Alebrije en papel

Alebrije en papel maché — pieza singular

Continuando con la brecha de color de estas recientes reseñas, hoy he escogido esta pieza la que se merece protagonismo.

Este alebrije lo traje de México y es el único de mi colección realizado en papel maché. Y eso lo vuelve excepcional. No por rareza de mercado, sino por carácter y fragilidad asumida.

A diferencia de los alebrijes de madera —más duros, más terrenales— este nació del papel, el engrudo y la paciencia, una técnica profundamente arraigada en el arte popular mexicano, sobre todo en el centro del país.

El papel maché permite lo que la madera resiste: exceso formal, gestualidad extrema y una teatralidad sin freno.

La figura es un manifiesto híbrido compuesto por un cuerpo reptiliano, alas de murciélago desplegadas, cuernos serpentinos, lengua afuera y dientes expuestos y todo en manifestación de colores.

Este dragón no posa. Acecha y está pronto para despegar.
Está en tensión permanente, se le nota también en sus pesuñas de manos y patas, como si el siguiente movimiento fuera inevitable. El color no adorna sino que le afirma identidad.

Rojos encendidos, azules eléctricos, violetas y puntos rítmicos construyen una piel vibrante, casi sonora.

La estructura liviana —armadura interna y capas superpuestas de papel— le da una presencia engañosa: parece frágil, y lo es en su consistencia, pero también es sorprendentemente resistente en espíritu que fue lo que más me sedujo a la hora de escogerlo o que él me escogiera.

Aun así, este alebrije se cuida. No por miedo, sino por respeto. Por eso vive dentro de una vitrina de vidrio, protegido del polvo, del tiempo y de los accidentes domésticos. No está encerrado: está preservado.

Este alebrije no es souvenir ni decoración amable. Es arte popular con nervio, una pieza que carga humor, fantasía y tradición, pero también una conciencia clara de su propia vulnerabilidad. Quizás por eso destaca tanto entre los demás: porque recuerda que no todo lo valioso necesita dureza. A veces basta con papel y buena imaginación. Proviene de otra constelación.

Es el único en papel en mi colección.
El más frágil.
Y, sin dudas, uno de los más vivos.


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