Montevideo, Uruguay.
Tres refugios para un mismo tiempo
Coincidentemente, al regresar de un intenso viaje artístico por Europa, me encontré con tres exposiciones en Montevideo que, aunque desarrolladas por artistas de lenguajes muy diferentes, parecen dialogar entre sí desde una misma preocupación.
Las propuestas de Carmela Piñón en el MAPI, Bernardo Cardarelli en Hiperespacio.uy y Florencia de Palleja en Artesia, construyen ámbitos donde el paisaje deja de ser únicamente un escenario para convertirse en un lugar de protección. Son espacios que invitan a ser habitados y, sobre todo, a resguardarnos del incesante ajetreo del mundo contemporáneo.
Carmela Piñón avanza entre montes autóctonos y espinosos; Bernardo Cardarelli teje guaridas textiles inspiradas en nuestros propios organismos; y Florencia de Palleja da vida a ambientes naturales de gran intensidad poética, algunos de ellos deliberadamente enigmáticos, que parecen invitarnos a penetrarlos sin garantizar jamás una entrada sencilla.
Las tres exposiciones no solo hablan del refugio, sino que aparecen en un momento histórico marcado por la sobreestimulación, la incertidumbre y la necesidad de encontrar espacios de pausa.
Esta sorprendente convergencia temática también puede entenderse como una forma de ósmosis cultural o artística. No se trata necesariamente de influencias directas entre Piñón, Cardarelli y De Palleja, sino de un proceso más sutil y casi inconsciente mediante el cual los artistas absorben las inquietudes de una misma época. Del mismo modo que, en biología, el agua atraviesa una membrana semipermeable por ósmosis, las ideas, sensibilidades y preocupaciones del contexto terminan permeando las prácticas artísticas simplemente por la exposición constante a un entorno compartido. Así, el refugio, el paisaje protector y la necesidad de construir ámbitos donde replegarse del vértigo contemporáneo emergen simultáneamente en obras distintas, sin dejar de conservar la singularidad de cada uno de sus autores.
Estas propuestas vuelven a poner en evidencia una inquietud cada vez más presente en el arte contemporáneo como es la necesidad de construir refugios simbólicos desde los cuales repensar nuestra relación con el mundo. No se trata de escapar de la realidad, sino de generar espacios de introspección capaces de resistir su aceleración.
En “Arquitectura Íntima” Florencia de Palleja crea paisajes donde la naturaleza recupera el territorio perdido. Senderos zigzagueantes, vegetación exuberante y ciudades lentamente devoradas por el crecimiento orgánico conforman escenarios que funcionan como verdaderos laberintos. Son imágenes tan seductoras como inquietantes.
Sin embargo, estos paisajes no resultan complacientes. Aunque parecen conducirnos hacia su interior, también despiertan cierta desconfianza. El espectador se aproxima con cautela, preguntándose si esos territorios fueron concebidos realmente para ser habitados o si constituyen, ante todo, una geografía íntima reservada para la propia artista.
Uno de los elementos recurrentes de la exposición es la presencia de la luna. Convertida en un foco lumínico cuidadosamente destacado sobre el resto de la composición, actúa como guía silenciosa dentro de estos escenarios nocturnos. Su protagonismo inevitablemente remite a las célebres lunas de José Cúneo, cuya poética continúa proyectando una profunda influencia sobre la pintura uruguaya.
La muestra incorpora además delicados collages donde la artista interviene imágenes mediante textos recortados y ensamblados. Allí la poesía adquiere una presencia decisiva. En uno de ellos puede leerse: “El tiempo viste las rocas con musgos”, frase que parece hablar de aquellas certezas que el paso del tiempo transforma lentamente sin destruir. En otro aparece “llevándome de la mano”, como si fuera el propio bosque quien nos invitara a internarnos en él.
Algunas de las pinturas también evocan la producción madura de Carmelo de Arzadum, particularmente aquella inspirada en los paisajes del balneario Las Flores, cuando, tras su período planista, encontró en la naturaleza una renovada libertad expresiva.
La propia artista plantea en el texto curatorial una pregunta fundamental: ”¿Dónde empieza realmente el paisaje: en lo que vemos o en cómo aprendemos a verlo?”.
Esa interrogante atraviesa toda la exposición. El paisaje deja de ser contemplación para convertirse en una experiencia interior, donde el círculo funciona como portal hacia otra realidad y el verdadero refugio aparece menos como un espacio físico que como una condición del espíritu.
Finalmente, la decisión queda en manos de cada visitante, en dejarse conducir por esos senderos inciertos, aceptando la invitación de la artista, o permanecer en el umbral, observando desde afuera aquello que quizá solo pueda descubrirse al atravesarlo.
Con “Arquitectura Íntima”, Florencia de Palleja confirma una voz singular dentro de la pintura uruguaya contemporánea, capaz de combinar memoria, naturaleza y construcción simbólica en un universo visual de notable coherencia.
Nacida en Rivera en 1996, Florencia de Palleja pertenece a una generación de artistas uruguayos que ha construido su lenguaje desde una sólida formación académica y una temprana proyección internacional. Licenciada en Diseño de Comunicación Visual y docente, ha desarrollado una investigación sostenida en torno a la identidad, la memoria y la naturaleza, integrando la pintura de gran formato con procedimientos provenientes del grabado y los lenguajes gráficos.
Su formación se enriqueció con residencias en el CHAO Printmaking Studio de Pekín, dedicada a la litografía, y en la Fundación Il Bisonte de Florencia, especializada en grabado en metal, experiencias que ampliaron su vocabulario visual sin hacerle perder el vínculo con los paisajes y la sensibilidad del territorio uruguayo.
Su trayectoria incluye exposiciones individuales como Paisaje y Caverna, Reminiscencias y la actual Arquitectura Íntima, además de participaciones en muestras colectivas en Europa, Asia y América del Sur. Asimismo, ha presentado su trabajo en ferias internacionales como EsteArte y Pinta Miami, mientras que sus obras integran colecciones privadas en Uruguay, Alemania y China. Ese recorrido internacional no ha diluido su identidad; por el contrario, parece haber profundizado una búsqueda donde la naturaleza deja de ser un motivo descriptivo para transformarse en un territorio simbólico, psicológico y existencial.
Por su lado esta exposición también vuelve a demostrar el importante papel que desempeña Artesia dentro del circuito artístico nacional. Desde su pequeña sala continúa apostando por artistas emergentes y de media carrera, ofreciendo un espacio de exhibición cuidado y contribuyendo, con convicción, a la visibilidad del arte contemporáneo uruguayo.
Foto retrato de Florencia de Palleja: Franco Ferreo
