Daniel Benoit: Historias mínimas – La Pasionaria Jun 2009

“La fotografía no es en absoluto real, sino una ilusión de realidad en la que creamos nuestro propio mundo privado”. 

Arnold Newman

Creemos conocer el mundo que nos rodea a través de una conceptualización de la realidad que fabricamos a través de imágenes. 

La fotografía nos habla supuestamente de “lo real”, induciéndonos a aceptar como creíble lo que se dibuja a través de la lente y relegando a un plano secundario al aparente real fotografiado y a la subjetividad del autor. 

Ese impuesto valor documental del lenguaje fotográfico hace que no repararemos en que lo que estamos viendo en una fotografía son, apenas, fragmentos de pequeñas historias adivinadas y creadas por nosotros mismos.

El acto de fijar una imagen con una cámara fotográfica responde a un impulso subjetivo, a un instinto visual que dispara vivencias interiores y que traslada la mirada, guiándola al encuentro de si misma en otra parte, fuera de nosotros mismos. 

Al entrelazarse con una situación que se presenta ante nuestros ojos, genera una ficción, un extraño vaticinio, una historia. 

Lo que surge de esa fotografía suele ser el reflejo de nuestra percepción profunda, de nuestra fantasía, una adivinación atravesada por una emoción en tiempo fugaz.

Daniel Benoit, viajero incansable, observador agudo y sensible, nos presenta esta serie de minirrelatos, en apariencia insignificantes, que contrastan con la amplitud del paisaje que tuvieron como escenario.

Benoit deja caer sus emociones en cada uno de estos episodios fugaces, que reflejan su propia intimidad pero que, sin embargo, adquieren vida propia.

Historias mínimas que disparan la fantasía del observador, llevándolo al encuentro del mundo interior del autor.

Oscar Bonilla

La manera con la cual Daniel Benoit nos deja participar de sus viajes por el mundo no es a través de una simple documentación fotográfica de sus vivencias. Son fotografías compuestas de modo tal que las personas parecen estar en una cierta armonio formal con sus entornos. Por otra parte, las imágenes tienen colores que atrapan y transmiten mundos diferentes a los nuestros.
Pero esto es, apenas, una primera capa. Por debajo de ella se anuncia la posibilidad de poder meditar, no solamente sobre la relación de las personas con sus acciones y entornos, sino sobre sus mundos interiores. Las personas no están posando y la mayoría de ellas aparentemente ni se han dado cuenta de que han sido fotografiadas. Daniel Benoit nos convierte en cómplices, nos acercamos y a veces hasta entramos con él, a través de su mirada fotográfica, al aura de esas personas, invadiendo sus espacios personales, penetrando en los pensamientos posibles de los fotografiados, que aquí, fijados y expuestos, abren ante nosotros nuevas formas de percibirlos.
Las historias que uno espera que se cuenten no se cuentan porque no se oyeron nunca, el viajero ya se ha ido a otro lado. Las preguntas que se plantean pueden trascender las respuestas y hacernos sentir que también podríamos ser una de estas personas. Y es entonces que podemos salir un momento de nosotros mismos y percibirnos como una historia más. ¿Qué está haciendo esta persona o esta otra ahora, en este momento, en el cual estamos construyendo un significado sobre o a partir de ella? 
Daniel Benoit nos invita a construir historias propias, a reflexionar sobre nuestra vida al ver las otras vidas fotografiadas. Nos invita a construir un sentido, de acuerdo con los antiguos significados de “sentido”: “camino”, “dar dirección”, para emprender un viaje que puede cambiar bastante los puntos de vista sobre nuestros comportamientos y nuestra vida en este mundo. 

Michael Bahr

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