CDMX, México.
Tomarle el pulso a la ciudad
Hoy dediqué buena parte de mi itinerario al Centro Histórico de Ciudad de México.
Me gusta comenzar así mis visitas, caminando sin demasiadas prisas, intentando tomarle el pulso a la ciudad.
El Centro Histórico es un territorio de contrastes. Multitudes de turistas conviven con el intenso trajín de sus habitantes, mientras algunos de los mejores museos de la ciudad se alojan entre edificios que conservan siglos de historia.
Las antiguas casonas, las fachadas de época y las calles cargadas de memoria invitan a caminar sin rumbo fijo, dejando que la ciudad sorprenda a cada paso.
Hay olores, colores, voces y hasta una particular musicalidad en los pregones de los vendedores que buscan atraer a su público. Todo compone una atmósfera bulliciosa, algo caótica, pero profundamente vital. Al menos para mí, muy agradable.
A esta experiencia se suma la presencia de los altares que comienzan a prepararse para celebrar el Día de Muertos. Flores, colores, imágenes y ofrendas anticipan una de las tradiciones más entrañables de México, donde la memoria de los ausentes se transforma en una celebración de la vida. Una manera singular y conmovedora de relacionarse con la muerte.
Y, por supuesto, está la sabrosa cocina popular mexicana, presente en cada rincón. Puestos callejeros, pequeños restaurantes y mercados ofrecen un universo de aromas y sabores que forman parte inseparable de la identidad de esta ciudad. Aquí la gastronomía también es cultura, tradición y encuentro.
Las librerías tienen su propio encanto. Algunas parecen resistirse al paso del tiempo y ejercen esa irresistible tentación de entrar, curiosear y perder la noción de las horas.
En el Centro Histórico, la cultura no se limita a los museos. Está también en las calles, en sus personajes, en la arquitectura, en sus tradiciones y en esa convivencia permanente entre el pasado y el presente.
Imposible abarcarlo todo en una jornada.
Me quedan lugares por descubrir, puertas por atravesar, sabores por probar y calles por recorrer.
Otro día regresaré.
