Principio, medio, fin – Valeria Luiselli

Valeria Luiselli y un libro que obliga a repensar el tiempo

Dentro del grupo de análisis literario del que formo parte, este mes elegimos abordar “Principio, medio, fin”, de la escritora mexicana Valeria Luiselli, publicado por Feltrinelli Editores en 2026.

Se trata de un libro de 360 páginas, un dato nada menor para quienes somos lectores y, de algún modo, medimos nuestro tiempo en páginas leídas.
En un mercado saturado de novedades editoriales, uno procura no invertir horas en una historia que no ofrezca una experiencia distinta o una reflexión que justifique el recorrido.

Debo reconocer que, de no haber sido una lectura propuesta por el grupo, probablemente nunca habría escogido este libro.

Su planteo inicial no seduce con facilidad y, durante sus primeras 160 páginas, el relato avanza con una lentitud que por momentos resulta exasperante.

La novela comienza con el diálogo entre una niña de doce años y su madre, quien decide abandonar su país para llegar a un pequeño pueblo de Sicilia, lugar de origen de su abuela. El motivo aparente del viaje consiste en devolver un fragmento de mosaico con la imagen de Proteo, perteneciente a la Villa Romana del Casale, que décadas atrás había sido sustraído por la abuela de la protagonista mientras trabajaba para un arqueólogo.

Sin embargo, esa búsqueda arqueológica funciona como una metáfora de otra mucho más íntima como es la necesidad de la madre de dejar atrás un matrimonio fracasado e intentar reconstruir su vida procurando proteger a su hija del dolor.

Es recién después de la página 160 cuando el libro comienza verdaderamente a encontrar su ritmo. A partir de allí, Luiselli transforma un diálogo cotidiano en una profunda reflexión filosófica sobre el tiempo, la memoria y la identidad.

En cierto modo recuerda a “El mundo de Sofía”, de Jostein Gaarder. A través de preguntas aparentemente ingenuas, la niña comienza a ocupar el centro del relato y, poco a poco, los roles entre madre e hija parecen invertirse. La hija deja de ser únicamente quien pregunta para convertirse también en quien ayuda a comprender el sentido de esa huida y del pasado familiar.

No deja de resultar significativo que Luiselli recién revele los nombres de las protagonistas en la página 280. Hasta entonces, parecen representar más ideas que personas concretas, como si el anonimato reforzara el carácter ensayístico del texto.

Uno de los ejes más interesantes del libro es su cuestionamiento de la concepción lineal del tiempo. Frente a la división tradicional entre pasado, presente y futuro, Luiselli propone una temporalidad circular, donde los acontecimientos dialogan permanentemente entre sí.

En este punto resulta inevitable pensar en la cosmovisión ancestral guaraní, para la cual el tiempo no avanza en línea recta sino que se manifiesta como un ciclo continuo, profundamente ligado a la naturaleza y a la memoria colectiva. No existen compartimentos estancos entre pasado y futuro, sino una permanente convivencia entre ambos.

Toda la novela gira precisamente alrededor de esa idea.

La historia atraviesa cuatro generaciones de mujeres: la bisabuela —la Nanna— que abandona Sicilia llevando oculto el fragmento del mosaico; su hija; la protagonista; y finalmente la niña. Son cuatro generaciones marcadas por la migración, el desarraigo y la necesidad constante de reinventarse.

Luiselli construye además un claro relato de empoderamiento femenino. Los personajes masculinos aparecen casi siempre debilitados, ausentes o incapaces de sostener los vínculos, mientras que son las mujeres quienes cargan con el peso de la memoria y de la reconstrucción familiar.

Durante el viaje hacia Catania aparece otro elemento decisivo que es cuando la niña roba un ejemplar de las cartas de Plinio el Joven, en las que narra al historiador Tácito la erupción del Vesubio del año 79 d. C. y la muerte de su tío, Plinio el Viejo.

Ese episodio establece un interesante contrapunto simbólico. La Nanna había robado el mosaico para proyectarse hacia un futuro mejor al otro lado del Atlántico; la niña roba un libro que la conduce precisamente hacia el pasado, hacia el origen de su propia historia familiar.

Desde allí la novela incorpora referencias a Proteo, a la mitología clásica y a la Odisea de Homero, permitiéndose libertades narrativas donde la realidad, la memoria y el mito terminan por confundirse.

La propia Luiselli parece resumir el sentido de la obra cuando propone “buscar, a través de la escritura, una manera distinta de pensar el tiempo, de sentirlo y de entender cómo podemos volver a movernos junto con él y no a contracorriente”.

Más que una novela tradicional, “Principio, medio, fin” funciona como un ensayo narrativo. Da la impresión de que la autora piensa en voz alta, desarrollando las ideas que posteriormente terminarán conformando la propia obra. Recién en su tramo final, cuando la niña asume plenamente la narración, el libro adquiere una estructura más cercana a la novela convencional.

En ese desenlace también reaparecen personajes masculinos tratados con mayor equilibrio, alejándose del marcado contraste que domina buena parte del texto.

Formalmente, Luiselli introduce además recursos propios de las narrativas contemporáneas. Un código QR conduce al lector hacia registros sonoros del viento, del mar y de distintos paisajes naturales, expandiendo la experiencia de lectura hacia otros lenguajes. No parece casual si se considera que su actual compañero es ingeniero de sonido, una influencia que probablemente explique esta dimensión sensorial del proyecto.

No todo resulta igualmente logrado. El libro acusa cierta falta de rigor editorial. Existen varios problemas de corrección y algunas expresiones en italiano aparecen integradas al texto sin la debida diferenciación tipográfica, lo que en ocasiones dificulta la lectura.

Mi conclusión es ambivalente.

No fue una novela que disfrutara particularmente ni una lectura que despertara en mí el deseo inmediato de profundizar en la obra de Valeria Luiselli. Sin embargo, sí logró algo que quizá sea más importante: obligarme a pensar la literatura desde un lugar distinto.

Luiselli propone un formato híbrido, donde el ensayo y la ficción conviven permanentemente. Del mismo modo que ocurre con buena parte del arte contemporáneo, la autora deja más preguntas que respuestas y convierte al lector en un participante activo de la obra.

La reflexión sobre el tiempo termina siendo el verdadero centro del libro. Un tema que, por otra parte, ha obsesionado también a la historia del arte, desde Leonardo da Vinci hasta innumerables creadores contemporáneos que han intentado representar aquello que, por definición, resulta imposible detener.

Quizá “Principio, medio, fin” no sea una novela destinada a seducir a todos los lectores. Pero sí constituye una experiencia intelectual singular, capaz de abrir nuevas formas de pensar la narrativa contemporánea, aun cuando el placer de la lectura no siempre acompañe ese recorrido.

Sobre la autora

Valeria Luiselli nació el 16 de agosto de 1983 en Ciudad de México. Debido a la carrera diplomática de su padre, Cassio Luiselli Fernández, pasó su infancia entre Costa Rica, Uruguay, Corea del Sur, Sudáfrica e India, una experiencia cosmopolita que atraviesa buena parte de su obra.
Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México y posteriormente cursó estudios de literatura comparada en la Universidad de Columbia, en Nueva York, ciudad donde reside.

Trabajó como traductora e intérprete en la Corte de Inmigración de Nueva York asistiendo a niños migrantes centroamericanos. Esa experiencia dio origen a uno de sus libros más reconocidos, “Los niños perdidos”, donde combina el testimonio, el ensayo y la reflexión política sobre la migración infantil.


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