Porto Alegre, Brasil.
Atento a la movida artística de Porto Alegre y siguiendo algunas recomendaciones, llegué hasta Casa Musgo, un espacio independiente que vale la pena conocer no solamente por lo que exhibe, sino también por la manera en que entiende y practica el arte.
Allí me recibieron Rodrigo Marroni y Martina Medeiros, matrimonio y artistas, quienes llevan adelante este atelier donde conviven diferentes disciplinas, técnicas y maneras de producir.
Más tarde se sumó a la conversación Leo Caobelli, artista que mantiene un vínculo cercano con el espacio y que recientemente presentó allí una muestra individual. Su incorporación a la charla terminó enriqueciendo aún más el encuentro y me permitió aproximarme, desde distintas voces, al panorama artístico de Porto Alegre.
Casa Musgo funciona como un espacio cultural independiente que procura acercar el arte a la gente y, fundamentalmente, generar vínculos entre artistas, obras y público. Es una casa en el sentido más amplio del término con un lugar donde se exhibe, se trabaja, se conversa, se enseña y se intercambian experiencias.
Y eso se percibe apenas uno comienza a recorrerla.
La amplia galería se encuentra dividida en diferentes sectores. Una sala está destinada a exposiciones temporales; otra reúne obras disponibles para la venta, mientras que un tercer espacio funciona como estudio y lugar de producción para los artistas residentes.
La casa continúa en un segundo piso, donde Rodrigo y Martina tienen sus propios espacios de trabajo. Allí pude aproximarme también a sus producciones personales: Rodrigo trabaja, entre otros procedimientos, con ensamblajes y collage, mientras que Martina desarrolla su obra desde la escultura.
Esta posibilidad de pasar casi naturalmente de la sala de exposiciones al lugar donde las obras se producen constituye uno de los aspectos más interesantes de Casa Musgo. Se elimina parte de esa distancia que muchas veces separa al público del proceso artístico.
El estudio permanente alberga el trabajo de los artistas residentes y buena parte de las obras que luego integran la colección y la tienda. También recibe ocasionalmente artistas invitados, además de funcionar como escenario para cursos y talleres.
Las técnicas que allí conviven son diversas: pintura, fotografía, dibujo, grabado, escultura, acuarela, pintura sobre porcelana, collage, entre otras. La interdisciplinariedad no parece responder a una consigna impuesta, sino a la propia dinámica de la casa.
Asimismo conforman colectivo integrado por Rodrigo Marroni, Lipe Albuquerque, Martina Medeiros, Gabriel Xè y Alan Space.
Pero Casa Musgo procura que el arte salga también de sus paredes y el colectivo participa en proyectos vinculados con otras plataformas y disciplinas —música, cine, publicidad o moda— y desarrolla intervenciones pictóricas y murales para fachadas, comercios y edificios. Paralelamente a la producción individual de cada integrante, el grupo realiza proyectos específicos y personalizados.
Tuane Eggers: mirar lo que sucede bajo nuestros pies
Actualmente, la sala principal presenta la primera exposición individual de Tuane Eggers, artista y doctoranda en Artes Visuales por la UFRGS.
Con curaduría de Maria Ivone dos Santos, la muestra reúne doce obras realizadas entre 2017 y 2026 mediante fotografía, video y textos.
La propuesta nos desplaza hacia una escala que con demasiada frecuencia ignoramos, la de aquellos organismos, relaciones y transformaciones que suceden literalmente bajo nuestros pies.
Suelo, rocas, hongos, líquenes y micorrizas aparecen bajo la mirada detenida de Eggers. La artista se acerca a ese universo aparentemente minúsculo para revelar algo considerablemente mayor con complejos sistemas de cooperación y coexistencia en los cuales diferentes organismos dependen unos de otros para sobrevivir.
En tiempos atravesados por profundas crisis ambientales, detenerse a observar estos procesos adquiere inevitablemente otra dimensión.
Como señala el texto curatorial de Maria Ivone dos Santos, “la simbiosis y la coexistencia se destacan como nociones primordiales para la vida en el planeta”.
La exposición incorpora además trabajos realizados en relación con familiares y amigos, donde la presencia de las manos introduce otra escala de afectividad y colaboración. A ello se suma la participación de tres artistas invitadas —Anais Karenin, Chana de Moura y Mai Fujimoto— que responden a las Instrucciones para una práctica de atención propuestas dentro del proyecto.
El resultado es una muestra delicada que obliga a modificar la velocidad de nuestra mirada.
No hay aquí necesidad de grandes estridencias. Eggers trabaja sobre aquello que existe silenciosamente, que crece, se transforma y establece vínculos aunque nosotros pasemos por encima sin siquiera advertirlo.
Quizás allí radique uno de los aspectos más interesantes de la propuesta que es hacer visible aquello que siempre estuvo delante —o debajo— de nosotros.
Mi paso por Casa Musgo terminó siendo bastante más que la visita a una exposición. Fue también el descubrimiento de una modalidad de gestión cultural independiente donde exposición, producción, comercialización, enseñanza y encuentro conviven bajo un mismo techo.
Y mientras recorría la casa surgió inevitablemente otra reflexión como la de generar intercambios entre artistas de Porto Alegre y Montevideo, estableciendo una modalidad de trabajo que permita que creadores de una ciudad puedan exponer, producir y relacionarse con sus pares de la otra.
Estamos geográficamente cerca y, sin embargo, nuestros circuitos artísticos muchas veces funcionan de espaldas entre sí. Acercarlos permitiría enriquecer ambas escenas, generar nuevas redes de colaboración y, sobre todo, comenzar a pensar el arte contemporáneo desde una perspectiva más regional y menos encerrada dentro de fronteras nacionales.
Espacios independientes como Casa Musgo podrían ser excelentes interlocutores para iniciar ese camino. No se trataría solamente de intercambiar exposiciones, sino de intercambiar experiencias, artistas, procesos y miradas.
En tiempos en que muchas veces el arte queda atrapado entre instituciones demasiado rígidas o circuitos comerciales demasiado previsibles, espacios de estas características adquieren especial importancia.
Casa Musgo propone algo mucho más sencillo y, justamente por eso, valioso consistente en una casa habitada por el arte y abierta al encuentro.
Y quizás el próximo encuentro pueda producirse cruzando la frontera.
