En mi caso guardo tres piezas suyas:
una Virgen de la Concepción, un San Antonio y un par de querubines.
Esta vez me habría gustado llevarme un San Francisco de Asís.
Pero viajar también consiste en eso, en
dejar algo pendiente para tener una excusa elegante para volver.
