Claudio Rama

Montevideo, Uruguay.

Entrando al mundo de Claudio Rama

La semana pasada visité a Claudio Rama en su taller. Entrar allí implica sumergirse de inmediato en un universo que da cuenta tanto de su mundo intelectual como de su producción artística.

Las paredes están tapizadas por bibliotecas colmadas de libros. Entre ellas, sus obras van conquistando cada espacio libre disponible, estableciendo una convivencia casi natural entre literatura, pensamiento, memoria, coleccionismo y creación.

Y hay otro universo que forma parte inseparable de ese lugar como es su extensa colección de máscaras etnográficas latinoamericanas, reunida a lo largo de los años y que supera las 900 piezas. Una sala especialmente acondicionada, con un deshumidificador funcionando de manera permanente, protege parte de este patrimonio. Una importante selección de la colección se encuentra actualmente exhibida en préstamo en el MAPI.

Durante la visita y la conversación nos acompañó también el artista venezolano Aaron Sosa, quien registró algunos momentos del encuentro con su cámara.

Pero ingresar al taller de Claudio Rama es, sobre todo, acercarse a su particular mundo artístico.

Hasta los contenedores transparentes que utiliza para mantener a la vista los diferentes materiales con los que trabaja terminan adquiriendo una dimensión estética. Clasificados, ordenados, separados y expuestos, dejan de ser simples depósitos de materiales para parecer, ellos mismos, pequeñas obras.

Esa necesidad de ordenar, clasificar, dividir y encajonar reaparece en su producción. Sus cajas construyen pequeños escenarios en los que objetos, imágenes, palabras y símbolos ocupan espacios delimitados, casi como si cada elemento necesitara encontrar su propio territorio antes de entrar en diálogo con los demás.

Hay allí algo de literatura llevada al espacio —que sin lugar a dudas proviene de su madre— así como de narración detenida en tres dimensiones. Un territorio cercano al realismo mágico, donde cada composición propone una historia pero evita cerrarla pues es el espectador quien debe observar, asociar, interpretar y finalmente completar el relato.

Pero esa necesidad de compartimentar también despierta resonancias dentro de la historia del arte uruguayo. Inevitablemente nos lleva a recordar determinados trabajos de Jorge Damiani (1931-2017) y, de manera aún más directa, las cajas, retículas y casilleros de Nelson Ramos (1932-2006).

No se trata de establecer filiaciones apresuradas, sino de reconocer una sensibilidad compartida frente al espacio de encerrar para mostrar, separar para relacionar, ordenar para provocar nuevas asociaciones.

En Rama, sin embargo, la caja adquiere su propia lógica narrativa. Cada compartimento parece custodiar un fragmento de historia y cada objeto espera ser activado por la mirada del espectador.

Nada parece estar allí simplemente para ser contemplado.

Cada elemento establece relaciones con los demás y provoca nuevas lecturas. Las cajas funcionan como pequeños dispositivos narrativos capaces de trasladarnos de lo cotidiano a lo fantástico y de lo reconocible a aquello que exige una segunda mirada.

Nuestra conversación recorrió inevitablemente muchas aristas entre otros el arte, los libros, el coleccionismo, la educación, la cultura y las experiencias acumuladas durante una vida intelectual particularmente intensa. Aaron Sosa se sumó a ese intercambio y fue también quien nos dejó el registro fotográfico de una visita cuyo tiempo, como suele suceder cuando una conversación interesa, terminó quedándonos corto.

Claudio Rama Vitale (Montevideo, 1954), hijo del crítico e intelectual Ángel Rama y de la poeta Ida Vitale, Premio Cervantes 2018, ha desarrollado una extensa trayectoria como ensayista, economista, investigador y profesor especializado en educación superior latinoamericana. A esa dimensión académica se suman dos pasiones que su taller revela inmediatamente como lo son el coleccionismo y la creación artística.

Durante la visita hubo, además, una presencia que resultó imposible ignorar: el negro y el rojo.

Dos colores que aparecen con una intensidad que difícilmente pueda considerarse casual y que abren otra puerta para aproximarnos a su obra.

Pero ese análisis merece su propio tiempo.

Lo dejaremos para su próxima exposición.

Por ahora, los invito a entrar conmigo, a través de este video, al singular universo creativo de Claudio Rama.


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