Puebla, México.
Francisco Guevara y la memoria como forma de resistencia
En el primer patio del histórico Edificio Carolino, en el corazón de la ciudad de Puebla, México, se presenta Revolución en las Ficciones del Trópico, una exposición del artista mexicano Francisco Guevara (Puebla), bajo la curaduría de la Dra. Kirsten Pai Buick.
La muestra, que celebra los 25 años de trayectoria artística de Guevara, constituye una propuesta que trasciende la contemplación estética para adentrarse en territorios vinculados con la historia, la identidad, la memoria y las relaciones de poder.
A través de una instalación multidisciplinaria que reúne pinturas, esculturas, mobiliario, collages, textiles, joyería, arte plumario y objetos de diversa naturaleza, Guevara construye un universo visual en el que pasado y presente dialogan permanentemente.
No se trata simplemente de reunir disciplinas artísticas, sino de establecer conexiones entre materiales, técnicas y conocimientos que remiten a distintas culturas y momentos históricos.
La exposición propone una lectura decolonial de la historia de México, aunque sus planteamientos trascienden las fronteras nacionales para abordar las consecuencias de los procesos de colonización en diferentes territorios del mundo.
La invención del trópico
Uno de los aspectos más interesantes de esta propuesta es el cuestionamiento de la propia noción del trópico.
Como señala la curadora Kirsten Pai Buick en su texto, las potencias europeas transformaron una región geográfica en una construcción cultural, económica y política que sirvió para justificar la explotación de territorios, recursos naturales y poblaciones.
El denominado descubrimiento de América aparece entonces como una operación de apropiación que no solamente afectó a los territorios y sus habitantes, sino también a sus lenguas, conocimientos, creencias y formas de organización.
Resulta particularmente interesante detenerse en esta reflexión: ¿cómo puede descubrirse aquello que ya estaba habitado, conocido y culturalmente construido por otros?
El descubrimiento, entendido desde esta perspectiva, deja de ser una hazaña civilizatoria para convertirse en un instrumento de dominación.
La curadora introduce además el concepto de epistemicidio, referido a la destrucción o deslegitimación de los conocimientos de los pueblos sometidos.
Es precisamente frente a estos mecanismos de dominación que Guevara desarrolla su propuesta artística.
Los ancestros como presencia activa
Otro de los ejes fundamentales de la exposición es la ancestralidad.
Para Guevara, los ancestros no constituyen únicamente figuras pertenecientes al pasado, destinadas a permanecer inmóviles en los archivos de la historia.
Son presencias que continúan actuando sobre nuestro presente.
El artista sostiene:
“Ancestro es una categoría de supervivencia y de conocimiento insurgente”.
Esta afirmación permite comprender buena parte de la exposición.
La memoria deja de ser un ejercicio nostálgico para convertirse en una herramienta de resistencia y responsabilidad.
Guevara plantea que reconocer a nuestros ancestros implica asumir una relación ética con quienes nos precedieron, particularmente con aquellos que atravesaron situaciones de dominación y transmitieron conocimientos que permitieron la supervivencia de sus comunidades.
En su reflexión incorpora el pensamiento del filósofo Emmanuel Levinas, para quien la presencia del otro establece una responsabilidad que antecede a nuestra propia voluntad.
Desde esta perspectiva, la ancestralidad no se limita a una cuestión genealógica o biológica. Se transforma en un compromiso con el pasado y, fundamentalmente, con el futuro.
Esta dimensión resulta especialmente significativa en sociedades latinoamericanas donde las huellas de la colonización permanecen presentes, muchas veces de manera silenciosa, en nuestras estructuras culturales y sociales.
Los materiales también hablan
Uno de los aspectos que considero más atractivos de la exposición es la diversidad de recursos empleados por Guevara.
La pintura convive con la escultura, los textiles, la joyería, el mobiliario y el arte plumario, estableciendo relaciones que desdibujan las fronteras tradicionales entre las llamadas bellas artes y las artes aplicadas.
Esta decisión no es menor.
Durante siglos, los sistemas de clasificación artística impuestos desde Europa establecieron jerarquías entre determinadas formas de creación, relegando muchas manifestaciones indígenas y populares a categorías consideradas secundarias.
Al incorporar estas técnicas y materiales dentro de una misma propuesta, Guevara cuestiona indirectamente esas jerarquías y reivindica otras maneras de producir y transmitir conocimiento.
Los objetos dejan de ser únicamente elementos visuales para convertirse en portadores de historias.
En este sentido, la instalación funciona como un espacio de encuentros y tensiones donde cada material aporta una dimensión particular al discurso general.
La multiplicidad de lenguajes también exige del espectador una actitud activa. No alcanza con recorrer la exposición buscando exclusivamente cualidades formales; es necesario detenerse, establecer asociaciones y comprender que buena parte de su significado se encuentra en las relaciones entre las obras.
El arte frente a las narrativas del poder
La propuesta de Guevara se inscribe dentro de una corriente del arte contemporáneo que entiende la creación artística como una herramienta para producir conocimiento y revisar los relatos históricos.
No pretende ofrecer una reconstrucción objetiva del pasado, sino cuestionar las versiones que durante siglos fueron presentadas como verdades incuestionables.
La exposición invita a reflexionar sobre quiénes escribieron la historia, desde qué posiciones de poder lo hicieron y qué voces quedaron excluidas de esas narraciones.
Hay aquí una cuestión que considero fundamental: la colonización no concluye necesariamente cuando desaparece la dominación política.
Sus consecuencias pueden persistir en el lenguaje, en las estructuras sociales, en los criterios estéticos y hasta en nuestra manera de interpretar el mundo.
Por eso, revisar el pasado no significa permanecer atrapados en él, sino comprender mejor las condiciones que determinan nuestro presente.
Una exposición para pensar
Revolución en las Ficciones del Trópico es una exposición que requiere tiempo y disposición para la reflexión.
Su riqueza no reside exclusivamente en la variedad de obras y materiales, sino en la capacidad de articular una propuesta conceptual que vincula historia, filosofía, política y creación artística.
En un edificio de profunda significación histórica como el Carolino, esta reflexión adquiere además una dimensión particular. La arquitectura, vinculada al pasado colonial de Puebla, se convierte en un escenario especialmente pertinente para cuestionar los relatos heredados de aquel período.
La muestra plantea interrogantes que permanecen abiertos mucho después de abandonar el espacio expositivo.
¿Qué significa realmente pertenecer a una cultura? ¿Cuánto de nuestra identidad responde a construcciones impuestas? ¿Qué conocimientos hemos perdido y cuáles permanecen vivos gracias a quienes resistieron?
Francisco Guevara no parece interesado en ofrecer respuestas definitivas.
Su propuesta consiste, más bien, en abrir espacios para revisar aquello que creemos conocer.
Y quizás allí radique uno de los mayores valores del arte contemporáneo: su capacidad de incomodarnos intelectualmente, cuestionar nuestras certezas y ofrecernos otras posibilidades de interpretación.
Porque recordar a nuestros ancestros no debería consistir únicamente en mirar hacia atrás.
También significa reconocer cuánto de ellos permanece en nosotros y qué responsabilidad asumimos frente a quienes vendrán.
Revolución en las Ficciones del Trópico
Artista: Francisco Guevara
Curaduría: Dra. Kirsten Pai Buick
Lugar: Primer patio del Edificio Carolino, Centro Histórico de Puebla, México.
Fechas: Del 13 de agosto al 16 de noviembre de 2026.
Motivo: Celebración de los 25 años de trayectoria artística del artista.
