Antifrágil de Margaret Whyte

Venecia, Italia.

Uruguay en la 61ª Bienal de Venecia: de la vulnerabilidad a la fortaleza

Uruguay ha logrado una sólida representación artística en la 61ª Bienal de Venecia con la participación de la artista Margaret Whyte (Montevideo, 1936), quien presenta Antifrágil en el pabellón nacional ubicado en los Giardini.

A sus 90 años, Whyte continúa desarrollando una práctica incansable y en permanente transformación. Bajo la curaduría de Patricia Bentancur, junto al trabajo de producción de Silvana Bergson y el montaje a cargo de Niklaus Strobel, la propuesta uruguaya ha conseguido destacarse frente al público y la crítica internacional.

La 61ª edición de la Biennale Arte 2026 fue concebida por la curadora camerunesa-suiza Koyo Kouoh bajo el título In Minor Keys (“En tonalidades menores” o “En claves menores”), una consigna que propone alejarse del espectáculo grandilocuente para concentrarse en lo íntimo, lo vulnerable y lo emocionalmente contenido.

Inspirada en las tonalidades menores de la música —tradicionalmente asociadas a la melancolía, la profundidad y la resonancia interior—, Kouoh articuló una bienal enfocada en las prácticas ligadas a la memoria y la fragilidad, las experiencias colectivas, la corporalidad y la oralidad, las ecologías políticas, el duelo, la resistencia y la reparación, las voces históricamente desplazadas, y las formas de percepción menos estridentes y más contemplativas.

Dentro de ese marco conceptual, la propuesta de Whyte aparece como una de las más coherentes y logradas de toda la bienal. Frente a muchos pabellones dominados por el exceso visual y la monumentalidad, Antifrágil apuesta por el silencio, la introspección y la experiencia sensorial.

La instalación está dominada por una gran esfera suspendida, construida a partir de telas de múltiples procedencias, colores y texturas, muchas de ellas donadas por amigos y conocidos de la artista. Ese enorme cuerpo textil funciona un microcosmo, como el planeta mismo y como metáfora del consumo desmedido y del deterioro ecológico y social contemporáneo.

La obra toma como eje conceptual la idea de “antifragilidad”, desarrollada por el pensador franco-libanés Nassim Nicholas Taleb: no solamente resistir el caos, sino fortalecerse a partir de él.

—Siempre apliqué ese concepto de la antifragilidad sin saber que existía ese libro escrito por Taleb y entonces me identifiqué enseguida, — comenta Margaret.

A partir de ello Whyte traduce ese concepto en lenguaje visual mediante textiles, máquinas obsoletas, cascos, restos industriales y materiales erosionados por el tiempo y el uso.
De esa manera la instalación alude directamente a la vulnerabilidad humana, las crisis contemporáneas, el desgaste social producido por el capitalismo, la memoria de los objetos, y la capacidad de reconstrucción desde la precariedad.

También emerge una lectura vinculada al género y al trabajo invisible, especialmente a través del uso del textil como práctica históricamente asociada al cuidado y al universo femenino, desmontando así jerarquías tradicionales entre artesanía y arte contemporáneo.

Los cascos de motociclistas son elementos que la artista ha utilizado a lo largo de su carrera como símbolos de protección, resistencia y resguardo emocional. Más que simples objetos, funcionan como metáforas de vulnerabilidad y supervivencia, creando una tensión entre fragilidad y fortaleza que atraviesa gran parte de su producción.

Curatorialmente, Bentancur entiende el tejido y el ensamblaje como verdaderas “tecnologías políticas” donde unir fragmentos aparece aquí como una forma de resistencia y de reconstrucción colectiva.

La instalación dialoga de manera precisa con el espíritu de In Minor Keys aludiendo a la menos monumentalidad y más resonancia emocional; menos espectáculo y más experiencia afectiva.

Para Whyte, la incertidumbre funciona como método. No busca estabilidad formal ni cierres definitivos, sino exponer la fragilidad física y conceptual de los materiales, permitiendo que el conflicto y la falla formen parte activa de la obra. En ese desplazamiento, la antifragilidad deja de ser solamente un concepto teórico para convertirse en una herramienta de lectura estética y política.

Visualmente, Whyte trabaja casi como una arqueóloga del presente rescatando residuos de una civilización agotada y los transforma en cuerpos poéticos capaces de sobrevivir al derrumbe compuestos asimismo por un gran mensaje de esperanza.

El espacio expositivo aparece rodeado de escombros, objetos destruidos y restos utilitarios que remiten tanto al deterioro urbano como al desgaste de la sociedad contemporánea. Sin embargo, entre esa atmósfera sombría emergen hilos dorados dispersos entre los restos. Son pequeños destellos de la constante esperanza a la que la artista alude.

Esos mismos hilos habitan también en pequeñas cuevas en el interior de la gran esfera suspendida, insinuando que incluso en medio del colapso todavía persiste la posibilidad de recomposición humana y social.

La obra posee un fuerte carácter inmersivo. Con escasa iluminación y una atmósfera casi espectral, el recorrido introduce al espectador en una experiencia de introspección y desasosiego que termina por absorberlo completamente.

Margaret Whyte comenzó su carrera desde el dibujo y la pintura, desplazándose con el tiempo hacia la escultura blanda, lenguaje en el que encontró el soporte ideal para desarrollar su universo conceptual. Su producción mantiene una intensidad admirable pues trabaja diariamente y sus propias manos revelan décadas de labor ininterrumpida.

El pabellón uruguayo cuenta además con un excelente catálogo trilingüe —español, italiano e inglés— y con textos curatoriales cuidadosamente desarrollados, aspectos que evidencian el profesionalismo integral de la propuesta.

No resulta exagerado afirmar que Antifrágil se ha convertido en una de las participaciones latinoamericanas más destacadas de esta edición de la Bienal, especialmente considerando que el pabellón uruguayo se encuentra rodeado por representaciones históricamente dominantes como las de Reino Unido, Alemania, Francia y Estados Unidos.


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