Brumadinho, Brasil.
El azulejo parece perfecto… hasta que se rompe.
Un pabellón que parece silencioso. Hasta que mirás bien: los azulejos se rompen, la arquitectura sangra y un maremoto azul invade las paredes.
En Inhotim, Adriana Varejão desmonta la belleza colonial para mostrar lo que hay debajo.
La artista convierte la arquitectura en carne, el barroco en maremoto y la historia colonial en una herida abierta.
Un pabellón donde los pájaros vuelan sobre azulejos, las plantas devoran desde el techo y una pared puede sangrar.
Vayamos a la nota
La Galería Adriana Varejão en Inhotim: un pabellón donde la historia colonial se abre en canal
Dentro del extraordinario parque de arte contemporáneo Inhotim, en Brumadinho, uno de los pabellones más potentes está dedicado íntegramente a la obra de la artista brasileña Adriana Varejão (Río de Janeiro, 1964).
La Galería Adriana Varejão, inaugurada en 2008 y diseñada por el estudio Tacoa Arquitetos, fue concebida específicamente para albergar obras de gran escala y permitir una lectura integral de la producción de una de las figuras más relevantes del arte contemporáneo de Brasil.
Este espacio fue concebido con el objetivo inicial de albergar dos obras de la artista, adquiridas por el museo y expuestas en la Fundación Cartier: la escultura de Linda do Rosário y el políptico Celacanto Provoca Maremoto.
El arquitecto Rodrigo Cerviño López definió el edificio como un “edificio ciego” logrando una gran caja de hormigón suspendida sobre un estanque reflectante que oculta deliberadamente su interior. El agua duplica el paisaje del bosque circundante y transforma el volumen en una presencia casi silenciosa en medio de la vegetación.
La galería se organiza en dos niveles que interactúan con el entorno natural y con la topografía suave típica de Minas Gerais.
El terreno —antiguamente ocupado por instalaciones de mantenimiento de la finca— fue profundamente modificado mediante un gran movimiento de tierra que permitió crear la plataforma horizontal donde hoy se asienta el pabellón.
Aquí la arquitectura no funciona solo como contenedor sino que forma parte de la obra.
Panacea Phantastica
El recorrido del pabellón comienza con la obra llamada Panacea Phantastica, una serie de azulejos que representan 50 plantas alucinógenas provenientes de distintas regiones del mundo ubicada fuera del edificio que funciona también como banco.
La obra fue concebida como un sistema adaptable a cualquier arquitectura, pero en Inhotim adquiere una forma inesperada ya que se transforma en un banco de azulejos en la entrada de la galería, invitando al visitante a detenerse.
En uno de los paneles aparece un texto que sugiere una analogía directa: así como las plantas pueden alterar la percepción, el arte también es capaz de modificar la conciencia.
Linda do Rosário
La escultura Linda do Rosário pertenece a la serie Charques, uno de los núcleos más impactantes de la producción de Varejão.
La obra presenta paredes de azulejos blancos que se abren violentamente para dejar salir vísceras de apariencia orgánica. El edificio parece desgarrado desde dentro.
Realizada en óleo sobre aluminio y poliuretano, la pieza se inspira en el derrumbe real del Hotel Linda do Rosário en Río de Janeiro en 2002. En ese accidente, las paredes recubiertas de azulejos colapsaron sobre una pareja en una de las habitaciones.
Aquí el azulejo —símbolo de refinamiento colonial— se transforma en carne. La arquitectura se vuelve cuerpo.
O Colecionador
La pintura O Colecionador pertenece a la serie Saunas y se presenta como un laberinto arquitectónico de vapor, sombras y reflejos.
Con una paleta casi monocromática, la obra evoca espacios de placer y sensualidad. Al mismo tiempo, prolonga visualmente la arquitectura del pabellón, creando una continuidad imaginaria entre pintura y edificio.
Celacanto provoca maremoto
Entre las piezas centrales se encuentra Celacanto provoca maremoto, una instalación monumental compuesta por 186 pinturas que recubren las paredes del pabellón.
La obra parte del lenguaje de la azulejería portuguesa y del imaginario barroco para construir un océano visual donde olas, fragmentos pictóricos y rostros angelicales emergen entre los paneles azules.
El título procede de una frase popularizada en Río de Janeiro como grafiti urbano en los años setenta, derivada de la serie japonesa National Kid. El celacanto —un pez prehistórico considerado extinto durante millones de años— funciona aquí como metáfora de lo que vuelve desde las profundidades.
En la instalación, la cuadrícula de azulejos aparece deliberadamente irregular, evocando las reparaciones improvisadas de los antiguos murales coloniales. De ese gesto surge una arquitectura del caos que alude a la historia atlántica que unió Portugal y Brasil durante las grandes navegaciones.
Carnívoras
El políptico Carnívoras retoma el lenguaje de la azulejería tradicional, pero lo desplaza hacia un territorio botánico inquietante.
Cada panel representa plantas carnívoras —entre ellas Darlingtonia, Dionaea, Drosera, Heliamphora y Nepenthes— tratadas como retratos individuales.
Instalada en el techo del pabellón, la obra puede observarse desde distintos niveles del edificio, generando una experiencia espacial que mezcla pintura, arquitectura y percepción.
Passarinhos – de Inhotim a Demini
En contraste con la violencia de otras piezas, Passarinhos – de Inhotim a Demini introduce una dimensión más contemplativa.
La obra se inspira en la experiencia de la artista viviendo en la comunidad yanomami de Demini, en la Amazonía. En ella aparecen aves representadas sobre azulejos pintados a mano, evocando el profundo vínculo simbólico que los pueblos indígenas mantienen con estos animales
Estos azulejos fueron pintados a mano, realizados por la ceramista Beatriz Sauer a partir del diseño de la artista.
El trabajo conecta la tradición colonial del azulejo con una sensibilidad contemporánea ligada a la naturaleza y a las culturas originarias.
Un pabellón donde arte y arquitectura se confunden
La Galería Adriana Varejão así permite recorrer algunos de los temas centrales de la artista: la historia colonial brasileña, el sincretismo cultural, la relación entre arquitectura y cuerpo, la violencia escondida bajo la decoración y la interacción entre naturaleza, ciencia y pintura
Azulejos portugueses, pintura al óleo y estructuras arquitectónicas se combinan aquí para revelar que la superficie decorativa de la historia siempre oculta algo debajo.
En Inhotim, Varejão parece recordarnos algo incómodo pero inevitable: cuando el azulejo se rompe, lo que aparece no es el muro. Es la historia.
