Biblioteca literaria

Continuando el recorrido por mi estudio, llego a esta biblioteca, donde conviven buena parte de novelas que he decidido conservar.

Las ordeno, básicamente, por autores latinoamericanos, uruguayos, europeos, asiáticos, además de algunos volúmenes de historia. No guardo todo lo que leo. Aquellos libros que no me han interesado especialmente, o que sé que no volveré a abrir, prefiero dejarlos continuar viaje. Me gusta pensar que encontrarán otros lectores y otras bibliotecas donde permanecer.

Entre los libros, las puertas vidriadas protegen pequeños objetos y piezas delicadas recogidas en distintos viajes y lugares. Cada una tiene su procedencia, su historia y, sobre todo, la capacidad de devolverme a un momento preciso. Abrir esas puertas es también abrir otros espacios que alguna vez habité.

A los libros ya leídos les pego un pequeño sticker. Es una señal sencilla que me permite reconocerlos rápidamente cuando busco cuál será el próximo.

Porque mi relación con los libros sigue siendo física ya que necesito verlos, tocarlos, recorrer sus lomos y hasta sentir ese olor particular del papel. Todo eso forma parte de la lectura y alimenta mi espíritu.

He intentado leer en tabletas, pero nunca logré acostumbrarme. Incluso tengo un e-book guardado en algún lugar del estudio.

Ya ni recuerdo dónde.

Los libros, en cambio, sé perfectamente dónde están.


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