Angelitos negros — Carolina Noguera
Estos angelitos negros, realizados en barro cocido por Carolina Noguera (Tobatí, Paraguay, 1972), condensan una de las expresiones más honestas y conmovedoras de la cerámica popular paraguaya contemporánea.
Pequeños en escala pero densos en presencia, no flotan: avanzan. Son figuras compactas, de brazos abiertos, con alas que no se exhiben sino que se integran al gesto del cuerpo.
El negro profundo que los define no es un color aplicado sino un proceso. Carolina trabaja con ñaiú (barro negro) y caolín (barro blanco) extraídos de las canteras cercanas a su casa, materiales que mezcla, modela y pule antes de someterlos a la quema.
El tono final surge del ahumado, quemando hojas o pasto, logrando superficies irregulares, vibrantes, donde el fuego queda visible.
De esa forma cada pieza conserva la huella del proceso donde nada está disimulado, nada es decorativo.
Los rostros de ojos cerrados introducen un clima de recogimiento.
No interpelan al espectador ni buscan devoción sino que parecen concentrados en su propio tránsito. Son ángeles con peso, con tierra, con memoria.
Ángeles que no bajan del cielo sino que comparten el mismo plano que nosotros.
Conocí estas piezas en 2008, durante un viaje por Paraguay dedicado a descubrir sus artesanías. Estaban casi escondidos en una galería de Tobatí, lejos del protagonismo que merecían.
Allí supe que Carolina no sabía leer y que hacía estos angelitos para sobrevivir y criar a sus dos hijas. Bastó verlos una vez. El color, la austeridad del gesto, la fuerza silenciosa. No dudé. Me llevé un par sin calcular nada más.
Con el tiempo supe que esos ángeles eran más que un hallazgo: eran una toma de posición.
Como dice la canción de Antonio Machín, “el pintor no pinta angelitos negros”. Carolina sí. Y no por consigna, sino por necesidad, por identidad y por verdad.
Hoy siguen conmigo, en mi estudio. No ocupan un lugar de privilegio: ocupan un lugar vivo. No están ahí para ser mirados, sino para acompañar. Y cada vez que los veo recuerdo que algunas de las mejores decisiones como coleccionista no se toman con la cabeza, sino con una intuición inmediata que rara vez se equivoca.



