Venecia, Italia.
Polonia y la poética de los lenguajes invisibles
Entre las propuestas nacionales más destacadas de la 61ª Bienal de Venecia, el pabellón de Polonia logró captar la atención del público gracias a una instalación audiovisual de notable potencia visual y conceptual.
Bajo el título “Liquid Tongues”(Lenguas líquidas), los artistas Bogna Burska y Daniel Kotowski presentan una videoinstalación de dos pantallas para el Pabellón de Polonia, con curaduría de Ewa Chomicka y Jolanta Woszczenko.
En la obra construyen una experiencia inmersiva donde el agua, el movimiento y el color rojo funcionan como elementos simbólicos de una reflexión más amplia sobre la comunicación, la percepción y la diversidad humana.
A primera vista, la obra seduce por la belleza de sus imágenes. Filmada en una piscina de Varsovia y presentada mediante una videoinstalación de dos pantallas, la propuesta muestra a un coro integrado por personas sordas y oyentes desarrollando una compleja coreografía inspirada en los movimientos de las ballenas y en la Lengua de Signos Internacional.
El resultado es una experiencia hipnótica donde los cuerpos parecen flotar entre dos mundos conformado por la superficie y la profundidad, el sonido y el silencio, lo visible y lo invisible.
Sin embargo, la verdadera dimensión de “Liquid Tongues” emerge cuando el espectador comprende que el proyecto cuestiona la jerarquía tradicional que la cultura occidental ha otorgado al lenguaje oral.
Daniel Kotowski (nacido en 1993 en Łomża) artista sordo y una de las figuras más relevantes del arte contemporáneo polaco actual, lleva años desmontando la idea de la sordera como una carencia. Su trabajo se apoya en el concepto de “Deaf Gain” (Ganancia Sorda), que propone entender la sordera no como una pérdida sino como una forma singular de percepción capaz de generar nuevas formas de conocimiento y sensibilidad.
La colaboración con Bogna Burska (Varsovia, 1974), potencia esta investigación. Reconocida por una trayectoria marcada por el feminismo, la crítica social y una estética donde el rojo y la corporalidad ocupan un lugar central, Burska encuentra en el lenguaje de señas un territorio artístico capaz de expandir los límites tradicionales de la imagen y la performance.
La instalación establece paralelismos entre los cantos de las ballenas jorobadas estudiados por Roger Payne en los años setenta, los sistemas ancestrales de comunicación gestual utilizados por pueblos indígenas y los lenguajes de señas contemporáneos. De este modo, la obra sugiere que la comunicación humana es apenas una de las múltiples formas posibles de intercambio presentes en el mundo.
El agua adquiere un papel decisivo dentro de esta narrativa. Bajo la superficie desaparecen las ventajas del lenguaje oral y las voces se vuelven irreconocibles y el sonido se transforma en vibración. En cambio, la lengua de señas mantiene intacta su capacidad comunicativa.
Allí reside uno de los hallazgos más inteligentes del proyecto. El medio acuático invierte las relaciones de poder habituales y convierte a los cuerpos signantes en protagonistas absolutos.
Lejos de adoptar un tono reivindicativo convencional, “Liquid Tongues” propone una experiencia de carácter poético que invita a imaginar otras formas de coexistencia.
El coro se mueve como un organismo colectivo, semejante a un banco de peces o una comunidad submarina, donde la diferencia deja de ser un obstáculo para transformarse en una condición de posibilidad.
En una Bienal marcada por numerosos discursos sobre identidad, memoria y pertenencia, el pabellón de Polonia destaca por abordar estas cuestiones desde una perspectiva inusual.
Burska y Kotowski no hablan únicamente sobre la comunidad sorda. Hablan sobre todos nosotros, sobre nuestra dependencia de determinados códigos culturales y sobre la posibilidad de descubrir otros lenguajes capaces de ampliar nuestra comprensión del mundo.
“Liquid Tongues” es una de esas obras que permanecen en la memoria después de abandonar el pabellón.
Se trata de una propuesta visualmente seductora, intelectualmente rigurosa y profundamente humana que convierte el lenguaje en un territorio líquido donde las fronteras entre diferencia y comunicación terminan por disolverse.
Los registros que comparto son apenas un recuerdo de lo visto en el pabellón. Frente a la potencia visual de Liquid Tongues, mis videos funcionan como una huella de una experiencia mucho más envolvente. La belleza de las imágenes, los reflejos sobre el agua, el movimiento coral de los cuerpos y la construcción espacial de la instalación hubieran merecido un registro técnico de otra naturaleza para acercarse a la intensidad que la obra despliega en vivo.