Amina Agueznay – 61ª Bienal Venecia

Venecia, Italia.

Cuando el tejido deja de ser artesanía para convertirse en arquitectura habitable

En 2025, Amina Agueznay fue seleccionada para participar en la 36ª Bienal de São Paulo. La obra presentada en aquella ocasión, si bien permitió apreciar algunas de sus inquietudes estéticas, no alcanzaba a representar la verdadera dimensión del trabajo desarrollado por esta artista y arquitecta marroquí.

Fue un año después, en la 61ª Bienal de Venecia y como representante nacional de Marruecos, donde logró desplegar plenamente la amplitud de su investigación sobre el tejido, la arquitectura y la memoria colectiva, consolidándose como una de las propuestas más destacadas del Arsenale.

Ubicada en el Arsenale, la instalación Asǝṭṭa de la artista marroquí Amina Agueznay transforma el espacio en una experiencia inmersiva donde arte textil, arquitectura y memoria colectiva convergen en un mismo territorio.

A primera vista, el visitante se encuentra ante una monumental composición de fibras, lana, metal y tejidos suspendidos. Sin embargo, reducir la propuesta al campo de la artesanía sería un error.
Agueznay toma técnicas ancestrales amazigh y las expande hacia una dimensión arquitectónica, construyendo umbrales, recorridos y ambientes que invitan a permanecer, observar y escuchar el silencio que habita en los materiales.

Nacida en Casablanca en 1963, Amina Agueznay es arquitecta, diseñadora de joyas y artista visual. Formada en la Universidad Católica de América de Washington D.C., desarrolló parte de su carrera profesional en Estados Unidos antes de regresar a Marruecos. Hija de la reconocida pintora y grabadora Malika Agueznay, creció en un entorno profundamente ligado a la creación artística.

El pabellón que derriba las fronteras entre arte contemporáneo, arquitectura y artesanía

Para representar a Marruecos en la Bienal, Agueznay creó Asǝṭṭa, palabra amazigh que puede traducirse como “telar” o “ritual del tejido”.

La obra ocupa cerca de 300 metros cuadrados y fue realizada por artesanos y artesanas provenientes de distintas regiones del país. Como una directora de orquesta, la artista reunió fragmentos, saberes y técnicas diversas para ensamblarlos en una única estructura monumental donde múltiples voces terminan formando un solo canto.

Uno de los aspectos más significativos de Asǝṭṭa es su dimensión coral. Lejos de concebir la obra como una producción individual, Amina Agueznay articuló una extensa red de colaboración integrada por más de 160 artesanas y artesanos provenientes de distintas regiones de Marruecos.
Desde las tejedoras de lana de las montañas del Medio Atlas hasta especialistas en fibras vegetales del Souss-Massa, bordadoras, pasamaneras y artesanos de ciudades como Rabat, Casablanca y Marrakech, cada participante aportó fragmentos de conocimiento vinculados a su territorio y tradición.
Las piezas fueron realizadas de manera descentralizada y posteriormente ensambladas por la artista, convirtiendo la instalación en un auténtico mapa humano y cultural del país.

Más que una obra individual, Asǝṭṭa se presenta como una creación colectiva donde múltiples voces, memorias y saberes convergen en una única experiencia estética.

Más allá de su impacto visual, Agueznay logra construir un ambiente protector y acogedor que invita a ser habitado. La instalación no está pensada únicamente para ser observada, sino para ser experimentada corporalmente. Entre los recorridos textiles emerge un gran asiento integrado a la obra que invita a detenerse, recostarse y permanecer. Ese gesto transforma la visita en una experiencia de refugio y contemplación, permitiendo al espectador anidar temporalmente en el espacio, desacelerar el paso y otorgarse el tiempo y el aire necesarios para percibir las múltiples capas materiales, simbólicas y afectivas que conforman la instalación.

Un espacio para detenerse, respirar y habitar el tiempo del tejido

En una Bienal atravesada por el constante flujo de visitantes, Asǝṭṭa propone algo cada vez más escaso como es un lugar para quedarse.

La curadora Meriem Berrada propone junto a la artista una reflexión sobre el concepto de âatba, el umbral. El pabellón deja de ser un simple contenedor expositivo para convertirse en una sucesión de espacios intermedios donde tejido y arquitectura dialogan constantemente.

El trasfondo espiritual de la propuesta resulta fundamental. Dentro de la tradición amazigh, el telar no es una herramienta de trabajo sino una entidad viva. Su montaje representa un nacimiento, su utilización implica un proceso ritual y el corte final de los hilos simboliza una despedida. Agueznay traslada esa cosmovisión al Arsenale y convierte el recorrido en una experiencia de tránsito entre memoria, cuerpo y territorio.

La artista trabaja con lana cruda, fibras naturales, bordados, anudados y elementos metálicos tradicionales conocidos como mozone, pequeñas piezas reflectantes que evocan el movimiento del agua y establecen un delicado vínculo simbólico entre las montañas marroquíes y los canales de Venecia.

Uno de los mayores logros de la propuesta consiste en cuestionar las fronteras que durante décadas separaron las categorías de arte, artesanía, diseño y arquitectura. Aquí el tejido deja de ser objeto decorativo para convertirse en espacio habitable, lenguaje visual y archivo de historias colectivas.

En este sentido, la propuesta mantiene un diálogo particularmente interesante con el pabellón peruano de Sara Flores. Ambas artistas recuperan saberes ancestrales transmitidos por mujeres, transforman sistemas visuales tradicionales en experiencias inmersivas y reivindican conocimientos históricamente relegados por los relatos dominantes del arte occidental.

Asǝṭṭa es, finalmente, un homenaje a quienes preservan conocimientos milenarios lejos de los grandes centros culturales. Un reconocimiento a las manos que sostienen tradiciones, memorias y formas de comprender el mundo. En tiempos dominados por la velocidad y la espectacularidad, Amina Agueznay propone detenerse, atravesar el umbral y escuchar las historias que aún permanecen tejidas en los hilos.

Retrato: Salah Bouade


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