Dana Awartani – 61ª Bienal Venecia

Venecia, Italia.

Un acto de resistencia contra el olvido

Entre las múltiples voces que conforman la 61ª Bienal de Venecia, el Pabellón de Arabia Saudita se distingue por su capacidad de generar silencio. No un silencio vacío, sino uno cargado de significado. Una pausa necesaria en medio del vértigo visual que caracteriza gran parte del arte contemporáneo.

La propuesta de Dana Awartani (1987, Yidda, Arabia Saudita) es una de esas obras que obligan a disminuir la velocidad. En una Bienal donde abundan los estímulos, el Pabellón de Arabia Saudita propone exactamente lo contrario, detenerse. “Poner un pie en el freno”, entrar en un espacio de contemplación, duelo y memoria.

La artista palestino-saudí Dana Awartani presenta “Que nunca se sequen tus lágrimas, tú que lloras sobre las piedras”, una instalación monumental compuesta por 29.221 ladrillos de arcilla secados al sol que transforma el espacio expositivo en una suerte de yacimiento arqueológico imaginario.

La primera experiencia es física y espiritual. El visitante se encuentra frente a una inmensa superficie geométrica de una belleza serena y sacramental. Hay algo profundamente meditativo en la obra. La escala impresiona, pero no abruma. Por el contrario, invita a caminar despacio, a observar y a permanecer.

Solo después del impacto inicial surge la necesidad de comprender. Entonces aparece el texto. Como ocurre en las mejores propuestas del arte contemporáneo, la información no sustituye la experiencia; llega después para expandirla.

Awartani construye esta obra a partir de motivos de mosaicos procedentes de sitios históricos distribuidos por todo el mundo árabe que detalla en su presentación. Lugares que conservan historias de más de tres mil años y que hoy se encuentran amenazados, dañados o directamente destruidos por conflictos armados, guerras y procesos sistemáticos de devastación cultural.

Cada ladrillo fue elaborado manualmente junto a artesanos saudíes utilizando moldes de madera y arcillas provenientes de distintas regiones del Reino. El proceso rechaza deliberadamente la lógica industrial.
No existen agentes aglutinantes que aseguren la permanencia de la estructura, por el contrario, los materiales están destinados a agrietarse con el paso del tiempo.

Esa fragilidad constituye el núcleo conceptual de la obra.

Las grietas futuras de los ladrillos funcionan como una metáfora de la vulnerabilidad del patrimonio cultural en el mundo contemporáneo. La artista convierte la impermanencia en lenguaje estético y político. El deterioro deja de ser un accidente para convertirse en parte de la obra misma.

La investigación detrás del proyecto resulta igualmente significativa. Awartani estudió mosaicos procedentes de Siria, Palestina, Líbano e Irak, incluyendo sitios destruidos por el Estado Islámico y otros recientemente devastados en Gaza. Sin embargo, evita identificar cada patrón con una geografía específica.
En lugar de fragmentar la historia, propone una visión compartida del patrimonio árabe como un tejido cultural común.

La propuesta dialoga de manera directa con el tema central de esta edición de la Bienal, “In Minor Keys”, concebido por la recordada curadora Koyo Kouoh. Frente a los grandes relatos y los gestos espectaculares, la muestra reivindica las frecuencias más bajas como la vulnerabilidad, el cuidado, la reparación y la memoria.

Awartani responde a esa invitación mediante una obra que habla desde el duelo silencioso. No representa la guerra de manera explícita. Tampoco recurre a imágenes de destrucción. Prefiere trabajar desde la ausencia, desde aquello que ya no está, desde las huellas que permanecen en las piedras.

La curaduría está a cargo de Antonia Carver, una de las figuras más influyentes en la difusión del arte contemporáneo de Medio Oriente. La acompaña como curadora asistente Hafsa Alkhudairi.

Carver fue directora de la Art Jameel en Dubái y ha desarrollado una extensa labor de investigación y promoción de artistas de la región árabe. Su elección para acompañar a Dana Awartani resulta especialmente pertinente, ya que ambas comparten un interés por la memoria cultural, las prácticas artesanales y la revisión crítica de las narrativas históricas.

En esta edición, la curaduría evita cualquier espectacularidad innecesaria y potencia la experiencia de la obra como un espacio de contemplación y duelo. La lectura propuesta por Carver sitúa la instalación dentro de los debates contemporáneos sobre patrimonio, destrucción cultural y reparación, en perfecta sintonía con el espíritu de In Minor Keys, la temática general de la Bienal concebida por Koyo Kouoh.

De hecho, una de las virtudes de la curaduría es que permite que la obra respire. No impone un discurso sobre el visitante, sino que lo acompaña en el recorrido por ese inmenso mosaico de tierra y memoria que Dana Awartani convierte en uno de los espacios más conmovedores de esta edición.

La trayectoria de Awartani permite comprender mejor la profundidad de esta investigación. En la Bienal de 2024 había presentado “Ven, déjame curar tus heridas. Déjame reparar tus huesos rotos”, una instalación de seda rasgada que denunciaba la destrucción del patrimonio cultural en el mundo árabe. Dos años después, aquella reflexión encuentra continuidad y expansión en Venecia.

La artista, formada tanto en Bellas Artes como en artes tradicionales islámicas, ha construido una práctica singular que combina geometría sagrada, conocimiento artesanal y reflexión política.
Para ella, el arte islámico no es únicamente una tradición estética sino también una práctica espiritual, una forma de atención y una disciplina de la paciencia.

Esa dimensión espiritual atraviesa toda la instalación.

Al recorrer los senderos de tierra que atraviesan el mosaico, el visitante comprende que las piedras nunca son simplemente piedras. Son depósitos de memoria, fragmentos de identidad y testimonios materiales de la historia humana.

“Que nunca se sequen tus lágrimas, tú que lloras sobre las piedras” termina siendo mucho más que una instalación. Es un acto de duelo colectivo. Un homenaje a quienes preservan el patrimonio cultural en condiciones extremas. Una defensa de la memoria frente al borrado.

Y, sobre todo, una de las obras más conmovedoras y necesarias de esta Bienal.

Porque cuando los monumentos desaparecen, no solo se pierden edificios. También se pierden relatos, lenguajes, vínculos y formas de entender el mundo.

Dana Awartani nos recuerda que cuidar las piedras es, en última instancia, cuidar la memoria de quienes las habitaron.

La presencia saudí en Venecia viene construyendo una narrativa cada vez más sólida dentro del panorama internacional. En la edición anterior de la Bienal, Arabia Saudita obtuvo una importante visibilidad con la participación de la artista Manal AlDowayan, quien representó al país con la instalación sonora y escultórica “Shifting Sands: A Battle Song”. Aquella propuesta exploraba el papel de las mujeres en la esfera pública saudí a través de una experiencia inmersiva que articulaba memoria, identidad y transformación social. Dos años después, Dana Awartani profundiza esa línea de investigación desde otro registro, ya no centrado en la voz y la experiencia femenina, sino en las ruinas, la pérdida patrimonial y la preservación de la memoria cultural. Ambas artistas comparten, sin embargo, una misma voluntad de revisar críticamente la historia reciente de la región y proyectar una imagen contemporánea de Arabia Saudita alejada de los estereotipos habituales.

Si Manal AlDowayan convirtió la arena en una metáfora de las voces que emergen, Dana Awartani transforma las piedras en testigos silenciosos de aquello que corre el riesgo de desaparecer. Juntas, estas dos participaciones consecutivas confirman uno de los programas nacionales más consistentes y sensibles de la Bienal de Venecia actual.


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