Pueblo Garzón, Uruguay
LA PINTORA DEL AMOR
Pueblo Garzón es un sitio enigmático donde la reinante y absoluta tranquilidad no condice con el grado de creatividad que el lugar incita.
Sin lugar a dudas se debe de tratar de una zona con una energía muy poderosa que atrapa a quienes suelen pasar circunstancialmente por allí y quedan atrapados cual tela de araña.
El caso de Eva es uno de ellos.
Eva Claessens nació hace poco mas de 50 años en Amberes, Bélgica, dentro de un seno familiar donde el arte no ocupada una prioridad educativa.
Desde que comenzara la escuela, prácticamente, Eva se sintió atraída por el arte y siempre han sido sus inquietas manos las transmisoras de su necesidad expresiva.
A la hora de decidir su carrera universitaria se impuso a su padres y con 18 años se fue a estudiar arte a Florencia, cuna indudable de artistas.
Allí estuvo formándose durante un año y luego logró una beca en Perugia donde estuvo cuatro años.
A partir de su decisión, supo que ese sería su camino, su motivación de vida y desde entonces no ha cesado de crear.
Cuando se relaciona con el otro, Eva se comporta de una forma muy expresiva. Sus rasgos y movimientos corporales sumado a su delgadez la caracterizan como una bailarina.
Sus manos inquietas han sido siempre el motivo de sus creaciones. Son ellas las que le ordenan estar en constate movimiento y no puede estar sin expresarse.
A través de emociones y sensaciones inspirada en la naturaleza, Eva se manifiesta creando sus obras.
Trabaja con pinceles, lápices y modela mucho también con sus manos.
Es increíble la versatilidad que tienen sus obras desde los lienzos, el papel, el bordado, hasta llegar a esculturas tan rígidas como lo son las de mármol, lo que luego conjuga a modo de vínculo amoroso.
La confrontación de sus telas pintadas ya fuera algodón o lino, intervenidas con el bordado, frente a una mole de mármol, crean una suerte de instalación que invita a sus clientes a adquirir el conjunto. Si las separáramos estaríamos cometiendo un sacrilegio amoroso, al menos así lo veo yo.
De esa forma, a través de sus obras en diálogo, lo conocí en Este Arte en la edición 2024 en José Ignacio, aspecto que me llamó poderosamente la atención.
La liviandad de la tela es observada por la rigidez de una pieza de mármol dando cuenta de una paciencia absoluta en un constante vínculo amoroso.
Eva vive el verano rioplatense en su casa de Pueblo Garzón, la cual fue reconstruida y enteramente diseñada por ella misma.
Allí se recluye ajena al ajetreo social desconociendo prácticamente los artistas que integran el escenario local.
No es muy comunicativa, mas bien es de pocas palabras y sumamente observadora.
Mientras hablábamos sentía que me estaba escaneando con su mirada.
Suele captar el espíritu de las personas que luego le gusta volcar en sus retratos con muy pocos trazos, donde la mirada del modelo cumple un rol primordial protagónico conduciendo y atrapando la atención del espectador. Nunca lleva a cabo retratos a partir de fotografías pues no solo son sus ojos quienes trabajan a la hora de componer, sino que pone también todos sus sentidos al servicio para captar la esencia de la persona.
Llegó a Uruguay hace 12 años de paseo guiada por quien fuera su pareja. Enseguida quedó fascinada con Pueblo Garzón donde se compró una fracción de campo.
Hace un año se mudó y vive en una casa en el centro de la ciudad.
Toda su casa taller es una obra de arte inclusiva.
Allí ella se desempeña dentro de una precariedad casi minimalista con la sola presencia de los elementos suficientes para crear.
Pinta sobre la alfombra que ocupa el espacio central de su living, donde el aire se cuela por las ventanas las cuales nunca están cerradas, todo lo que propicia un ámbito acorde a su emotividad conductora de sus creaciones.
Sus cuadros, muy poéticos por cierto, denotan que Eva apenas apoya el pincel sobre la tela. Sus inquietas manos le ordenan ir de un lado al otro de una forma muy sutil.
Son pinturas gestuales que manifiestan una constante poética visual por la cual Eva se manifiesta.
Le gusta escuchar los sonidos de la naturaleza mientras trabaja y también se acompaña con una musica de fondo donde el chelo ocupa uno de sus instrumentos preferidos.
Sus esculturas, algunas de aparente tenor abstracto, están compuestas por cuerpos abrazados que se funden uno contra el otro, con rasgos apenas perceptibles como pueden ser manos o pies, elementos que caracterizan su retórica artística.
Estas piezas son el resultado del modelado en barro que ella hace y que luego envía a producir en bronce o en mármol a través de un programa que luego de escanear la pieza en tercera dimensión, son talladas por una máquina.
Ella misma se ocupa de escoger los bloques de mármol que traslada desde el sur de Francia donde reside el resto del año hasta Pueblo Garzón.
Eva Claessens carece de representantes o galerista alguno.
Prefiere comercializar sus obras directamente con sus clientes, aunque en algunos casos accede a contratos puntuales como ha sido el caso de Galerie Natasha Girardi de Mónaco presentada por Galleria Vik, que la representó en esta edición de Este Arte 2024.
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