Helter Skelter: Arthur Jafa + Richard Prince – Fondazione Prada

Venecia, Italia.

Dos artistas, un mismo país, miradas opuestas

Desde su apertura en Venecia, la Fondazione Prada ha construido una programación que rehúye el espectáculo fácil para privilegiar proyectos curatoriales de gran densidad intelectual.

En un circuito saturado de exposiciones concebidas para el consumo inmediato, la institución ha consolidado un perfil propio, apostando por muestras capaces de producir conocimiento antes que consenso.
“Helter Skelter”, dedicada a Arthur Jafa (1960, Tupelo, Misisipi) y Richard Prince(Panamá, 1949) y curada por Nancy Spector en Ca’ Corner della Regina, confirma nuevamente esa línea de excelencia.

La exposición reúne a dos de los artistas estadounidenses más influyentes de las últimas décadas, cuyas trayectorias parecen discurrir por caminos paralelos. Ambos trabajan con imágenes preexistentes, practican la apropiación como estrategia artística y cuestionan la noción tradicional de autoría.

Sin embargo, lo que para Richard Prince es un ejercicio de desmontaje de los mitos construidos por la cultura de consumo, para Arthur Jafa constituye una reconstrucción emocional de la memoria afroamericana atravesada por la violencia, la resistencia y la espiritualidad.

La apropiación como campo de disputas

Richard Prince toma imágenes de la publicidad, las revistas populares, los mitos del automóvil, la motocicleta, el cowboy y la masculinidad blanca estadounidense. Las enfría, las desplaza, las vuelve sospechosas.

Cabe recordar que fue el creador de la serie “Cowboys”, uno de los hitos más importantes del arte contemporáneo y la apropiación fotográfica que inició a principios de la década de 1980. Esta obra consistía en refotografiar los anuncios de cigarrillos Marlboro, eliminando el texto comercial y los logotipos para aislar la figura del vaquero. Con ese gesto, Prince transformó imágenes publicitarias en obras de arte multimillonarias, desafiando radicalmente los conceptos tradicionales de autoría, originalidad y derechos de autor.

Arthur Jafa, en cambio, recoge imágenes de archivo, internet, televisión y cultura popular negra para construir una memoria visual atravesada por belleza, violencia, duelo y resistencia.

El título Helter Skelter sintetiza esa complejidad. La expresión remite simultáneamente a una atracción popular británica, a la canción de The Beatles, al delirio racial promovido por Charles Manson y a la polémica exposición organizada por el MOCA de Los Ángeles en 1992 que excluyó completamente a artistas negros.

Esa acumulación de sentidos funciona como metáfora de una sociedad donde los relatos históricos, culturales y políticos se superponen hasta producir un estado permanente de confusión.

Nancy Spector construye un recorrido donde el diálogo nunca resulta forzado. Las esculturas realizadas con neumáticos industriales de Prince encuentran un eco inmediato en Big Wheel II de Jafa. Ambos utilizan el automóvil como uno de los grandes símbolos de la identidad estadounidense denotando libertad, velocidad, masculinidad y expansión territorial. Pero esas promesas aparecen literalmente deformadas.

Los neumáticos colgantes de Folk Songs y la enorme rueda aprisionada por cadenas en la obra de Jafa convierten aquel imaginario heroico en restos arqueológicos de una civilización erosionada por su propia violencia.

Uno de los momentos más logrados del recorrido enfrenta los inquietantes Sunsets de Richard Prince con la extraordinaria videoinstalación “Love Is the Message, The Message Is Death”.

Las imágenes de familias disfrutando del ocio bajo cielos incendiados dialogan con el montaje vertiginoso de Jafa, donde archivos históricos, registros policiales, celebraciones deportivas, música, religión y brutalidad racial se suceden con una intensidad emocional pocas veces alcanzada por el videoarte contemporáneo. El sol aparece repetidamente en ambas propuestas como una presencia casi apocalíptica donde no ilumina, sino que amenaza.

Jafa demuestra aquí por qué es uno de los artistas fundamentales del presente. Su montaje posee el ritmo de la música afroamericana que tanto reivindica, pero también la capacidad de condensar décadas de historia en pocos minutos.
El dolor, la belleza, la fe, la rabia y la esperanza conviven sin jerarquías, construyendo un lenguaje visual profundamente político sin recurrir nunca al panfleto.

Prince, por su parte, continúa desarrollando una investigación iniciada hace casi cincuenta años acerca de la circulación de las imágenes y la construcción de los deseos colectivos. Sus Girlfriends, los Protest Paintings, las fotografías apropiadas de revistas populares y sus collages revelan cómo la publicidad, los medios y las subculturas fabrican identidades que terminan naturalizándose como si fueran verdades.

La exposición alcanza otro de sus puntos más altos cuando ambos artistas abordan la construcción del yo mediante figuras ajenas.
Mientras Prince utiliza personajes extraídos del imaginario popular estadounidense, Jafa presenta Viriconium, un autorretrato expandido construido a partir de personalidades históricas, artistas, activistas y referentes culturales.
Ambos coinciden en una idea fundamental donde la identidad nunca es individual, sino una constelación de memorias compartidas.

La apropiación, núcleo metodológico de ambos artistas, adquiere aquí sentidos opuestos. Prince desafía la propiedad intelectual para revelar la artificialidad del sistema de imágenes producido por la cultura de masas. Jafa, en cambio, introduce una dimensión histórica mucho más profunda al recordar que la población afroamericana fue, durante siglos, convertida ella misma en propiedad. Desde esa perspectiva, apropiarse de imágenes supone también disputar el control sobre una memoria que históricamente les fue negada.

Más que establecer semejanzas, Helter Skelter construye un territorio de tensiones. Allí donde Prince mantiene una distancia irónica frente al imaginario estadounidense, Jafa responde desde la experiencia vivida.

Uno disecciona los mecanismos culturales; el otro los atraviesa emocionalmente. La curaduría entiende que ese contraste resulta mucho más fértil que cualquier intento de homologación.

Al finalizar el recorrido queda claro que la muestra no busca ofrecer respuestas sobre Estados Unidos, sino exhibir la imposibilidad de reducir su historia a un relato único. Violencia, entretenimiento, religión, consumo, raza, deseo, celebridad y memoria aparecen ensamblados como un inmenso collage cuyas fracturas permanecen abiertas.

Fondazione Prada: un espacio para pensar el presente

Con Helter Skelter, la Fondazione Prada reafirma el lugar que ha conquistado en el panorama internacional. Su programación continúa demostrando que las mejores exposiciones son aquellas que no simplifican el presente, sino que aceptan toda su complejidad. En Venecia, donde conviven grandes acontecimientos y numerosas propuestas efímeras, la institución mantiene una coherencia admirable que no es otra cosa que convertir cada exposición en un espacio para pensar antes que simplemente contemplar.

En esta muestra, donde las propuestas dialogan, queda definido el concepto claro de una buena colectiva.
Los artistas son excelentes pero la curadora los potencia.

Ahí está el gran acierto de Nancy Spector pues la exposición no fuerza un parentesco cómodo. Lo que hace es poner en tensión dos formas de mirar el mismo país. Prince desnuda el artificio del sueño americano; Jafa muestra el costo humano de esa ficción.

Y allí vuelve a aparecer la importancia del lugar. La Fondazione Prada ha sabido construir en Venecia un espacio donde la exposición todavía puede ser una experiencia intelectual, no apenas una escenografía para circular con el teléfono en alto. En tiempos de muestras diseñadas para la selfie, eso ya es casi una forma de resistencia.


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