Puebla, México.
Una celebración de la memoria y la vida en Puebla.
Hoy tuve la oportunidad de participar en la inauguración de un altar dedicado al Día de Muertos, una de las tradiciones más entrañables y significativas de la cultura mexicana.
Bajo el título “Ofrenda al amor perdido”, el encuentro tuvo lugar en el restaurante Agave y Maíz, un espacio que también cuenta con su propia destilería de mezcal.
La creación del altar estuvo a cargo del artista Francisco Guevara y contó con la participación del reconocido antropólogo Eduardo Merlo Suárez, quien asistió acompañado de su esposa, la museóloga Quetzalina Sánchez.
La ceremonia estuvo cargada de simbolismo y emoción. Se encendieron las velas, se esparcieron pétalos de flores de cempasúchil, cuyo color y aroma acompañan tradicionalmente el regreso de las almas, y cada uno de los presentes tuvo la oportunidad de colocar los nombres de sus seres queridos fallecidos.
Un gesto sencillo, pero profundamente conmovedor, que convirtió la memoria individual en una experiencia colectiva.
Concluido el ritual, pasamos a la mesa para disfrutar de una cena servida en varios tiempos, acompañada por una cuidada selección de mezcales que enriquecieron la experiencia gastronómica.
Más allá de la celebración, el encuentro permitió acercarnos a una tradición de profundas raíces mesoamericanas que, enriquecida por el sincretismo religioso, continúa ocupando un lugar fundamental en la identidad cultural mexicana.
Porque el Día de Muertos no es solamente una evocación de quienes partieron, sino también una celebración de quienes permanecen vivos en nuestra memoria.
Una noche en la que el arte, la gastronomía, los rituales y los afectos se encontraron para recordarnos que el amor también tiene memoria.

Ofrenda al amor perdido
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